martes, 27 de octubre de 2015

CLARIDAD



“Sólo lo necesario merece ser real”, escribió Arthur Schopenhauer. Releer esta frase nos acerca a la claridad. 

La claridad es acaso la necesidad  más urgente en este tiempo de incertidumbre. Definir los horizontes. Darle sentido a nuestros actos y a nuestras palabras. No construir por construir. No decir por decir. Las acciones innecesarias nos llevan a resultados innecesarios. Las palabras innecesarias nos llevan a promesas innecesarias.

Tantas leyes. Tantas instituciones. Tantas rutinas. Tantas obsesiones. Tanta acumulación de ruido. De eso que llenemos nuestros vacíos con nuevas inseguridades o con dogmas torpes. Decisiones apresuradas y futuros impredecibles. 

¿Realmente necesitamos todo lo que tenemos?, ¿Cuánto de lo que buscamos sin descanso merece ser real? Tener de sobra nos lleva al aislamiento. No servir, no dar, no compartir... en eso consiste la peor enfermedad del ánimo. 

La acumulación de chatarra emocional nos lleva a la decadencia. Sentir la miseria espiritual y la vergüenza nos lleva a adquirir poder y bienes, lo que nos conduce a la ostentación vulgar y adocenada. Un ejemplo claro de esto es la extinción de dominio. Casas inhabitables de tan mal gusto acumulado. Zoológicos. Carros deportivos en un país plagado de baches. Cuentas bancarias de siete cifras. Esa hortera forma de vida en un país de carencias. Esa desmesura que subraya el dinero mal habido que necesita lavarse en lo legal y en lo moral para poder darle salvación al criminal que lo acumula. 

Es un buen tiempo para reflexionar acerca de lo necesario e innecesario. De la claridad y de lo aparente. Ni la mojigatería, ni la ambición sin compromiso humano, ni las apariencias pueden hacer una mejor sociedad. Sólo la sensatez de ser útil e incorruptible es un valor trascendente.  

miércoles, 16 de septiembre de 2015

ESTA SOLEDAD DE TODOS

La soledad de los mapas. La soledad de los méritos. La soledad de las religiones. La soledad de las familias. La soledad de las carreteras. La soledad de las bibliotecas. La soledad de las oficinas.

La soledad de los artistas. La soledad de quien redacta las noticias. La soledad de los que lloran junto al cadáver. La soledad de los asesinos. La soledad de las víctimas. La soledad de los vivos. La soledad de los muertos.

La soledad de un niño. La soledad de un adulto.

La soledad del círculo. La soledad del cuadrado. La soledad del día. La soledad de la noche. La soledad de la lluvia. La soledad del verano. La soledad de la tormenta. La soledad del mar en calma.

La soledad del que sirve. La soledad del que impone. La soledad del que gobierna. La soledad del que es gobernado. La soledad del que grita. La soledad del que oye. La soledad del que tira el dinero. La soledad de quien apenas tiene para una bolsa de agua.

La soledad del que aguarda un juicio. La soledad del que juzga. La soledad del perseguidor. La soledad del perseguido. La soledad del inocente. La soledad del culpable. La soledad del inteligente. La soledad del triste. La soledad del mundo entero.

La soledad de los padres. La soledad de los hijos. La soledad de la las madres. La soledad de los abuelos. La soledad de los tíos, primos, sobrinos, hermanos…

La soledad del que escribe estas líneas. La soledad del sobrio. La soledad del político. La soledad del desempleado. La soledad del idealista. La soledad del corrupto. La soledad de la mesura. La soledad del exceso. La soledad de los caídos. La soledad de los que viven en la cima.

La soledad de los odiados. La soledad de los amados. La soledad de la victoria. La soledad del fracaso. La soledad de los genios. La soledad de los mediocres.

La soledad, la de ellos, la de aquellos, la de nosotros… esta soledad de todos

miércoles, 19 de agosto de 2015

INRI

La realidad excede las palabras. Este inmutable mes de agosto. La canícula ha sido demasiado larga, el calor asfixiante y la lluvia todo un accidente. En las cuatro esquinas de un callejón los postes semejan cruces con propaganda política. Ese INRI encima de una sociedad que agoniza.

Es tanto el ruido en todas partes. La resignación y la asfixia. Tanta la ira de los pilotos en las horas pico. Tanta soledad en los rostros. Tan callados los guatemaltecos, tan cansados de estar agrediéndonos. Perdimos la paciencia. Poco a poco estamos perdiendo la cabeza.

La indignación crece, pero se transforma en miedo. Miedo a que seamos muy pocos quienes veamos la tormenta que se viene. Pánico a que sean los desinformados, los hambrientos, los necesitados, los que extienden la mano quienes elijan su logo en la papeleta electoral, el más resobado, el que pauta más en los medios (esos tan “críticos” de la corrupción), el de los fertilizantes urgentes, el de las láminas para el frío, el de la bolsa de alimentos.
Los leídos. Los que opinan y opinan. Los que ven debates en el cable. Los que pasaron o intentaron pasar por la universidad. Los que leen en los diarios algo más que los clasificados, los resultados del futbol o la muchacha del póster. Esos que aguantan lluvia en el parque y hacen sus letreros con numerales. La generación de la pancarta y de la indignación. Triste, pero la indignación es un asunto de gente que no vive a la orilla de un barranco ni tiene un hermano preso ni posee un papel extendido por un banco en el cual indica que le ha sido expropiada la tierra de sus antepasados.

El miedo es normal. La pobreza es normal. La ignorancia es normal. La corrupción es normal. La discriminación es normal. La intolerancia es normal. La indiferencia es normal. Todos esos males que han hinchado los bolsillos de los cínicos durante siglos. Ojo: Guatemala no despertó, fuimos algunos quienes nos unimos a los que nunca han sido indiferentes.

Hoy la indignación rebota contra los muros. Tapias que no se construyeron ni en cuatro ni en ocho ni dieciséis años. Se fundieron mientras hallábamos tan normal que los corruptos estuvieran adentro y los decentes afuera. Dormíamos mientras ellos componían una a una las leyes que hoy los protegen.
¿Algún problema?

miércoles, 29 de julio de 2015

EL MAR QUE NOS ENCIERRA

Podemos sentirnos dentro de una isla rodeada de tierra. Una isla pequeña en un istmo pequeño. El mar que nos encierra no es más que circunstancias. La ignorancia, es una. El miedo, es otra.

El mar que nos encierra está repleto de tiburones. El crimen organizado más antiguo del continente. La permanencia histórica de una impunidad que sabe muy bien cómo reciclarse. Los Señores de Xibalbá que se llaman jueces, mercenarios, congresistas, partidos, organizaciones, sindicatos o instituciones.

