miércoles, 16 de diciembre de 2009

MEMORIA PERSONAL DEL SUBDESARROLLO

Crecí en medio de dos épocas: la de un profundo miedo y la de un más profundo desencanto.

El miedo que durante la década del ochenta gangrenó a la clase media y dejó como resultado este zoológico de pusilánimes ciudadanos del consumo, incapaces de reaccionar ante el abuso de las cúpulas económicas y políticas que manejan (así, con ese término descaradamente excluyente) el destino de esta migaja del planeta.

Y los aún más deprimentes noventas, donde el desencanto se convirtió en una excusa para la inmovilidad “crítica”. Para muchos fue la época del retorno: el retorno del exilio, el retorno a la democracia. Una democracia impuesta y a la que parecíamos no estar acostumbrados. Nuestros padres suspiraban por que volvieran las ejecuciones extrajudiciales, porque en tiempos de paz era imposible que alguien garantizara un remedio eficaz contra la delincuencia y su constante amenaza al confort y a la propiedad privada. Una izquierda mesiánica y oenegizada llenó sus maletas de discursos y se marchó hacia un pasado sin retorno. Los líderes democráticos fueron atrapados por las enormes burocracias del chachuyo político y a los jóvenes se nos endosó la amargura y el fracaso de una reconciliación que hoy en día nadie toma en serio.

En el 2011 mi memoria personal del subdesarrollo es esto: un pasado que nunca termina, un presente asfixiante y un futuro en la más resignada oscuridad. Es triste lanzar cada día una moneda al aire para decidir si quedarse a sobrevivir en Guatemala o irse buscando posibilidades en otro sitio. Subdesarrollo no es necesariamente pobreza, es indiferencia, es ignorancia, es asumir que la resignación y la asfixia son el único camino que nos queda para mantenernos con vida.



miércoles, 9 de diciembre de 2009

REQUISITOS PARA UN PAÍS EN CRISIS

  1. Deposite su país en manos de gobernantes con malos discursos y pésimas prácticas. Déles la posibilidad de hacer y rehacer sus partidos en cada período electoral. El rebaño de votantes nunca se dará cuenta: la democracia debe ser un concurso de popularidad, cancioncitas pegajosas y colores chillones.

  2. La esperanza debe estar puesta en la magia de los efectos especiales. Como en cualquier película de Hollywood, el líder surge cuando la tierra está completamente destruida por los extraterrestres. No se preocupe, su papel será el de doble o el de espectador. Una persona como usted no está destinada a cambiar nada.

  3. Cada vez que exista una iniciativa para alfabetizar o impulsar la cultura y el arte, opóngase con decisión. No es momento para pensar en babosadas. Primero lo primero: agua potable, comida, luz eléctrica y que no le pongan más impuestos a las bebidas alcohólicas.

  4. Piense que las instituciones como el Congreso de la República, el Organismo Judicial y el Ejecutivo, son para esos ladrones que nos gobiernan. No para gente trabajadora y honesta. Siéntese a esperar, esa gente tendrá que irse cuando Dios lo quiera.

  5. Abogue por que la religión interfiera dentro de nuestras leyes. No al condón, no a la entrada de religiones extrañas, no a la educación sexual en las escuelas.

  6. Piense que los recursos inagotables del país son de usted y de nadie más, déles un excelente uso: letrinas, basureros clandestinos, recipientes para desechos tóxicos. Sáqueles algún dinerito extra entregándoselos a compañías transnacionales.

  7. Crea ciegamente en todo lo que nos dicen los medios de comunicación: ellos no tienen intereses económicos ni nexos políticos. De ellos es la sabiduría, la justicia y la ecuanimidad.

miércoles, 2 de diciembre de 2009

LOS NIÑOS DE LOS NIÑOS 2

La niña de 8 años carga a su hermanito de 3. Lo baña y le prepara la comida en lo que su mamá lava la ropa. La mujer, con varios meses de embarazo, no deja de regañarla mientras exprime las sábanas. Le dice que cuando llegue su tata va a dejarla morada a puro trancazo.La niña trata de apresurarse, sale a comprar algo a la tienda, pero se tarda más de la cuenta porque se queda escuchando cómo las hijas del vecino cuentan una telenovela. En su casa también había un televisor, pero el marido de su mamá se lo llevó para venderlo: Quieren esa eme sólo para huevonear –les dijo mientras sacaba el aparato envuelto en una colcha vieja.La niña tiene que decirle papá a ese señor que llegó hace poco. Él paga el cuarto, él pone la comida, él es el papá de su nuevo hermanito. A ella no le cae bien este nuevo marido de su mamá, le parece que toma mucho licor y que es muy agresivo. Lo mismo pasaba con los señores que estuvieron antes, algunos duraban un año, un mes o unos cuantos días. A todos les decía papá.La niña acaba de trapear el cuarto y comenzó su tarea de Idioma Español sentada en la cama. Escucha un golpe seco seguido por los gritos de su hermano. El niño se pegó con la esquina de una mesita, está tendido en el piso y tiene sangre en la cara. Ella siente que el mundo se le viene encima. Su madre no tarda en volver de la fábrica y cuando vea el golpe se va a poner furiosa; entonces le va a decir a ese hombre, a ese nuevo señor, que la corrija, que la malmate, que la agarre a patadas.

jueves, 26 de noviembre de 2009

LOS NIÑOS DE LOS NIÑOS

El niño alimenta un silencio, una soledad prismática y temblorosa, un miedo que inicia y termina en el continente adulto. ¿Y qué es el adulto para el niño? Me hice esta pregunta años atrás mientras escribía “Afuera”, una novela que trata acerca de algunos fantasmas de la infancia: la imaginación y el aislamiento. En ella quise grabar las impresiones que recuerdo de manera casi tangible de ese otro mundo, el de la niñez. Para mí la palabra afuera es la síntesis que resume la verdad adulta vista desde la infancia. Los mayores son los niños que aguardan afuera del mundo de los niños. Los vigilantes contenidos por las responsabilidades y las rutinas sin término. Seres ríspidos plegados a sus razonamientos. Esa gente grande que se queja de su mala suerte, que se asfixia en el rencor y se desquita siempre con los más débiles.
En mi novela quise también describir un mundo interior. Esa zona de magia retenida y posible. Creo que para los niños el tiempo es algo que importa poco, pueden distraerse horas y horas observando cosas por demás comunes. La vida dentro de ellos es un diálogo lleno de preguntas y respuestas. Cuando las respuestas se amontonan y dejan de darle paso al asombro, es cuando empiezan a crecer y a morir también, es el advenimiento de su madurez, de su camino asfaltado con certezas.
Los niños son los únicos locos que permite esta sociedad, dice el poeta español Leopoldo María Panero en una entrevista. Lo creo. Curiosamente al abandonar ese cuerpo pequeño muchos quedamos suspendidos en un punto neutro. Calcamos nuestros miedos infantiles en la vida adulta. Caprichosos y egoístas, aceptamos la existencia con la prepotencia del adulto, pero insistiendo en las supersticiones e inseguridades de la infancia; envejecemos sin crecer. Olvidamos.

