miércoles, 29 de septiembre de 2010

EL HUEVÓN

Quienes tenemos un trabajo nos llenamos rápidamente de tedio. El tedio de llegar apenas al fin de mes. El tedio de distribuir lo que ganamos sin dejar algo para nosotros. El tedio de volver y volver al mismo sitio para hacer lo mismo de ayer y de anteayer, hasta que esa venenosa mezcla de desencanto y de conformismo nos va amargando la existencia hasta convertirnos en una gigantesca bolsa de quejas. Así es que crece, se reproduce y muere el huevón. El huevón es aquel cuya capacidad de decidir y de proponer se ve superada por una enorme frustración crónica y paralizante.

Los guatemaltecos estamos acostumbrados a lo peor de lo malo. Por eso mismo nunca exigimos demasiado. Nos resignamos a la mala atención en las cadenas de restaurantes, al servicio a regañadientes que nos dan en los bancos, a los chóferes de bus que nos tratan como ganado y a los empleados públicos que hacen lo que les viene en gana con nosotros. Somos incapaces de exigirles un mejor trato, porque en el fondo nos congraciamos con nuestra propia mediocridad, o sea, esa torpe clausula de nuestra formación cultural que nos dice que “servir” es lo mismo que denigrarse.

La huevonería es algo que deviene de nuestro sedentarismo tanto para ofrecer, como para exigir. Nos sentimos parcialmente merecedores de lo que hacemos o pedimos, es por eso que nos interesamos tan poco en mejorarlo. Quedarse fuera de las horas de trabajo es tan indigno para el huevón, como lo es para el huevón exigirle un mejor servicio a los gerentes del gran monopolio de los supermercados, bancos o restaurantes y no digamos al Estado. Y es así es como los guatemaltecos ni siquiera nos sentimos en libertad de pedir un mínimo de calidad a cambio de lo que estamos pagando.


jueves, 23 de septiembre de 2010

LA ERA DE LOS CHUNCHES


Todo apunta a que nuestra época será recordada por la basura que deja y por su conciencia “retardada” acerca del medio ambiente. Nuestro lugar en la historia se irá hilando por el fracaso ecológico que provocamos. Un fracaso lleno de buenas intenciones, pero repleto de incongruencias prácticas en el plano político e individual. La Era de los Chunches.

Imagino a los arqueólogos del futuro dando conferencias acerca de nuestra extinta sociedad y de su indescifrable basura. Celulares, I pods, juguetes, empaques de todo tipo, monitores de computadoras, accesorios de carro, devedés... y se preguntarán acerca del porqué los necesitamos para vivir. Otros estudios darán la pauta acerca de nuestra enajenación. Habrá una exclamación, ¡cuánto tiempo perdido!, y las sorprendentes respuestas de cómo dilapidamos nuestros recursos naturales invirtiéndolos en nada. Energía eléctrica para producir ocho, diez o doce horas ininterrumpidas de televisión para una sola familia. Destrucción de una reserva natural con el propósito de filmar una película gringa de lo más mediocre. Miles de toneladas de plástico para grabar un disco de Lady Gaga... La conclusión de tales expertos será sencilla: nos gusta consumir para no pensar, porque nuestra voluntad de elegir se vio reducida al pequeño horizonte de posibilidades que los monopolios de nuestra época nos ofrecieron.

Entre tanta corrección política, entre tanta demagogia relacionada a la libertad del consumo, ¿qué dejaremos a la posteridad sino es un planeta lleno de cosas inservibles? Suena curioso, pero necesitamos estar rodeados de basura. Rodeados por ese montón de chunches de utilidad breve, que -irónicamente- adquirimos para estar vigentes. Una vigencia que durante los próximos mil años permanecerá, sin biodegradarse, al fondo de nuestros barrancos, de nuestros lagos o debajo de nuestras casas.


jueves, 16 de septiembre de 2010

EXTRAÑO

Muy desdichado es ser alguien distinto a la mayoría. Una mayoría que exige una militancia ciega en el conformismo. Conformismo bien planificado y heredado por los padres, que a su vez, también fueron formados dentro de esa normalidad. Seguridad es: trabajo, familia y religión. Sin más ni más. Escenas de una obra de teatro en la que se afianza la seguridad del guatemalteco. El futuro descansa en los “hombres”, entiéndase en el asalariado medianamente responsable que trabaja para dejar algún bien que heredar.

Recuerdo que durante mi adolescencia, aquellos que no encajaban en el esquema del macho-predecible era clasificado -por ciertas características- en tres tipos:

A) Hueco: No pagar por sexo. No hablar de carros ni de fútbol. Vestirse de modo distinto. Llorar sin estar borracho. No saber pelear. Ser un estudiante sobresaliente. Ser apático a las películas de Chuck Norris y Steven Seagal. Evitar eructar y escupir en público.

B) Comunista: Leer. Estar a favor de mejorar el salario mínimo. Preocuparse un poco por el medio ambiente. Asistir a la Universidad de San Carlos. Aprender otro idioma que no sea el inglés. Decir que los primeros en salir al espacio fueron los rusos. Interesarse en la política no-partidista. No ser racista.

C) Mariguano: Estudiar filosofía, literatura, matemática, historia o antropología. Tener cierto interés por escribir, hacer películas o hacer música. Escuchar rock, jazz o música experimental. Tener el cabello largo o la barba. Hacer una conversación de las cosas que no le interesan al promedio de las personas (arte, ciencia o política).

Tomando en cuenta todo esto no debe parecernos extraño que durante tantos años hallamos sido gobernados por productos de este molde masculino guatemalteco, ¿será que nos ha funcionado?

miércoles, 8 de septiembre de 2010

NORMALIDAD GUATEMALENSE

Una peligrosa epidemia ha sido recientemente diagnosticada, se le llama normalidad guatemalense, si su sociedad presenta alguno de los siguientes síntomas debe ser tratada inmediatamente, es progresiva y puede ser letal:

1. Universitarios con la cara cubierta pasan semanas sin permitir el acceso a los estudiantes y a los empleados de la universidad nacional. Las autoridades asumen su incapacidad de resolver el problema apelando a que se ven rebasados por el deterioro de su propia institución: normalidad guatemalense.

2. Luego de días de intensas lluvias muchos poblados lucen como si hubieran sido destruidos con una bomba atómica. La situación se repite año con año, vez con vez, como en un eterno dejavú, mientras las instituciones encargadas de prevenirlo parecen actuar únicamente durante la publicidad de la emergencia: normalidad guatemalense.

3. El señor que veíamos dando declaraciones enérgicas contra el crimen organizado y resguardado por un grupo de malhumorados guardaespaldas, resulta siendo, años después y a la luz de las investigaciones hechas en el siguiente gobierno, una pieza clave para los carteles de la droga en la región: normalidad guatemalense.

4. Todos conocen las zonas de riesgo asediadas por las pandillas, todos saben que las extorsiones telefónicas son dirigidas desde la cárcel, todos predicen los tramos carreteros en los que serán asaltados, pero nadie mueve un dedo para salir de tal situación de terror: normalidad guatemalense.

5. Partidos políticos que luego de ganar una elección presidencial desaparecen. Funcionarios que al perder las siguientes elecciones terminan cumpliendo condena en cuarteles del ejército junto a la cúpula de poder de gobiernos anteriores: normalidad guatemalense.