El mar que nos encierra es noche pura. Difícil es encontrar el fondo. No divisamos la otra orilla ni tampoco el horizonte. No hallamos el reflejo de la luz sobre el agua. Agua oscura que se traga cualquier imagen. Uno se agota esperando que salga el sol. Entonces nos acomodamos (o resignamos) a la tierra firme ingeniando una esperanza de luz que nos devuelva la vida, la dignidad, la permanencia.

El mar que nos encierra tiene olas enormes. Olas que son paredes. ¿De dónde cobrar el valor para navegarlo y salir para siempre de esta circunstancia? La marea del ánimo concentrado: la violencia, la intolerancia, el mesianismo, el odio, el dolor, el egoísmo, la mediocridad. Bregar para salir es hundirse. Surfear en sus costas es hacer política.

El mar que nos encierra es helado. Es tan indiferente que congela. Congela los intentos, los entusiasmos, los esfuerzos honestos. Hace que desde la orilla todo trabajo parezca inútil, ridículo o poco menos que nada. Su temperatura alejó a los peces y dejó únicamente a los depredadores. Una muerte del espíritu que aísla a los pescadores y a los navegantes.

El mar que nos encierra lo llevamos dentro. Afuera existen caminos, montañas, lagos, vías... pero existe un vacío que fuimos llenando alrededor. La pesadilla fue tan larga que decidimos dejarla intacta. Se viene un despertar que no será fácil; salir de la isla. Despertar es ver que este océano, esta cárcel, no es otra cosa que las pequeñas derrotas que permitimos, y que el mar que nos rodea es algo que puede extinguirse un poco cada día.

miércoles, 15 de julio de 2015

LOS SOLITARIOS

Fue durante los primeros años de primaria cuando conocí a los solitarios. Aquellos compañeros de clase que sacaban su lonchera de metal y ocupaban la esquina de una banca con la intención de que ni siquiera su respiración se notara.
Recuerdo a un niño de facciones muy curiosas. Su cabeza era enorme y su cuerpo muy delgado. Tenía ojeras muy pronunciadas. Nunca hablaba, en realidad su parquedad era asfixiante. Sufría durante la clase de educación física, donde aquel maestro resentido no escatimaba su capacidad de burla para con el chico. Esteban resultaba siendo prácticamente el blanco de la crueldad de los maestros y de los alumnos.
Luego fueron sumándose más solitarios. Blanca, la niña religiosa que en cada recreo le sangraba la nariz. Franklin, quien era hijo de un abogado que mataron justo a mitad de año, algo que lo volvió ensimismado y pendenciero. Consuelo, la niña que vomitó a la mitad de la clase de Estudios Sociales. O, Crespo que una vez sacó unos gatitos recién nacidos y los llevó a la clase, para luego meterlos en la mochila e ir golpeándolos en cada poste de camino a su casa hasta matarlos.
Que recuerde, yo no era solitario, aunque bastante ensimismado. Siempre me he sentido más cerca de los “extraños” que de los “normales”; pero no recuerdo haber sido marginado o acosado. Me acercaba a mis compañeros más vulnerables y buscaba entablar conversación, a veces llegaba a buscarlos a sus casas para salir a caminar o a manejar bicicleta. Luego de tocar el timbre y entrar en sus vidas afuera del colegio descubría las razones de su soledad.

Muchos eran pequeños adultos. Sus padres los trataban con extrema rudeza. Esteban y su hermana mayor pasaban horas buscando a su papá, que casi siempre se quedaba dormido de borracho en las gradas de la abarrotería. Blanca vivía con su abuela enferma, sus papás se habían ido a Estados Unidos. A Franklin le tocaba ocuparse de sus tres hermanos cuando su mamá se iba a trabajar. Consuelo tenía leucemia. Y de Crespo, luego me enteré, era víctima de abuso por parte de su padrastro... Murió de forma trágica hace diez años.





¿Algún problema?

miércoles, 8 de julio de 2015

¿QUÉ NOS HACE HUMANOS?

Qué nos hace humanos? A veces lo más alto y a veces lo más bajo. Puede que sea la náusea. También puede ser la indiferencia. Quizá el cinismo. Así como la ternura o el sacrificio, o la vanidad o la insistencia, o decir palabras como: soledad, silencio, odio, amor, vida, muerte, decisión...

Acaso no llegamos a comprender por completo qué jodidos nos hace humanos. ¿Por qué decimos que una persona es recta? Rectas son las calles, rectas son las líneas que trazamos con una regla, rectos son los edificios, los muros, los postes de luz. Nosotros somos algo movedizo e inconstante, puede que seamos necios en aceptar que no podemos actuar mal contra nadie, pero nunca seremos algo completamente predecible o parejo.

¿Por qué somos humanos? Porque creemos, esperamos, aborrecemos, exaltamos, humillamos, mentimos, esperamos, devolvemos, deseamos, fracasamos, inventamos; nos oponemos, nos toleramos, nos aburrimos, nos encontramos, nos diluimos, nos entendemos; hacemos historias, hacemos libros, hacemos arte, hacemos guerras, hacemos acuerdos, hacemos lo posible, hacemos lo imposible, hacemos llorar de rabia, tristeza, alegría o esperanza.

Humanos como las manchas de sangre en las paredes. Humanos como los puentes. Humanos como las vitrinas en los comerciales. Humanos como los letreros luminosos. Humanos como los perros recién bañados. Humanos como las fotografías en blanco y negro. Humanos como las carpas de los circos. Humanos como los telescopios. Humanos como los ríos contaminados. Humanos como la grama recién cortada.

No somos buenos, somos humanos. No somos malos, somos humanos. No somos justos, somos humanos. No somos perfectos, somos humanos. No somos inmortales, somos humanos. No somos inútiles, somos humanos. No somos necesarios, somos humanos. No somos pureza, somos humanos.

Contenemos todo porque imaginamos todo: los colores en los cuadros, las letras en las páginas, el consuelo en las religiones, la dignidad en la conducta, el valor en los billetes, la voluntad en cada acción, la sensatez y la locura en cada una de nuestras decisiones.

miércoles, 17 de junio de 2015

¿EN QUÉ AÑO SE JODIÓ LA USAC?

¿En qué año se jodió la Universidad de San Carlos? Datos recientes la ubican en la posición 41 en el ranking de las instituciones educativas latinoamericanas, no digamos mundiales, donde el número pasa del mil.