miércoles, 11 de noviembre de 2009

LA LIBERTAD Y LOS CARCELEROS


La libertad, Sancho, es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielo; con ella no pueden igualarse los tesoros que encierra la tierra ni el mar encubre; por la libertad así como por la honra se puede y debe aventurar la vida, y, por el contrario, el cautiverio es el mayor mal que puede venir a los hombres” Don Quijote de la Mancha 2da parte, capítulo LVIII. Cervantes pone estas palabras en boca de Don Quijote mientras él y su escudero transitan por caminos desolados. Su paso lento evoca la madurez y la claridad de un idealismo que no corre prisa. Una locura que persigue darle un nuevo significado al mundo y a la realidad que lo construye. El sueño de alcanzar la libertad como la presea más valiosa que podemos alcanzar en la vida. Una vida sin tener rehenes ni ser prisioneros; una soledad posible y grata. Luego de releer este libro, para escribir el prólogo para una edición infantil que me solicitaron, descubro esto como un hallazgo personal: lo más grande del humanismo busca una noción de libertad. En toda obra maestra, si la leemos atentamente, hallamos algo que abre las puertas de nuestras prisiones, cárceles construidas por nosotros y para nosotros en ese ejercicio de crueldad que es la práctica del poder y la imposición de voluntades.

Para salir de la prisión, primero hay que liberar al carcelero. Puede que los enormes muros de desigualdad y de estupidez que sostienen la injusticia en nuestro país, se hagan más frágiles si tenemos una actitud diferente ante ellos. El miedo es algo individual y no colectivo. Acaso haga falta algo que nos motive, una acción, una idea o una palabra capaz de dar la chispa que encienda nuestra determinación y valor perdidos.




miércoles, 4 de noviembre de 2009

EL CUARTO DE LA MUCHACHA

Nadie quiere invertir en el cuarto de la sirvienta. No importa si es estrecho, si no tiene bombilla, si es húmedo o si está cayéndose el repello. ¿Para qué gastar dinero en un sitio que a nadie le interesa? La muchacha tampoco pide demasiado, un catre donde dormir y un radio para escuchar música por las noches, con eso basta y sobra.

Guatemala es, para la mayor parte de la elite empresarial, como el cuarto de la muchacha. Un país dormitorio, con impuestos y sueldos a la medida de sus ganancias e intereses. Muchos optaron por vivir en Estados Unidos desde hace muchos años y vienen a reuniones de negocios una vez por semana. Ahora es mucho más fácil dirigir a distancia y dejar bien custodiados sus valores poniéndolos en manos de perros guardianes, muy atentos de que nadie asalte los monopolios y las prebendas fiscales de sus amos. Cualquier partidito político emergente necesita darse el viaje para ir a solicitar los recursos y las bendiciones de estos mandarines. Si a los guatemaltecos nos matan como moscas o si se contamina el lago de Atitlán o si hay censura y represión contra la libertad de expresión, nada de eso les importa, al fin de cuentas en este país sólo vivimos sus choleros, sus mal pagados empleaditos y sus delirantes nuevos ricos.

Desgraciadamente no nos hemos dado cuenta que el cambio nunca vendrá de arriba, desde el panóptico de los empresaurios. Jamás llegará ese buen finquero a traernos la prosperidad como si de un par de zapatos se tratara. Los únicos responsables de este país somos quienes lo sobrvivimos día con día. A nosotros nos corresponde sacarlo de su, cada vez más profundo, subdesarrollo.





jueves, 22 de octubre de 2009

ELLA



Ella sale a prisa, su bolso resbala hasta llegarle al codo, mientras amenaza a la bebé y amenaza a los otros 2 niños que no se apresuran a salir para el colegio. Trabaja de ocho a cinco y media en una oficina donde atiende reclamos de clientes y recibe la correspondencia. De ocho a cinco y media pasa horas de calma lejos de sus tres niños insoportables. Algún oficinista le hace la corte de vez en cuando, pero no es más que otro hombre casado con ganas de entretenerse durante un par de meses, para luego volver con su mujer, sus hijos, su perro, su televisor plasma y su casa de condominio.

Mientras Ella, que tuvo a dos amores que le dejaron a los 3 monstritos que la esperan en la casa, ya no encuentra consuelo en las promesas de ningún labioso casanova perseguidor de madres solteras. Treinta y tres años vividos, tachonados y, bueno... qué otra cosa se puede esperar de la gente y sus habladurías.

Aunque es una mujer bastante guapa, no existe nadie que pueda tolerar sus gritos y la ira que la lleva a arañar al niño, a jalonear el pelo a la niña y a nalguear a la bebé, cuando se enoja. Sólo viene un poco de calma, los sábados, cuando escucha la música en la radio mientras hace la limpieza; música que canta imitando los gestos y la voz de la artista méxicana de moda. Sus niños la ven y piensan que su mamá tiene talento como para ganarse Latin American Idol. Cuando termina la balada Ella se pone triste, pero busca otra canción, una más alegre. La cera líquida cae al piso y ve a sus 3 monstritos aplaudiéndole. Entonces algo parecido al consuelo le brota de alguna parte.

miércoles, 14 de octubre de 2009

ESTAS LATITUDES

No podemos esperar que las condiciones estén dadas y que todas las necesidades económicas estén satisfechas, para dedicarle esfuerzo y tiempo a nuestro lado más humano. La literatura y el arte no son un privilegio de una casta rumiante de intelectuales frívolos y atormentados que asedian las calles de esta ciudad posmoderna, filosofando o esperando el regreso de las utopías. Me sorprende en sobremanera la animadversión que existe hacia el creador y hacia el arte. Los diarios que de pronto se rasgan las vestiduras ante la hambruna, señalando el “derroche” que significa invertir en alguna actividad cultural con dinero del Estado, pero que, de inmediato voltean a ver hacia otro lado cuando se trata de recibir onerosos cheques de pauta publicitaria y demás prebendas fiscales, o los radicales anti-imperialistas con excelentes sueldos subsidiados por proyectos de países europeos , son un ejemplo bastante emblemático y risible de nuestra doble moral guatemalensis.

