miércoles, 14 de septiembre de 2011

SESIONES CON MONTEFORTE


“Esa foto me la tomé con Luis Buñuel en México y en esa otra estoy con Pablo Neruda” –Decía Mario Monteforte Toledo con mucha seriedad, casi impenitente, luego de que observara el reloj Swatch amarillo que tenía en mi mano izquierda, pensando –seguramente- que era horrible. Alrededor de aquella sala el escritor tenía colgados cuadros increíbles. Me llamaba mucho la atención un Guayasamín que era digno de estar en un museo y tres curiosos grabados que compró en alguna parte del mundo que ya no recordaba. En mi caso, yo tenía encima un horrible marbete que decía “escritor joven”, y él no cesaba de hacerme preguntas. ¿Ya conocés a Ezra Pound? –no, eh… ¡Qué desgracia! Empezá con éste, luego te doy estos otros dos, no más no te los vayás a robar porque así he perdido bibliotecas y amistades. Durante cuatro años frecuenté su casa y poco a poco dejé de ser su alumno y me convertí en su amigo. Alguna vez me llamaba para que leyera alguna novela suya en proceso o porque su computadora se había vuelto loca. Yo salía de mi trabajo a las cuatro y media, luego me subía a un bus para ir a su casa en la zona 15. Pasaba un par de horas leyendo en su biblioteca y escuchando como regañaba a los escritores y a los artistas que reverencialmente llegaban a tomar café con él. Puedo decir que me formé leyendo libros autografiados, muchos le habían sido entregados al novelista por sus mismos autores. Una vez Monteforte me encontró leyendo a Octavio Paz, me lo quitó de las manos y me dijo: Dejá de perder el tiempo leyendo a ese tipo, tené, aquí está César Vallejo y T.S. Eliot. Recuerdo que al salir para tomar la Uno, luego de mis sesiones con Monteforte, veía aquel autobús lleno de gente como algo francamente poético; sentía como si la literatura me quemara, entonces me sentaba y con la poca luz que iluminaba la camioneta me ponía a escribir lo que más tarde sería ese libro de poemas.

1 comentario:

Chuchita la bolseada dijo...

Nos gustaría tener colaboradores guatemaltecos en nuestra revista internacional de estudios literarios Impossibilia: www.impossibilia.org.
Gracias