Que la Usac esté antes o después del resto de universidades privadas no es el tema. En la ley de la oferta y la demanda, a quienes les correspondería hacer el reclamo es a sus “clientes”, perdón… “alumnos”. Lo que me golpea —aparte de que soy un ex sancarlista— es que sea con nuestros impuestos que se mantenga dicha estructura de mediocridad académica. Si algunos alumnos dejan mucho que desear, son sus autoridades quienes se han valido del estatus que defienden a capa y espada para mantener sus escaños en la impune politiquería guatemalteca.

Resulta folclórico que a un estudiante graduado en una institución prestigiosa afuera de Guatemala le pidan asistir a “cursos de nivelación” en las aulas de esta paca de ideas. De esta forma logran impedir que profesionales mejor formados entren a mejorar su anquilosado círculo docente. Burocracia, cinismo y partidismo acometen a la Tricentenaria. ¿Qué hacen con los millones y millones de quetzales que tienen de presupuesto?

El Estado, con sus lamentables rubros para cubrir la educación primaria y secundaria, está solventando tal universidad de lujo (en costos no en resultados) ¿Para qué? Para no tener ninguna respuesta por parte de sus autoridades; para que tal como lo hace el resto del parasitismo politiquero se queden de brazos cruzados sin buscar mecanismos de solución.

Los grandes pendientes en la educación son el reto más grande que tenemos los guatemaltecos. La educación de las próximas generaciones no es gratis para ninguno de nosotros. Dignificar a los buenos maestros y sacar a todos los oportunistas que cunden nuestro sistema educativo, deberían ser algunas de las prioridades que aquellos que abanderen la promesa de hacer un gobierno honesto.

Corruptos afuera. Íntegros adentro. Conocimiento, experiencia e incorruptibilidad para todas las instituciones.

miércoles, 10 de junio de 2015

LA CABEZA DEL DINOSAURIO


Estamos justo a la mitad de la segunda década del siglo XXI. Un camino cuesta arriba para una sociedad conservadora y cerrada al debate. Ya no es posible mantener en pie los paradigmas añejos. Hasta un niño de seis años puede comprender lo que significa el racismo, la miseria y la intolerancia. Mal que bien, algo hemos avanzado.

La generación nacida el año de los Acuerdos de Paz es la que está girando el timón de nuestra historia. Con sus hashtags, pancartas, status en Facebook... eso que para los viejos dinosaurios no tiene ningún valor. Lo mismo dijo Muamar el Gadaffi poco antes del apocalíptico derrumbe de su dictadura: “Protestan unos cuantos homosexuales, drogadictos que tienen acceso a Internet, la mayoría está conmigo”. Él, que con una mano en la cintura se sentía tan convencido en lo predecible que era “su pueblo”, ya ni siquiera vivió para contarlo.

La ignorancia nunca traiciona a los ignorantes. Pero una generación que posee tantos datos históricos y tantas ideas complejas en la cabeza, no puede compararse con la época que me tocó vivir. Años de feudalismo mediático, información distorsionada y bibliotecas vacías. La vieja manera de hacer política está cayéndose a medida que pueden provocarse cambios radicales con un solo teclazo.

Quizá el obstáculo más difícil de superar para los guatemaltecos sea el del prejuicio. Reducir a los nativos digitales únicamente a una “élite” que tiene acceso al consumo de tecnología, no resulta ingenuo sino estúpido.

Es claro que en el país hay más cíber-cafés y teléfonos inteligentes que libros y bibliotecas. Obviar que los plantones no son más que argucias por parte de los grupos políticos amenazados y que tienen el único fin de dividir el movimiento de cambio, es clasista y primario.

Siempre esperamos que los pobres quemen llantas o bloqueen carreteras y que los ricos manejen las redes sociales o las protestas mediáticas. Que los dinosaurios desestimen tales estrategias es digno de un grupo en franca decadencia; pero que los más jóvenes lo hagan, es asirse a nuestro lodoso pasado. Nuevos tiempos, nuevas maneras de exigir los cambios.

miércoles, 3 de junio de 2015

VIDAS

Al señor que atiende una carretilla de shucos en la 20 calle. 
A la adolescente encargada de una joyería en el Pasaje Rubio. 
Al licenciado que sube las escaleras eléctricas en el edificio de Finanzas. 
Al niño que baja del bus con una mochila azul.

Al señor con aros unidos con masking tape que despacha en la tienda. 
A la secretaria que atraviesa la pasarela con su uniforme gris. 
Al hombre gordo que habla con las trabajadoras sexuales del Cerrito del Carmen.

A la muchacha de pelo recién planchado que abre su Peugeot en la zona 10. 
A la risueña universitaria que sostiene un cartel frente al Palacio Nacional. 
Al camarógrafo que capta una entrevista a un diputado mafioso.

Al juez que perfora la vida de dos sicarios desde su escritorio. 
Al grupo de mormones que caminan por Kaminal Juyú un miércoles por la mañana. 
A la señora que riega con una palangana jabonosa la acera.

Al niño que acaba de perder su globo en la Plaza Central. 
Al muchacho con hambre que reparte su currículum diez veces al día. 
Al funcionario que siente que el Ministerio Público ya va tras él.

A los guardaespaldas que cuidan a su jefe afuera de un restaurante de sushi. 
A la familia de campesinos que comen pollo frito en el arriate de El Trébol.
 A la estudiante de medicina que sale de turno. 
Al locutor que anima un programa mañanero. 
Al chofer de tuc-tuc que lleva a una anciana al mercado. 
Al poeta que se acaba el vino en las exposiciones.

Al niño que se pierde en el supermercado. 
A la ama de casa que les tiñe de rubio el pelo a sus hijos. 
Al piloto que fue amenazado por una mara. 
Al hombre canoso que busca pornografía entre los cedés piratas.

Al estudiante que sale de capiusa. 
A la abuelita que dejaron sentada frente al almacén de un shopping mall. 
A la brillante catedrática de literatura que no quiere casarse. 
Al bartender que solo quiere irse a dormir a su casa.

A todos ellos envío estas palabras.

miércoles, 27 de mayo de 2015

LOS CONVENCIDOS

Predicarle a los convencidos es una de las tantas formas que tiene el estancamiento. El estancamiento de los discursos morales; el estancamiento de las ideas progresistas; el estancamiento de los golpes de pecho.

Los convencidos siempre buscan a los convencidos: proponen, deconstruyen y mejoran la democracia. Sus reformas pasan del diálogo al papel, del papel a la burocracia y de la burocracia a la inercia. Porque los convencidos son palabras que se deshilan con la realidad. Todo siempre es más hermoso en el papel. Las buenas intenciones siempre caen noqueadas frente a la corruptible necesidad de las mayorías.