Como el analfabetismo y la pobreza de criterio no son prioridades para ningún grupo de poder, es importante celebrar que existan personas que apuesten por valorar el aporte intelectual de los guatemaltecos. Es por ello, amigo lector, que quiero mencionar el esfuerzo realizado por el Ministerio de Ambiente y Recursos Naturales en la publicación de “Latitud de la flor y el granizo” de Mario Payeras. Un ensayo poético-científico que trata de los efectos de la destrucción de la flora y la fauna en el área mesoamericana. Un análisis acerca de la impunidad con que los medios de explotación y producción han empobrecido una geografía con inagotables recursos naturales. Este libro se entregará de forma gratuita a escuelas, bibliotecas, centros culturales y centros de documentación el día 19 de octubre a las 10 de la mañana en el Palacio Nacional de la Cultura. Una obra fundamental, sin duda.

miércoles, 23 de septiembre de 2009

PODER DE HOY

Creo que sé muy poco del poder, quizá porque he leído mucho acerca de él, pero nunca he tenido un acercamiento real con esta situación. Digo “situación”, porque considero que se trata de un ser y un estar continuo. Generar acciones y esperar sus resultados.
Para ejercer el poder es necesario entenderlo desde la práctica. El idealismo de pronto es una suerte de máscara para algunos o una actitud que se desvanece al entrar en contacto con una realidad más compleja. La palabrería de discursos sensibleros y trasnochados es, al fin de cuentas, lo único que se mantiene cuando se perdió la ética y cuando ya nadie cree en esa cantaleta de un “mañana mejor”.

Prometer futuros es la muletilla de cualquier político con o sin experiencia. No se habla desde el pre-sente inmediato, desde el día de hoy tan lleno de vacíos y donde nadie puede garantizarse el sobrevivir las próximas veinticuatro horas.

Creo que la mayoría de líderes políticos guatemaltecos se han vuelto obsoletos en la medida en que ejercen una práctica del poder desde la promesa incumplida, esa que nos ha erosionado cualquier es-peranza en las instituciones públicas y en sus dirigentes.

¿Queremos seguir haciendo chistes amargos acerca del Congreso de la República o de funcionarios chabacanos y corruptos que día con día llenan los titulares de los diarios? Entonces neguémosle a las nuevas genera-ciones la oportunidad de opinar, aprender y reflexionar sobre el día de hoy. Muchos espacios han sido desperdi-ciados: bibliotecas, salones comunales, centros culturales en todo el país. Lugares donde se podrían hacer talleres de diálogo y discusión acerca de la Guatemala que hoy vivimos, construir nuevos liderazgos de intelectuales-políticos-humanistas que den punto final a este interminable pasado que vivimos.



miércoles, 2 de septiembre de 2009

HAMBRE

La hija pequeña de la señora que va de casa en casa preguntando si hay ropa que lavar, no pasa hambre.

Las tres niñas hijas de la maestra de educación primaria que da clases en una aldea de Huehuetenango, no pasan hambre.

Los hijos del jornalero que trabaja rompiendo asfalto camino a la costa, no pasan hambre.

La esposa del perito contador que lleva siete meses sin encontrar trabajo, no pasa hambre.

El niño pequeño de la campesina del Petén que tiene VIH, no pasa hambre.

Los dos niños de la joven que trabaja de cortadora en una maquila de la calzada Roosevelt, no pasan hambre.

La familia del chofer asesinado hace un mes, no pasa hambre.

Los 3 hijos del mensajero que gana Q825 mensuales, no pasan hambre.

La esposa y los tres niños del ocasional ayudante de camión, no pasan hambre.

El pequeño niño hijo de la señora que sube a pedir dinero a las camionetas, no pasa hambre.

Los tres hermanitos que hacen malabares en un semáforo de la zona 9, no pasan hambre.

La familia del señor que saca la basura los sábados por la mañana, no pasa hambre.

Las familias que viven en el Relleno Sanitario, de la zona 3, no pasan hambre.
El niño morenito, hijo de una prostituta de la Terminal, no pasa hambre.
Los niños de las aldeas de Chimaltenango que salen a saludar a la Carretera Interamericana, no pasan hambre.
Los miles de inmigrantes que atraviesan la frontera con México ilegalmente, no pasan hambre.

La muchacha que se sienta con sus tres niños durante la tarde en el Parque Colón, no pasa hambre.

El chico tatuado que busca un trabajo que no llega, no pasa hambre.

Los dos hijos de la dependiente de mostrador de un almacén de coreanos, no pasan hambre.




jueves, 20 de agosto de 2009

EL SUEÑO DE LA RAZÓN

Hace tan solo unos años asociábamos la palabra futuro a una imagen muy cercana a la felicidad. Una prosperidad acentuada en las bondades de una tecnología al servicio del confort. Escenas futuristas de un cielo incandescente atravesado por naves interestelares y un tránsito de vehículos desplazándose a toda velocidad por el espacio y tiempo. Cerrábamos los ojos y planeábamos largarnos a ese otro mundo tan perfecto, donde la naturaleza quedaba supeditada a un paisaje de segunda clase y donde la inmensa aplanadora de botones, códigos y micro-gadgets desterrarían de nuestra existencia cualquier clase de trabajo duro. Los libros, las películas y las series de ciencia ficción que disfrutamos en nuestra infancia. Ese futuro que en aquellos relatos se veía tan racional y tan equilibrado.

Pero a medida que hemos ido envejeciendo, el futuro comienza a distar mucho de aquellas imágenes sintetizadas e ingenuas. Acercarse a ver cómo gran parte de la humanidad parece venirse a pique a causa de enfermedades nuevas, hambruna y xenofobia. Acercarse a la guerra y encontrarse con ese armamento tan específico y tan bien diseñado para alcanzar la destrucción total de su blanco en cualquier terreno. Esa destrucción que, desde finales de la década anterior, se ha convertido en un espectáculo rentable para las cadenas noticiosas y para los fabricantes de video juegos. Un marketing muy bien estudiado para una grotesca clase media que engorda frente a sus televisores. El mundo del futuro es la superpoblación, es el deterioro del medio ambiente o son los tratados internacionales, donde los gobiernos corruptos de los países pobres negocian la crisis con los muy grandes capitales transnacionales. Hasta ahí la ciencia y la ficción.

Quizá estemos ante el fin de una narrativa optimista acerca del futuro. Ya Goya lo anticipó en el nombre de un grabado: El sueño de la razón produce monstruos.

jueves, 13 de agosto de 2009

HOSTILIDAD PROGRAMADA III

Una hora antes de que Obdulio fuera asesinado estuvo almorzando con su primo Elder, quien también es piloto de bus. Obdulio y Elder hablaban acerca de no pagarle impuesto a la clica que los estaba extorsionando; ambos creían que la cosa se iba a calmar luego del operativo que había realizado la Policía Nacional Civil hacía tan sólo unos días. Durante esa mañana no aconteció nada anormal. La misma rutina: después de las ocho de la mañana la camioneta se desahoga de pasajeros y se queda con la perpetuidad de vendedores de chicles, bolígrafos y recetas de cocina que suben a ofrecerle sus productos a las señoras que vuelven del mercado cargadas con bolsas.
Pero tan sólo seis horas antes, Obdulio y su ayudante le pedían de mal modo a la gente que se corriera para que le dejaran espacio a las personas que iban subiendo. Una Guernica ambulante. La gente se retorcía entre las filas completamente llenas. Ventanas cerradas, sudor y música reguetón sonando a todo volumen. Otro de tantos buses que, rebalsando de gente, se abre paso en medio del tráfico abominable de las siete de la mañana. Una familia quiere bajar donde no hay parada. Obdulio para a la mitad de la calle. Uno de los niños se pierde entre los cuerpos cuando busca la mano de su mamá, mientras su papá hace lo posible por salir con su hermanito de brazos. Obdulio les grita que se apuren, a lo que el hombre responde desde abajo del bus “Ojalá te maten hijuelagranputa”. La gente apretujada en el bus golpea las puertas, suena los timbres y grita desesperada: “apurate pues”. El piloto siente algo amargo que le baja por la garganta, sube el volumen del radio y continúa su ruta. Esta vez sintió algo muy distinto; fue como si un fuerte escalofrío le estrujara todo el cuerpo.

miércoles, 22 de julio de 2009

CUARTO OSCURO


¿Para qué necesitamos la luz, si hemos permanecido tan cómodos en medio de la oscuridad?

Si de pronto alguien oprime el switch, veremos cosas poco agradables. Tendremos que enfrentarnos contra lo que nos rodea. No se tratará de bultos únicamente, no, seguro habrán muchos desechos viscosos y fecales. Lo que pensamos era solamente un cuarto, se habrá convertido en una especie de calabozo. Muchas cosas que buscamos a tientas se revelarán por ellas mismas. Lo que creímos era una pequeña zanja, será una enorme fosa repleta de muertos. Aquella puerta de salida que creíamos tan próxima, estará muy, muy lejos.

Vivir en un cuarto sin luz puede ser sencillo. Uno se imagina que la descomposición alrededor apenas nos toca. Cuando no se ve, no importan ni el futuro ni el pasado. No importa porque las tinieblas encubren lo visible. No vemos nada alrededor, por lo tanto nada existe más que nosotros. Vamos a tientas, apenas sabiendo.

Si alguno de nosotros quisiera acercarse al interruptor y encender la luz, tendría que vérselas primero con los guardianes, con aquellos que se aventajan con la oscuridad. Ellos argumentan que la claridad sólo complica las cosas, que todo debe seguir tal y como está, que así es y que así debe quedarse. ¿Cuántos de nosotros estamos dispuestos a quitarles ese poder?, ¿cuántos de nosotros poseemos el valor para ver con claridad?


En los cuartos oscuros no hay cambios, porque las verdades son reveladas a medias. Para mantener la oscuridad, hace falta silencio. Un silencio que no exige respuestas. Mientras no exista claridad, nada podrá verse ni entenderse, mucho menos transformarse. Todo irá muy bien hasta que llegue el momento en que la oscuridad nos encierre y luego nos devore. Mientras eso sucede trataremos de avanzar en ella, eso sí, tropezándonos una y mil veces con los mismos obstáculos.

miércoles, 15 de julio de 2009

LA PESTE


Dos libros clásicos acerca de la epidemia: La Peste de Albert Camus y El Decamerón de Giovani Boccaccio. Enormes obras literarias que abordan el tema desde visiones muy distintas.

En la primera, el aire viciado por la enfermedad asola una colonia europea en África. Camus, en un magnífico ejercicio de síntesis, nos pone frente a un espejo: la humanidad entera se divide en dos mundos, el de los sanos y el de los enfermos. Ambos grupos están separados por una enorme barrera de aislamiento. Una ciudad que pierde su condición de metrópoli y queda reducida a un gueto donde cada cual debe luchar por sobrevivir imponiendo la fuerza sobre otros. El encierro como un existir para la muerte.

En El Decamerón, el aislamiento por la epidemia motiva a diez muchachos (7 mujeres y 3 hombres), de la muy renacentista ciudad de Florencia del Siglo XIV, a relatarse durante diez días un centenar de historias profanas. Según Boccaccio la peste negra había acabado con la mayor parte de la población, así que las familias adineradas huyeron de la mortandad encerrándose adentro de sus villas. Esta obra nos da un catálogo de las pasiones humanas proscritas por la moral inquisidora de la iglesia católica. La vida es un instante de plenitud y la muerte es lo único que es seguro. Un ejercicio de la imaginación como vacuna contra las convenciones sociales.