Los convencidos son los pocos. Son aquellos que no entienden por qué los muchos actúan de esa forma tan irresponsable. También son los observadores críticos de la miseria (económica-ética-intelectual) y tratan de cambiarla con unas cuantas palmaditas en la espalda. Se precian de conocer todas las necesidades, pero no soportarían vivir sin luz eléctrica, sin agua, sin comida, sin salud...

Los muchos son los que venden sus votos por limosnas. Son los que llenan camiones para ir a aplaudir a políticos impresentables. Son quienes trabajan hoy, pero no saben si estarán vivos mañana. Son los que apenas saben de historia, pero la han sufrido en carne propia. Son los que gritan en las iglesias y lloran en el estadio. Son los que abrazan y beben hasta la inconsciencia escuchando a Los Tigres del Norte. Son los que se mueren intentando cruzar la frontera de los Estados Unidos. Son los que ya neutralizó la ignorancia, el dolor, el miedo y el hambre...

Los convencidos son los individuos. Los muchos son el pueblo.

Mientras unos dicen pueblo, el pueblo se muere callado. El pueblo es un animal en cautiverio. Si tan solo los convencidos lograran comprender el origen de esa cobardía y pudieran liberarlo. Si tan solo estas torpes palabras convencidas llegaran hasta ellos y pudieran tocarlos.  

miércoles, 20 de mayo de 2015

LA PARKA



Cuando veo la sangre empozada siento un fuerte mareo, de eso que a los primeros diez minutos de este magistral cortometraje me venga una especie de desmayo. 


“La Parka” es el título del documental de Gabriel Serra que representó a los cineastas jóvenes latinoamericanos en la última entrega de los óscares. Serra, de origen nicaragüense, fue el primer director centroamericano nominado por la Academia de Ciencias y Artes Cinematográficas. Que alguien de su edad, y con una opera prima, pase de inmediato a competir por una estatuilla es una situación inédita. 


Una cascada de imágenes precisas, crudas. La verdad acerca de un personaje, La Parka, el hombre de mirada triste que labora en un frío rastro de la Ciudad de México matando a varias centenas de reses cada día. Una voz narrativa que apunta sencillas reflexiones acerca de la muerte  a partir de su oficio de verdugo. El sonido de un refrigerador que nos hiela desde el otro lado de la pantalla.


Este documental nos coloca en uno u otro sitio de la cadena alimenticia. El que mata y el que muere. El que come y el que será devorado. También expone la condición humana: quitar la vida para que otros puedan sobrevivir. El matarife y el carnicero son representaciones del sistema mismo. En los momentos más conmovedores vemos al padre y al ser humano que teme profundamente a la muerte y a sus pesadillas; Efraín (La Parka) sueña que sus víctimas le dicen “ Ahora te toca a ti”. Ante las imágenes que acompañan este relato cualquier película gore se reduce a un mediocre ejercicio de terror. Miedo es aquello que consumimos cada día.   





miércoles, 13 de mayo de 2015

LAS CONSECUENCIAS...

“El carácter es aquel orden moral visto a través de una naturaleza individual”. –Cito a ese enorme pensador que es Ralph Waldo Emerson. 

Años luz que no vemos tal orden moral. Actuamos, correcta o incorrectamente, encerrados en nuestros reductos de conciencia. Quizá porque esa manera de ver la vida es sumamente práctica. No existe una consecuencia para nuestras acciones mientras no afecten al vecino. En el peor de los casos, no existe una consecuencia de nuestros actos mientras no seamos descubiertos.

Miren hasta dónde hemos llegado los guatemaltecos pensando de esa manera. La familia que tan silvestremente derrocha en un fin de semana miles de quetzales mal habidos en cualquier shopping mall citadino —extorsiones y muertos debajo—. 

El nuevo empresario que signa cheques de seis ceros en cada narco diezmo y es ejemplo de prosperidad para la congregación. La muchachita aquella de la cuadra que ahora conduce un vehículo agrícola blindado pagado con los dólares mohosos de algún congresista o funcionario que la tiene como amante y testaferro de sus movidas. 

Pedimos gente con carácter. Hemos tenido criminales. ¿Quién dice que no se necesita un pseudocarácter para ser un asesino o un ladrón de cuello blanco? 

El verdadero carácter se inicia con el compromiso más humilde: el servicio. ¿Acaso podemos comprar la dignidad y la esperanza perdidas? Todo poder verdadero se fundamenta en la consecuencia moral nuestros actos.

miércoles, 29 de abril de 2015

REVOLUCIÓN DE LA CONCIENCIA

Crisis y revolución. Revolución y conciencia. Conciencia y discurso. Discurso y acción. Acción y continuidad. Continuidad y coherencia. Coherencia y libertad. Libertad y humanismo. Humanismo y justicia. Justicia y equidad. Equidad y permanencia. Permanencia y memoria. Memoria y presente. Presente y futuro. Futuro.

No existe una fórmula para hacer una revolución. Las viejas maneras se convirtieron vertiginosamente en modelos contrarrevolucionarios. Estados policíacos. Polvorientos feudos de burocracias corruptas que cooptaron a intelectuales que ensalzaron los “progresistas” métodos de salvación revanchista. Pero siempre lo mismo: hambre, cárcel, impunidad, muerte.

No existe una fórmula para hacer una conciencia. Las disciplinas morales caen en desuso cuando las limosnas y los diezmos de sus fariseos no logran comprar la integridad de una oveja descarriada. Así pasamos de las liturgias a las prédicas sin que veamos detrás de su palabrería ejemplos de humildad y desapego a sus cuantiosos bienes materiales.

Revolución y conciencia. Cuadros abstractos y poemas herméticos. Tanto se dice acerca de estos términos. Cuánta sangre ha corrido tratando de imponer sus normas, las de ellos —los caudillos, los jerarcas, los legisladores—. Miles viven de seguir hablando y hablando de sus buenas conciencias y de sus añejas revoluciones.

Los guatemaltecos estamos enfrentándonos a la claridad. Las cosas hoy se ven más que expuestas. La corrupción y la violencia son tan viejas que ya ni siquiera nos imaginamos cómo se puede vivir sin estas. Bueno... así suceden las cosas. El ejercicio de la política es para unos cuantos apadrinados que aprendieron de las viejas escuelas del arribismo y de la cleptocracia. Un Estado es lo que permitimos que sea.

El único poder que tenemos es el de decir “Ya No”. Luego nos corresponde sobrevivir con la coherencia y con la ética que exigimos de otros. Así la indignación pasa de la palabrería a la acción, a la conciencia y a la revolución. La indignación es recuperar (u obtener) un sentido práctico del respeto y la voluntad de mejorar.

miércoles, 15 de abril de 2015

AUTOPERIODISMO (NO SÓLO DE ÚLTIMAS HORAS VIVEN LOS LECTORES)

Cuando Vicente Leñero definía Autoperiodismo, su descripción estaba muy lejos de gravitar alrededor del universo de los motores, accesorios y modelos recientes de vehículos que vuelven locos a los amantes de la saga de Rápido y Furioso. Más bien, Leñero aplicaba el término a la integridad periodística que identificó a este gran escritor mexicano fallecido hace un par de meses.

Un periodismo escrito desde la memoria, desde la conciencia y desde la experiencia individual. Una suerte de autocrítica donde no se vale hablar de lo que no se sabe ni agendar temas para quedar bien con los amos y señores de la opinión pública.

A la distancia, este tipo de textos pasan de ser meros análisis de coyuntura —o golpes de pecho acerca de las eternas malas noticias—, para convertirse en algo permanente.
Quizá las sociedades no cambian, porque las malas y las buenas costumbres de los individuos tampoco se transforman. En eso radica la belleza y la vigencia de observar la vida y recrearla desde la subjetividad. Eso que llamamos arte o literatura.

¿Cuánto de humanidad le queda al periodismo en Guatemala? ¿Será que en diez años seguiremos rumiando las mismas columnas con la misma indignación y el mismo tararín tararán de señalamientos éticos sin consecuencias? ¿Será que el compromiso con la época y con la sociedad en la que vivimos se reduce a tomar distancias “objetivas” espetando datos y cifras?

Hace unos días murió otro de los grandes autores de América Latina: Eduardo Galeano. Su obra Guatemala, país ocupado es un magnífico ejemplo de autoperiodismo. Este escritor uruguayo hace un retrato implacable de nuestra sociedad, acercándose con una sorprendente intuición al incierto futuro que hoy día estamos viviendo.

Tanto Leñero como Galeano utilizaron la investigación periodística y la opinión en medios escritos como un sendero literario. Ellos demostraron que hay una vida más allá de la noticia. No solo de las “últimas horas” viven los lectores.

El periodismo también es cultura y es permanencia.

miércoles, 8 de abril de 2015

DÍAS MEJORES

Hace una década presentábamos con mi amigo cineasta, Luis Urrutia, lo que sería la primera entrega de una trilogía acerca de Guatemala: Días mejores.

Los tres guiones contenían mucha evidencia que justificaba la etiqueta de ese tetrabrick en el que nos metieron a muchos de los artistas de principios de los “dosmiles”: Generación del desencanto o Generación de posguerra.
Pienso que a medida que pasan los años, el título de aquella producción de bajísimo presupuesto es más contundente. ¿Acaso existe un mejor nombre para referir el pasado, el presente y el futuro de una sociedad donde nunca amanece?

Luis y yo siempre bromeábamos: “¿Y si esta época purisísima m... son nuestros años dorados?”, pero alguien de inmediato solventaba: “No jodan, tienen que venir tiempos mejores”. Siempre la censura optimista contra el humor negro. Humor que no es más que una reacción alérgica a la banalidad que circunda lo políticamente correcto.

El pasado es como una trinchera de recuerdos endulzados. En sociedades que parecen irse muy lentamente en un pozo sin fondo, existe una gran urgencia por el recuerdo: “Si los muchachos de hoy fueran como los muchachos de antes”, etc. Quizá porque en ese “antes” quedaron empantanados todos los días mejores y todas las salidas posibles.
Tanta gente me ha dicho: “Antes te mataban por guerrillero, ahora te matan por robarte el carro”. Y son otros tantos los que añoran las dictaduras de soga y cuchillo que me provocan escalofríos.

Soy de los que piensan que los días mejores no existen. Empeora algo y mejora otra cosa. La miseria, la corrupción y la muerte siempre han estado presentes, pero han tenido mejor prensa.

Sin embargo, la esperanza nunca se agota. Los dignos, los fuertes, los perseverantes, los incorruptibles. Las peores épocas son aquellas en las que no tenemos conciencia. Cuando perdemos la noción de la realidad que nos circunda y no existe una masa crítica que opine, actué, sea coherente y fiel a sus principios.

PÉNDULO

Te hablo porque estás solo. Te escribo porque estás sola. Intentas llegar a la mañana siguiente, pero tu cabeza se mueve como un péndulo.

Necesitas alguien cerca pero todo el mundo se va alejando. Creces, no existe nadie alrededor, creces: lo sabes porque te sientes solo, lo sabes porque te sientes sola.

Ya es hora de soltar. Ahora te sientes fuerte. Remites a las cosas que dijiste y a las que pensaste y a las cosas que te hiciste hacer. Tal parece que aquello es como una larga fila de fotografías pegadas al fondo de un río cristalino.

Las fotografías se van borrando. Creces, no existe historia alrededor, creces: lo sabes porque te sientes sin suelo debajo.

Caminas por una calle que es tuya y trae recuerdos vagos: alegría, vergüenza, despedidas, encuentros…

Te diste cuenta de que el Ángel Exterminador que siempre madruga en Guatemala no ha tocado a tu hombro, quizá pasa a tu lado sin que te des cuenta, quizá se ha llevado a gente invaluable para ti.
Esta calle la llevas encima, como llevas este país, como llevas este mundo. Sientes su peso en tu espalda. Creces, lo sabes porque llevas algo sobre tus hombros.

Tu cabeza se mueve como un péndulo que no se detiene. Lo observas y quieres que su ritmo sea más lento. Pero es tanta la fuerza que lleva en su ir y venir. Quisiera que algo frenara su paso. Tu corazón pulsa con menos velocidad que tus razones. Creces, porque sientes que ahora sientes menos y piensas más.

No te preguntes por lo que dejaste tirado, no vale la pena recogerlo. No preguntes por lo que viene. Solo entiende una cosa: no importa la edad que tengas, solo aprende.
Si respiras y sientes, es porque creces a solas, como todos crecemos.

miércoles, 25 de marzo de 2015

DE NOSTRADAMUS EN SEMANA SANTA

Quizá los guatemaltecos deberíamos tener dos o tres semanas santas al año. Lo digo por esa extraña mezcla de desfile bufo, fervor religioso, turismo alcohólico y fertilidad adolescente que tienen estas fechas. Efusiva desesperación de ciudadanos que sienten el fastidio y la muerte como algo rutinario.