La vigencia de estas obras alcanza esta época. Nuestra tecnológica contemporaneidad no está alejada de los efectos de la peste. Ambos libros no tratan de la enfermedad únicamente, nos hablan desde lo más humano: la búsqueda de un sentido para la existencia. Un sentido, una razón opuesta a ese dejarse morir tan propio de las sociedades inmóviles, pestíferas y aisladas como la nuestra.

miércoles, 8 de julio de 2009

NORMALIZAR Y CONTROLAR


Una salida muy precisa al “vigilar y castigar”, que Foucault denuncia con gran lucidez, ha sido ese “normalizar y controlar” que hoy en día se sobrepone a cualquier acto de afirmación cultural y política. El racismo, los fundamentalismos religiosos, el sexismo, la homofobia y demás prácticas epidérmicas afincadas entre los conservadores más carcas, ya no pueden ganarle la partida a la omnipresente publicidad y sus enormes cantidades de dinero. Como es evidente, los neoconservadores tienen más intereses económicos que posturas morales y éticas, y para ellos resulta muy difícil oponerse a la enorme maquinaria de pisto que repre-senta la rebeldía lite. El mercado ya se dio cuenta de que todo puede ser rentable mientras se transforme en un lifestyle de moda. El chico que antes era etiquetado bajo el estigma de su homosexualidad, ahora vende millones para el mercado explícito de la pret a porter, justo al alcance del bolsillo de cualquier “víctima de la moda”. Antes una imagen que provocaba úlceras gástricas a cualquier pusilánime aficionado al Ku Klux Klan, ahora es la bandera del amor y la —superficial— concordia interétnica en Estados Unidos y Europa. Los gobiernos “dan” espacios a las minorías étnicas (dentro de algunos inofensivos aparatos de Estado) para quedar bien parados ante los cooperantes y demás civilizados patrocinadores. No digamos toda la iconografía revolucionaria que se calca en playeras, discos, encendedores, pocillos y otros souvenirs para sentirse un poco cerca de esa transformación cómoda hacia una izquierda menos radical, más reposada y más narcisista.
Vigilar y castigar dejó de ser el asunto. Ahora el poder aprendió que puede conservarse cediendo un espacio para las nuevas rebeliones, transformándolas en productos rentables que pueden controlarse y transformarse en grupos objetivo.

jueves, 2 de julio de 2009

MARCHITANDO


Antes de ponerse el uniforme, antes de colocarse el gafete y lustrar el pin dorado que tiene en el saco, piensa: ¿será que esta es la vida que me imaginé como vida? Un pensamiento recurrente, una frustración que de pronto le asalta. Pero recapacita y se convence a sí mismo de que ya aceptó esta situación.
De un momento a otro se vio convertido en padre de familia. Un noviazgo breve que luego trajo un embarazo no esperado. Sí, sí, lo entiende, trata de entender, ya no puede hacer nada para cambiar las cosas. Usted no quería llenarse de deudas para pagar una casa tan pequeña en un lugar tan lejano. Usted no quería manejar ese carrito destartalado que se le queda tirado un par de veces por mes. Usted no quería que le pusieran este horrible uniforme que lleva puesto. Alguna vez usted quiso otra cosa. Ser una persona libre, vivir una vida más desahogada. Pero, ¡qué más da! Uno llega hasta donde puede. Uno vive la vida que puede, no la vida que quiere. Sería hermoso que la vida fuera como un disco dvd y darle rewind para devolverse a la juventud. Si eso fuera posible seguro que usted aceptaría con buen ánimo otro rumbo, uno distinto. Todos tenemos o tuvimos la capacidad de decidir. No sirve de nada lamentarse y volver a la casa rabiando contra la rutina y el cada vez más escaso salario que recibe. No sirve de nada culpar al mundo por el destino que usted construyó para sí.
Siempre algo se está marchitando y algo viene floreciendo: ¿Qué le aconsejará a sus pequeños hijos?, ¿qué les recomendará que hagan para ser libres y felices?, ¿cómo podrá evitar que ellos sorban el trago amargo de los sueños perdidos?

miércoles, 17 de junio de 2009

ILEGAL

Ilegal lanzarse del puente del incienso. Ilegal fumar mientras se bebe café en un restaurante. Ilegal irse a Estados Unidos buscando ganarse la vida. Ilegal hablar contra la usura de los bancos. Ilegal manifestarse contra el gobierno. Ilegal manifestarse a favor del gobierno. Ilegal ser delincuente activo. Ilegal ser delincuente rehabilitado. Ilegal llevar pasajeros en la moto. Ilegal el trabajo infantil. Ilegal el comercio sexual. Ilegal tener tatuajes. Ilegal comprar discos pirateados...
Entre lo legal y lo ilegal existen demasiadas palabras muertas.
En Guatemala tenemos una característica: nuestro delirio desborda nuestra realidad. Afectos a la improvisación, los guatemaltecos siempre podamos las ramas sin arrancar las raíces. Esos menesterosos y ridículos intentos de orden: una multa de Emetra por no cargar puesto el cinturón de seguridad, mientras que un autobús rebalsando de gente se pasa en rojo frente a los ojos del agente que nos sanciona; una cacería de evasores fiscales entre los pequeños establecimientos del Centro Histórico, mientras que cientos de ventas informales ocupan las aceras; una sanción contra el dueño de un bar porque alguien enciende un cigarro, mientras que docenas de empresas arrojan su basura en lagos, ríos, barrancos y mientras que transportistas (con subsidio estatal) sacan sus obsoletas máquinas de humo.
En este país los únicos ilegales son quienes tratan de cumplir la ley. Así creemos que la legalidad se impone tan sólo con escribir leyes. Inventar prohibiciones y arrojarlas encima de la desigualdad e injusticia es una dinámica que nos lleva a la impunidad y al desgobierno. No se puede respetar algo que no ofrece ser ecuánime y ajustarse a todos por igual. Para lograr que este país sea un lugar “habitable” es necesario transformarlo a profundidad. Por desgracia esto no se logrará mientras no se resuelvan los problemas detrás de algunas palabras prohibidas: reforma, salarios, educación, igualdad ante la ley...