Todo comenzará el viernes previo, cuando la mayoría de empleados que laboran en el Centro salgan a almorzar y se encuentren con los agradables encapuchados de la Huelga de Dolores que les pedirán, de forma cortés y voluntaria, si es posible dar unos cuantos saltos en la cuerda para hacer reír a los espectadores. Luego un compañero universitario, vestido de mujer, seducirá a uno de los presentes, y otro compañero, disfrazado de militar lo pondrá a bailar El caballito de palo, pero con una letra que dice algo más o menos así: “Mareros huecos, los vamos a matar, el pueblo ya no aguanta más”.

Nuestra Semana Mayor continuará el Lunes Santo, cuando los vecinos preparen las alfombras durante toda la noche, platicando y colaborando con personas de la cuadra a quienes habitualmente evaden el saludo. Una linda tradición familiar que tendrá su recompensa cuando por las estrechas calles de la Ciudad se luzca nuestra imponente imaginería barroca. Andas de gran majestuosidad que son acompañadas de cerca por vendedores de algodones, equipos de limpieza de Tu Muni y los malhumorados guardaespaldas de los penitentes con mayores recursos.

Al mediodía del Miércoles Santo será imposible salir por la Calzada Aguilar Batres, porque pasadas las tres de la tarde una horda de capitalinos pondrá sus mochilas y grabadoras sobre la arena negra del puerto. Para entonces, ya estarán dispuestas torres de bocinas con reguetón y chicas sexis que, entalladas en minúsculas licras rojas, darán la bienvenida a las familias debajo de un enorme logo inflable de cerveza. Los niños se irán directo a jugar en la arena; las madres, a cocinar la cena; los papás se prepararán las primeras cubas con el gordito que traen entre las sábanas, y las parejas adolescentes buscarán un lugar escondido para darse una prueba contundente de amor.

miércoles, 18 de marzo de 2015

AUTODIDACTAS

Una discreta alegría me envolvió cuando el empleado de Renap me puso en el renglón de profesión u oficio el sustantivo “Escritor”. Quizá en otra época yo sería únicamente bachiller en Ciencias y Letras.

Una persona que conoce a profundidad su vocación y lo hace ininterrumpidamente por más de una década pasa de ser un autodidacta y se convierte en un profesional. Publicar más de una docena de títulos es casi como tener una docena de diplomas en distintas especialidades. Sin embargo, para ocasiones más burocráticas y menos acostumbradas a este tipo de títulos sin bautizo, me inscribo como periodista.

El periodismo es la profesión más cercana a la escritura. Si uno opina, escribe, investiga y reseña en un medio, es un periodista. No hace falta pasar por ninguna de esas maquinitas clonadoras de profesionales que son las universidades chapinas. No existe aula que nos dé ni la cultura ni el coraje ni la claridad argumentativa ni (mucho menos) la integridad para ejercer dignamente este trabajo.

El periodista es algo más que un costurero de noticias. Sobre su espalda carga el enorme compromiso de decir la verdad. Una verdad que descansa en un arte y un oficio tan peligroso como mal remunerado.
Cuando la violencia y la corrupción son incontrolables, son los reporteros el primer blanco de represalia por parte de los criminales de cuello blanco. Actualmente existe una vergonzosa cantidad de periodistas asesinados, presos y desaparecidos.

Son los enemigos número uno de las dictaduras perfectas, de las teocracias fanáticas y de los narcoestados. Por su integridad los conoceréis. Desgraciadamente, su labor no existe para esa miope y vulnerable mayoría que se come cualquier plato que le sirven en la mesa.

La violencia es, desgraciadamente, la única respuesta que le devolvemos a la integridad. Hoy lamentamos la muerte de tres comunicadores honestos. Pero el error más grande es creer que bastan unas cuantas balas para callar una realidad inminente.

miércoles, 11 de marzo de 2015

LOS GOLPES QUE NO LE DUELEN A NADIE

A veces, solo a veces, el ruido se transforma en algo distinto que desperdicio. A veces, solo a veces, la dignidad se resuelve alzando la voz. Ciertamente, entre decir y hacer existe una brecha que es un barranco. Porque como dice el poeta José Luis Villatoro (la cita no es textual, apenas la recuerdo): Hay golpes de pecho que ya no le duelen a nadie.

Y es que hay golpes de pecho que ya no nos duelen. Porque de tanto lamentar, gritar, berrear… a veces, solo a veces, las cosas se ponen en orden. Pero es tan difícil la coherencia; es tan arduo el trabajo no remunerado de hacer ciudadanía; es tan complicado ser honestos; es tan cuesta arriba transformar el sistema desde la realidad y no desde la ilusión del “deberíamos ” o del “deberían”.

Sin máscaras se construyen democracias. Es una lástima que en muchos guatemaltecos no exista la posibilidad de entenderlo. Enterramos lo más profundo y resaltamos lo más superficial. Luego lloriqueamos que el sistema no se transforme. Otra vez los golpes de pecho que no le duelen a nadie.

La integridad se mantiene hasta que alguien se atraviesa en nuestros intereses y a veces, solo a veces, sacamos nuestras armas secretas: convertirnos en ese bulto que se hace un estorbo para la felicidad, para la intención o para el talento de otros.

Otro año de campañas políticas anticipadas. Otro año de escándalos y decadencia. La pequeña mayoría de los chapines que votan por un partido lo hacen rumiando televisión y cancioncitas.

Para ellos, el candidato es un desconocido. Los que al día de hoy pensamos en votar nulo y que seguramente nunca hemos estado afiliados a nadie, seguimos dejando la decisión a quienes no nos representan.

Son tantos los golpes de pecho y somos tantos los que toleramos la derrota, que olvidamos a los valientes que trabajan y arriesgan su vida cada día para que las cosas cambien: los que se oponen, los que denuncian o los que nos regalan su ejemplo de integridad en silencio.

miércoles, 25 de febrero de 2015

ROBERTO CABRERA



Le llené su copa de vino tinto y él detuvo momentáneamente su charla para decirme: ¿Usted me quiere poner bolo verdad?... Sonreí y asentí con la cabeza. Estábamos en Casa Roja, el espacio que generosamente nos habían cedido para montar una exposición de Antonio Pichillá y un Homenaje para uno de los artistas guatemaltecos más relevantes de los últimos cincuenta años, Roberto Cabrera.


El acto fue un modesto encuentro con un gran maestro. Sin nada de parafernalia solemne. 
Sin diplomas ni medallas ni un gran cóctel ni presencia de altos funcionarios o empresarios. Fuimos sus amigos y sus alumnos quienes llenamos la sala. Durante dos horas disertó amablemente acerca de historia, de teoría, de política y -por supuesto- de arte. Cabrera sonreía con la franqueza de quien está haciendo lo que más ama: enseñar. 