miércoles, 10 de junio de 2009

BROMA SINIESTRA


“El Estado es la realidad de la idea moral”, dice Jorge Luis Borges citando a Hegel. De ser así, el diagnóstico que le podemos dar al Estado guatemalteco es el de Estado de Coma. ¿Por qué? Sencillo, nosotros no nos identificamos con las instituciones que nos administran. Para el común de los ciudadanos, los servicios públicos siempre son ocupados por bandas de oportunistas y saqueadores, en nada ejemplares. La verdad es que el espacio político no ha hecho nada por demostrarnos lo contrario. Mucho de lo que llena espacios en los diarios trata sobre la corrupción, el vejatorio espacio de los salarios en las instancias de gobierno. Ya se sabe: diputados, oscuras secretarías y determinados ministerios gozan de completa impunidad en cuanto al gasto que se eroga en el pago de sueldos y dietas. Irresoluble y lamentable. No existiría esta queja si, cuando menos, la mayoría de los guatemaltecos tuviera un salario mínimo o, cuando menos, un salario.
El Estado para nosotros es algo impersonal. De eso que robar del presupuesto, para la mayoría de quienes nos han mal gobernado, no es robar. Supongo que para ellos ha sido como asestarle golpes a un cuerpo inmóvil dentro de un cuarto oscuro. No hace daño, porque no se pueden distinguir sus rasgos humanos. Los cargos no se asumen por méritos propios y se hace poco por alcanzar dichos méritos durante el mismo ejercicio del poder. Se recurre a la vía de la propaganda para justificar la impopularidad y la incapacidad de lograr consensos entre nosotros.
Para quienes subrayan que el populismo es una característica de los políticos de izquierda, les pido que analicen el discurso simplista de la derecha en Guatemala: una continua verborrea en defensa de los mercantilistas, bajo el manoseado término de “inversión para el desarrollo”. También corrupción y oportunismo.




miércoles, 3 de junio de 2009

LIBERTAD ASEQUIBLE


Un poco de libertad asequible es un riesgo. Quizá porque un concepto tan abstracto y tan vago como “libertad” es algo que nunca aprendimos. Nuestra infancia la transitamos en pequeños reductos de totalitarismo donde únicamente nos encaminaron hacia el fanatismo religioso o hacia el funcionalismo laboral en su escala más mediocre.
La libertad, en la porción que me corresponde, es la libre expresión de las ideas. No existe nada más preciado que poder enunciarse, cuestionar y explorar las orillas más desconocidas del humanismo. Poner límites a la expresión es el recurso más cobarde que sostiene cualquier dictadura. Una actitud que, salvo algunos polvorientos feudos de Oriente Medio y otras dinastías fascistas en América Latina o África, casi se ha extinguido.
Admiro los postulados de la libre competencia. Competir es prevalecer y arriesgarse muy por encima de las barreras. Ese espacio donde se imponen la voluntad y el mérito, muy por encima de los proteccionismos, las prebendas y las fusiones monopolistas. Un postulado válido: libre empresa. Sin embargo, la libertad como práctica económica es algo que no termino de comprender; siempre me zumba un enjambre de preguntas al margen de la defensa que se hace de este tópico: ¿quiénes son aptos para la competencia?, ¿se puede competir libremente sin disminuir el gran abismo entre la riqueza y miseria?, ¿se puede erradicar el odio de clase aduciendo que todo es cuestión de asumir una actitud?, ¿qué sucedería si en un país como Guatemala descartáramos cualquier política social?
Aunque las dudas no me quedan muy claras, estoy seguro de que no hay otro camino que la libertad. Contra los dogmas de la propaganda y el caudillismo. Ya aprendimos de memoria esa amarga verdad: la condición humana es proclive a cerrar cualquier salida y a corromper cualquier utopía.


miércoles, 27 de mayo de 2009

Conocí a Fú durante un taller de poesía que impartí en el colectivo Caja Lúdica. Un muchacho que apenas pasaba de los 20 años. Bajito, con un corte de pelo bastante curioso (enrulado como un brócoli) y con un manejo del caló que era impermeable a cualquier traducción. José Osorio, mi entrañable amigo y coordinador de esta organización, me lo asignó como ayudante durante este breve curso. Fú me apoyaba colocando el equipo en el salón y sacando las fotocopias del material para leer.
Cada clase la terminábamos con discusiones muy apasionadas acerca de Walt Whitman, Pessoa, Ezra Pound o Alejandra Pizarnik. Se trataba de un grupo de adolescentes muy sensibles y que, al igual que Fú, venían de barrios y asentamientos completamente cooptados por las maras. Devoraban los textos y prestaban cuidadosa atención a todo lo relacionado con el arte y la literatura. Mi taller ocupaba la mañana del lunes y del miércoles, creo que por la tarde asistían a cursos de teatro y comparsa. Un desfile muy colorido de personajes bailando sobre zancos y sonriendo.
Un año después recibí una llamada de José. Fú había sido baleado. Descargaron un arma automática en sus piernas. Venía de dar una función como payaso a unos niños en Villa Nueva. Sobrevivió, pero no volvió a caminar. ¿Pueden imaginarse?: un muchacho pobre, con hijos pequeños y condenado a la parálisis... fue algo sumamente difícil.
Años después lo volví a encontrar. Me contó de su recuperación y de que trabajaba con chicos de un asentamiento en un grupo de teatro comunitario. Me alegró mucho verlo. Pocos días después recibí por correo electrónico la noticia: Manuel Ambrosio Orozco, Fú, cayó muerto a tiros cerca de su trabajo. Lo sentí demasiado, aunque no hubiera marchas ni esquelas, ni pancartas. Aunque hasta ese momento supe cuál era su verdadero nombre.

jueves, 21 de mayo de 2009

UNA VISIÓN


¿Dónde estaremos dentro de diez años? ¿En qué clase de país viviremos los guatemaltecos? Si las cosas siguen como están, creo que estamos condenados a un triste futuro. Cooptados por la lógica de la corrupción, por el boicoteo político, por el chanchullo mediático, por el descaro, la mediocridad y la indiferencia campante dentro de la clase dirigente. Si seguimos balando con-signas y rumiando viejos traumas, estoy seguro de que nuestra participación dentro de este incompleto proyecto de nación no pasará de ser la de eternos acarreados. Un rebaño útil para derrocar o para mantener gobiernos.Siempre con cara de babosos. Organizamos firmas, asistimos a marchas, pintamos mantas y generamos serias congestiones de trá-fico. ¿Para qué?, para nada. Queremos quitarnos el dolor de cabeza, cortándonos la cabeza. Queremos que todo cambie, pero manteniendo las viejas estructuras. Un movimiento social no es un desfile masivo de inconformes; la inconformidad sin ideas y sin una vi-sión clara de las cosas no cambia nada.Es necesario ver detrás de lo aparente. ¿Quiénes mueven los hilos del crimen, de la evasión fiscal y del narcotráfico? ¿Quiénes son los guardianes de este oscurantismo? Creo que muchas de estas personas son poco visibles, permanecen ocultas detrás de puestos de gobierno, académicos o empresariales. Lucen inofensivos y por ello han permanecido durante décadas atrincherados detrás de la incompetencia de los electoreros de turno. Se valen de que nadie sale limpio en su paso por la política. Saben las mañas, saben cómo resolver las crisis por medio de “viejos métodos”, pero cuando una cabeza debe caer, por supuesto, nunca es la de ellos. No hay que enfermarse de falso optimismo. Para que todo se transforme se necesita transformar el futuro en el presente. Nuevas soluciones para viejos problemas, sí, eso.

miércoles, 6 de mayo de 2009

CÓMO ESCRIBIR UN BEST SELLER LATINOAMERICANO


1.Su personaje debe ser, o un dictador, o un héroe. Incluso puede ponerlos a ambos en el mismo contexto y hacer que el relato sea una trama seudohistórica llena de intriga, crueldad y salvación.