Pocas semanas después lo perdimos. Los rigores de la enfermedad se llevaron a una de las 
mentes más generosas y más lúcidas que he conocido. Su pérdida fue algo muy doloroso para mí y, aunque desde hacía varios años que no teníamos extensas conversaciones, siempre  nos encontrábamos deambulando por las calles del Centro Histórico y nos saludábamos con  afecto. 

Conocer a Roberto Cabrera en la última etapa de su vida me dio la posibilidad de enumerar 
toda su obra. Quizá lo que más admiro de su trabajo está en esa galaxia de interpretaciones acerca de nuestro mestizaje y en esa antropología de la violencia a la cual dedicó sus deslumbrantes ensayos visuales.


Y es con estas breves pero sentidas palabras que quiero invitarlos, amigos y amigas lectores, 
a visitar la exposición retrospectiva y al homenaje que le darán a mi querido maestro. Una muy importante muestra de su obra a partir del 25 de febrero  en dos sedes, ArteCentro Graciela Andrade de Paiz (9 calle entre 8a y 9a Avenidas) y Galería del Centro, Fundación G &  T Continental,zona 1, Centro Histórico.

martes, 17 de febrero de 2015

CONTRACORRIENTE



Algunas cosas no combinan. La realidad siempre nos guarda paradojas. Existen miles de razones para declararnos en guerra con el presente, pero también existen suficientes motivos para la reconciliación. Arbitrar con justicia es darse por vencido en el viejo campo de batalla que oponen el pesimismo y la voluntad.

Un país que va al desborde. La infamia partidista que siempre nos devuelve cuatro años de violencia, miseria y corrupción a cambio de nuestra torpe confianza. Nuestra Era Democrática de Posguerra... o como quieran llamarle al silencio armado de las oenegizadas izquierdas y al confortable repliegue empresarial de las derechas, suman un rastro de calamidades y abusos solo comparables con los momentos más álgidos del enfrentamiento.

Pero como es tan usual tomar los espacios de opinión de “muros de los lamentos”, pienso que bien vale la pena ajustar un poco la lente para buscar en este aquí y en este ahora razones para decir que no todo es herrumbre y fatalidad.

Ixcanul, película del guatemalteco Jayro Bustamante y realizada con muy modestos recursos –me consta– ganó la semana pasada un Oso de Plata en el Festival de Cine de Berlín. Lo que ahora es noticia y gloria, hace menos de un año era un arduo esfuerzo por encontrar apoyos. Lo bueno de que sucedan estas cosas alrededor del arte guatemalteco, es que nos muestra qué tan lejos se puede llegar con una voluntad en contracorriente al desaliento folclórico de nuestro país.

Por otro lado tenemos el 13 Festival Internacional de Cultura Paiz. Los eventos que he tenido el privilegio de ver y el intercambio que ha propiciado entre artistas guatemaltecos y extranjeros me da luces de que tenemos uno de los acontecimientos más importantes de arte en la región.

Las agendas repletas de actividades en las muy escasas páginas de difusión cultural de los periódicos chapines, los nulos recursos gubernamentales y los casi inexistentes mecenazgos privados para fomentar la cultura no detienen a sus creadores. ¿Qué más hace falta para atraer ese necesario interés?


miércoles, 11 de febrero de 2015

IMAGINARIA, DISIDENTE

No me gusta contar las historias desde el inicio, prefiero que el presente hable siempre. En una entrevista para le revista Esquire, Yoko Ono responde: “Hay un momento en la vida en que ya no importa cómo fue todo al principio”.

Esto me sucede cuando voy a una exposición retrospectiva de un movimiento artístico determinado. Quizá porque no es muy común hallar coincidencias o fascinaciones en medio de esos lazos históricos que se pretende imponernos como simples jerarquías cronológicas. La verdad es que nada ha sido nuevo y nunca lo será. El ADN nos pone en crisis al tratar de formularnos preguntas tan provincianas como: ¿Cuál fue la influencia de... en el pensamiento, la política o el arte actual?

“Imaginaria, disidente” es una muestra que abarca la obra de algunos de los artistas fundadores de un movimiento visual y literario de finales de la década del 80: Isabel Ruiz, Pablo Swezey, Luis González Palma, Erwin Guillermo, Daniel Chauche, César y Moisés Barrios. Sería imposible de precisar la fecha de las obras de no ser porque viene calcada en cédulas al pie de cada una de las piezas.

Instalaciones, fotografías, pinturas y sobrecogedoras esculturas dan registro de la vigencia y del compromiso con la realidad que esta generación fijó no solo en los creadores que la precedieron. El uso de materiales como el barro o el carbón; la resignificación de técnicas clásicas como el grabado, la pintura o el retrato como versiones del olvido de nuestro propio rostro mestizo, siempre deslumbrado por las maniobras de “anorexia cultural” tan recurridas por la publicidad más mezquina de nuestro país.

Una muestra reflexiva, puntual y esmerada. La claridad que nos transmite subraya en que la trascendencia de este movimiento se basa en la responsable coherencia que tienen con su entorno. Felicito a Rosina Cazali –curadora de la muestra– por el enorme legado cultural que nos va dejando. La exposición pueden verla en el Centro Cultural de España en Guatemala, 6 avenida 11-02 zona 1, edificio Lux, segundo nivel.

miércoles, 4 de febrero de 2015

DE SENECTUTE

Del ruido y del silencio; de las vidas pasadas y del dolor presente; de la muerte y del amor transcurrido sin tregua. Ellos que perforan las almas jóvenes con su mirada; ellos que son el ocaso de un sol tibio y amable; ellos que son piel escrita: caminos, despedidas, triunfos, fracasos y miles de decisiones. Ellos que son el rito sobreviviente de un largo exilio y de una guerra interminable. Ellos con su silencio incansable frente a las puertas que nunca se abren.

Quizá el ruido y el silencio sea una manera de curar su corazón. Los ancianos que abandonamos. Los ancianos que cuidan a nuestros hijos. Los ancianos que repiten mil veces la misma historia. Los ancianos que se quitan el bono de su bajísima pensión con tal de comprarle un juguete al nieto. Los ancianos que se enferman y soportan callados un dolor que ni siquiera imaginamos. Los ancianos que se mueren esperando citas en el IGSS u otra carnicería pública. Los ancianos que para bien o para mal nos hicieron lo que somos.