2. Si optó por un dictador, haga que sea un villano despreciable: Rafael Trujillo, Anastasio Somoza, Augusto Pinochet y Jorge Ubico son excelentes. Es importante que a su relato le añada elementos de intriga y conspiración que inviten al lector a avanzar sin pausas.

3. Si optó por el segundo personaje, el héroe, le recomiendo que le dé todas las cualidades de un mártir, un santo, un sabio, un James Bond y un mutante con superpoderes. Una profunda entrega moral a sus principios ideológicos debe ser su principal característica. Puede ser un presidente derrocado o un caudillo revolucionario. Mejor si es asesinado vilmente en el último capítulo, y mejor aún si se le anexa un apéndice esperanzador que diga que su sacrificio no fue en vano.

4. Si ya eligió su personaje, le recomiendo un contexto adecuado. Los mejores paisajes son los sudorosos ambientes de costa. Si no tiene otra opción que ubicar la trama en la ciudad, describa una provincia llena de papayas y loros. Piense que mucha gente en Estados Unidos y Europa no puede imaginarse que en Latinoamérica existan carreteras, edificios monumentales y luz eléctrica.

Y 5. Siempre debe existir una historia de amor. Un romance mágico cuyos protagosnistas sean un par de civilizados amantes. Dos seres condenados por la miserable rutina del subdesarrollo a tener un amor politizado. Mejor aún si su novela tiene como título el nombre de un bolero.

Luego de todo esto, consiga un hábil agente literario y listo. Su éxito está garantizado.

lunes, 27 de abril de 2009

MATAR

Desde los asesinatos rituales que surgieron en los inicios mismos de la humanidad, pasando por la sordidez de tantas guerras interminables y llegando hasta nuestros tiempos y sus continuas apologías del crimen que se mantienen con gran éxito en la industria del entretenimiento, matar sigue siendo lo mismo: algo indeseable y repugnante, pero culturalmente permitido.
A medida que nos vamos adentrando en la Era del Confort —llena de novedades tecnológicas, comida hormonalmente veloz e incansables bombardeos publicitarios—, cada vez se hacen menos comprensibles las razones que llevaron a nuestros antepasados a matar o a morir buscando defender ciertos principios. Queremos tener una vida sin aspavientos donde todo llegue a nuestras manos con sólo pedirlo. Hasta matar a los animales que nos proveen de alimento nos parece algo miserablemente cruel, pero no por ello estamos dispuestos a renunciar a su producto, sólo queremos evitarnos el malsano espectáculo de ver como es sacrificado.
Hoy en día matar tiene muchos significados. Es un acto vil y repugnante, pero está presente en nuestros pensamientos cuando nos sentimos amenazados. Matar el mal, esa es la base donde se fundamenta la tranquilidad y la justicia en nuestras sociedades. Pensamos que aquellos que matan deben pagar con su vida el daño que hicieron. Apelamos por una pena de muerte sin contemplaciones. Ahora me pregunto ¿Será que cualquiera de nosotros tiene el valor de acabar con la vida de un delincuente con tal de que se cumpla la ley? ¿Ten-dríamos el valor para dispararle mientras lo vemos a los ojos? No lo creo. Será necesario recurrir a una persona que no le tiemble el pul-so para hacerlo. Debe ser otro el que cargue con esa muerte, pero nosotros no. Nosotros queremos tener una vida limpia y sin remordimientos.

miércoles, 22 de abril de 2009

TRANS 2.0: también hay trampa cuando uno se muere



No jaibito, también hay trampa cuando uno se muere, cuando se te mira en tonos grises cayendo, cuando se te aparece un perro a lamerte el costado de la herida, y tiran el cuerpo del otro compadre en un basurero.

También hay trampa en los que no se olvidan, en capturar la imagen de un cadáver rodando, cayendo del lomo de una burra hasta el suelo. Los olvidados no están cabales, más allá del obsoleto conteo de las cruces a la par de cualquier nombre, más allá del ruido de las plazas y los pañuelos atados voluntariamente al cuello para recordar en technicolor el mismo áspero aullido de las mejores, de las normales, de las peores mentes de tu generación y de la que sigue, y las que como todas caerán de rodillas al final de un horizonte atemorizado por la redondez de tanta tierra.

No jaibito, hay chanchuyo, premeditada alevosía de la misma mirada a blanco y negro de todos los que se cubren de polvo en construcciones derruidas y casas abandonadas. Las niñas hermosas siguen vaciando leche sobre sus muslos, y los jaibitas seguimos retorciendo las palabras para acercarnos a la piel madura del amor.

No se vale hermanito ver tu cuerpo cayendo en una pantalla a blanco y negro, ahora que casi logramos reproducir todos los colores en las salas de cine, aunque la oscuridad allá adentro sigua repartiéndose en la mirada asustada de nuestros ojitos asustados.

Igual nos sigue retorciendo el pecho ver desde una butaca cómo se cae, cómo se revienta el cuerpo en un camino descascarado, no jaibito, no se vale, eso es trampa. 