Podemos comprender una sociedad a través del trato que da a sus niños y a sus abuelos. No es gratuito que sean ambos los que ocupen cada semáforo pidiendo dinero. Del güiro de cinco que se gana la vida pintado como payaso, al hombre de 80 que pone una caja de cartón e intenta ponerse de cabeza. ¿Dónde, las instituciones? ¿Dónde, los refugios? Algunos ciudadanos de buen corazón hacen suyo el compromiso de abrir hogares para ancianos, pero los fondos nunca son suficientes, porque la pobreza es demasiada y tanto el niño como el viejo son “cero-productivos” en una sociedad que reduce nuestra vida a un trabajar, a un procrear, a un endeudarse y a un morir.

El maestro de mi vida siempre decía que la dignidad consistía en “Pasar del amor a la muerte sin detenerse en la vejez”. Yo era tan torpe y jamás quise preguntarle en qué consistía dicho secreto.

miércoles, 28 de enero de 2015

GENTES CON PERROS

Doce Avenida y sexta calle. Una anciana indigente y un perrito flaco.

Ella aprovecha el rojo del semáforo para acercarse a los carros y pedir dinero. Cruza lentamente entre el humo negro de los escapes para volver a una grada en la acera. El perro, muy alerta, observa lo que saca de una bolsa plástica, son varias tortillas, toma una y la comparte con el animalito. Le habla, le acaricia el lomo, las orejas, y él mueve la cola.

Avenida Las Américas, domingo.

Una niña va jalando un cachorro labrador. El perro no quiere caminar y ella llora tirando de la correa. Su mamá discute con su esposo acerca del capricho de regalarle un chucho para Navidad cuando en el condominio no existe un lugar para sacarlo a pasear. El papá, muy molesto, levanta al cachorro del piso, está goteando pipí y le mancha el pantalón: “A la gran pu....” –grita a la esposa– “mirá, pues”. La familia sigue su incómodo paseo dominical.

Campos de futbol, colonia Primero de Julio.

Dos adolescentes llevan un rottweiller. Le pusieron un bozal de cuero que lo muestra amenazante. El perro asusta a una pareja que se cruza en el camino, se levanta en dos patas y casi derriba a la muchacha. Sus dueños lo jalan: “Maldito, tranquilo; Maldito, tranquilo”. La pareja corre. Los muchachos se ríen “Tan hueco ¡viste!... la chava es de la Quince, Waleska se llama”.

Veterinaria en Centro Comercial. La empleada observa impaciente a dos niños que no dejan de moverle la jaula a una perrita salchicha. “Mirá. Mirá” –le dice la niña a su hermanito. La cachorra asoma su nariz húmeda entre los barrotes y ellos la tocan. “Qué linda, hooola, hooola”.

Al otro lado del vidrio una señora los llama y ambos le golpean la jaula para que vuelva de nuevo a verlos: “Adiós, adiooooós”. La salchicha se queda echada viendo a su plato y a los transeúntes que la saludan afuera de la vitrina.


miércoles, 21 de enero de 2015

EL VÉRTIGO DE OTROS

Nada frustra tanto como querer escribir acerca de algo y desconocer su nombre exacto. Antes de teclear estas líneas describí el objeto para que el sacrosanto Internet me diera la palabra y únicamente me mostró la imagen.
Torbellino, trompo, carrusel, gusano... en fin. El asunto es que durante mi niñez tuve una extraña fascinación por esos, cada vez más extintos, parques infantiles con juegos de metal. Digamos que la psicosis por el consumo de la sobreprotección todavía no habían alcanzado los niveles actuales y los niños teníamos cierta libertad para movilizarnos.

Llegar a un parque infantil significaba interactuar con conocidos y desconocidos. Las niñas acaparaban los columpios y los sube y bajas. Los niños los pasamanos y ese extraño aparato de entretenimiento centrífugo que tiene mil nombres.

Recuerdo que nos sentábamos en las frías barras de metal que hacían una banca circular, al centro estaba un eje que servía de timón para hacer que todo girara. Los más débiles se ponían en posición aferrándose a los barrotes, los más fuertes acaparaban el centro y le daban cuanta velocidad que les diera la gana con la intención de 1. hacer vomitar a los niños más sensibles; 2. hacer que las niñas gritaran de pánico; o 3. que los más envalentonados suplicaran clemencia.

Recuerdo al artefacto girando y girando mientras yo veía a mis compañeros de juego apretando los ojos y todo el paisaje alrededor desdibujándose en una suma de colores. Era tanta la presión que a veces me preguntaba en qué momento íbamos a despegar o a derrumbarnos. Yo -que fui de los malcriados- gozaba sádicamente viendo a los niños aterrorizados, pero como siempre tenemos sobre nosotros a alguien peor... en varias ocasiones supliqué clemencia.

Afortunadamente sobreviví a dicho entretenimiento. Al crecer también fue necesario desistir, salirme del juego y ver desde afuera el vértigo de otros. Mareados y bajando casi a gatas, pero esperando reponerse para subir una y otra y otra vez más.

miércoles, 14 de enero de 2015

EL SUEÑO INTERRUMPIDO

Nadie vigila nuestros sueños, somos nosotros los que por voluntad los interrumpimos. No existe algo seguro en el territorio de los sueños. Ni siquiera existe la certeza de estar despiertos o de estar dormidos. El sueño lo descubrimos cuando despertamos y nos hacemos parte de los sueños de otros. Esos otros que a su vez tienen sueños individuales como los nuestros.

El sueño interrumpido necesita minutos de claridad y enumeraciones. Imágenes borrosas de símbolos, de temores, de deseos y de escenografías. Un despertar violento deja un rastro borroso de lo que sucede en otra vida. Si el ciclo del sueño no se interrumpe, es porque seguimos soñando.

En el extenso archivo de imágenes del arte guatemalteco descubrimos figuras que son reflejos de otras figuras. Tal como sucede al poner un espejo frente a otro, el sueño se multiplica hasta lo infinito y nos perdemos entre la voz y el eco. Hacer una antología de estos sueños interrumpidos no ha sido fácil, basta con reconocer la historia detrás de cada imagen, de cada proyección y de cada objeto, para entender este bosque repleto de frutos extraordinarios.

El soñador diseña su deseo y su pesadilla. Lo sabemos, pero no existe algo más lamentable que abrir los ojos y no ver nada.

Solamente vale la pena despertar, si tenemos la voluntad de seguir soñando.

Con estas palabras quiero invitarlos a ver la exposición El Sueño Interrumpido, muestra en la que tuve el privilegio de trabajar con Lucrecia Cofiño de Prera, en la curaduría y selección de más de 80 piezas de los más importantes creadores guatemaltecos de los siglos XX y XXI. Pueden visitarla en el Centro Cultural Metropolitano (7a. avenida 11-67, zona 1) y en la sede de la Fundación G&T (5a. avenida 12-38, zona 1) hasta el 28 de febrero. La entrada es completamente gratuita