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miércoles, 8 de abril de 2009

ZONA 1



Es un Miércoles Santo y el calor no aporta demasiado a mi paciencia. Voy junto a mi hijo en un carro sin aire acondicio-nado. El simple recorrido de cuatro cuadras se ha vuelto un martirio, todas las calles están cubiertas por procesiones, cu-curuchos y gente haciendo alfombras. El ruido, el color morado por doquier y los chalecos fluorescentes de los agentes de Emetra son el merecido castigo para todos mis pecados (que son muchos). Digo un par de blasfemias y mi hijo me dice con solemnidad: “papá, ellos tienen derecho a expresar su fe”. El niño tiene diez años.Vivir en la zona 1 es asumir cierto apostolado en función de los derechos de los demás. Hace cuatro días la Huelga de Dolores también marchó por el Centro. Con la misma entrega y la misma devoción que los amigos católicos, los estudiantes de la Usac lucieron sus relucientes carrozas y disfraces. Seguramente el único Love Parade neo-nazi que se hace en Latinoamérica, lo mismo de siempre, matar mareros, sodomizar políticos y lamer a secretarias del Congreso. Pero la cosa no se queda en Semana Santa. Durante todo el año están presentes las consabidas movilizaciones y protestas a favor o en contra del Gobierno (que curiosamente nunca se acercan ni un centímetro a las zonas de poder económico. ¿Será que no están en el contrato?). Y para terminar las iglesias evangélicas portátiles que cada domingo montan torres de bocinas para que sus pastores se desgañiten predicando en el Parque Centenario. En fin, ¿qué le puedo contestar a mi hijo? Sí, ellos están en su derecho. Uno es el intolerante y el reaccionario. Algunos cedemos más para que a otros les sean indiferentes nuestros derechos. Así es y ha sido la vida en Guatemala.

miércoles, 1 de abril de 2009

ROJO


¿Cuál es el país que esperamos? Paso las páginas de los periódicos guatemaltecos. La sección de noticias relacionadas con la violencia. Ese tsunami de asesinatos, extorsiones y secuestros que recrudeció en días recientes, dejándonos en la desolación absoluta. La sangre es un suplemento más en los matutinos. Así como existen campañas para apagar las luces durante una hora y con esto aportar una conciencia general ante el problema energético, es muy necesario que tengamos un día –uno solo– dedicado al luto y a la solidaridad con las víctimas de la violencia. Con esto me refiero a que la industria de la sangre sea eliminada de las carteleras de los cines, de la publicidad para las tiendas de armas y de los canales de televisión durante 24 horas. Que los tabloides tengan un tiraje en letra roja y que las fotografías de las víctimas de la violencia no muestren únicamente a un cadáver más, sino a un ser humano que dejó huérfanos, viudas y padres en duelo. Que manifestemos pacíficamente en cada una de las ciudades del país. Y que, por favor, las altas autoridades de Gobierno no minimicen la realidad aduciendo que se trata de ataques políticos dirigidos al partido gobernante, porque somos personas, no meros peones en el tablero del ajedrez político.Tanta noticia funesta nos hace insensibles. Hemos superado el umbral del dolor. Seguimos aterrorizados por el fantasma del conflicto armado, donde pareciera que aniquilaron todo nuestro heroísmo, dejando individuos aislados y conformistas. Criticar sin comprometer-se en acciones concretas es demagogia. Así que pasemos de la demagogia a la acción ¿Cuándo y dónde nos organizamos?, ¿dónde puedo ser útil?

miércoles, 18 de marzo de 2009

BARROCO

Rostro lleno de sangre. Latigazos en la espalda. Labios reventados. Pies destruidos con clavos. Ojos fuera de sus órbitas. Dedos encarnados. Espinas agrietando la frente. El dolor más profundo. La expiación. Las imágenes que abrieron la brecha a la conquista española. Artistas y artesanos de enorme talento esculpieron toda esa iconografía que permanece resguardada en los retablos dorados de las iglesias colo-niales guatemaltecas. Nuestro país es acaso el más devoto de toda América. Durante la Semana Santa nuestra imaginería sale a las calles. Andas de cucuruchos le dan color al duelo. La pesadilla de la muerte en hombros de los feligreses. Una ceremonia imponente llena de alfombras multicolores, humo de incienso dulce y el cadencioso reptar de las marchas fúnebres que nos causan sobrecogimiento. Son siglos de tradición. La tradición de la plegaria y de la culpa que se define en lo más profundo de nosotros. Hace un par de semanas un maestro fue asesinado por adolescentes dentro de una correccional de menores. El crimen es tan aberrante que asemeja un ritual. Asesinar en Guatemala está convirtiéndose en una suerte de ceremonia. Beber sangre. Arrancar entrañas. Mutilar cuerpos. ¿Qué pasa? Sin lugar a dudas vamos de vuelta hacia los orígenes mismos de la barbarie. Los miles de víctimas vergonzosamente contabilizadas durante lo que va del año, son la representación misma del sadismo más barroco. Son representaciones del dolor. Llagas idénticas a las talladas en aquellos cuerpos que surcan la ciudad encima de las andas. La diferencia es que sus familiares sobrevivientes no llevan lágrimas cristalizadas ni trajes de púrpura ni de terciopelo y nadie se solidariza con su duelo. Sin duda hemos alcanzado el vacío absoluto: nuestro particular culto a la crueldad. Nuestra persistente devoción al dolor.

miércoles, 11 de marzo de 2009

PUNTOS SUSPENSIVOS



“No toda la gente se corrompe… debes tener más fe en la humanidad”, le dice una adolescente Mariel Hemingway a un cincuentón Woody Allen en la escena final de la película Manhattan. La respuesta de la muchacha es conmovedora, con-tundente. La derrota no existe desde siempre; la derrota es un hábito que se adquiere cuando hemos fracasado ante noso-tros mismos. Son tiempos duros para Guatemala. Es muy difícil hablar de esperanza cuando somos blanco fácil para la violencia y esta-mos desprotegidos ante la crisis económica. Entonces hablar de optimismo nos suena paradójico, cursi y sin sentido. Pensamos que sólo nos queda administrar el fracaso, quedarnos a la orilla y masticar nuestra rabia. A pesar de ello siempre existe alguien que habla de cambio. Ya nos encariñamos con la derrota, así que emprendemos una cruzada para desmantelar su aparente ingenuidad. Lo atraemos hacia nuestra orilla: la isla cómoda y decente de los fracasados.Que el Estado sea un fracaso no nos excluye de responsabilidades. Cuando la organización de un país falla es culpa de todos. Somos millones los que vivimos aquí, la culpa no la tiene sólo la elite económica ni el intervencionismo extranjero ni los parti-dos políticos. A todos ellos les cedimos la toma de decisiones. Ellos son la mejor excusa para justificar esa apatía y esa falta de iniciativa que nos sostiene en lo disfuncional. Ellos sostienen nuestra retórica de la inacción. No todos los guatemaltecos cabemos en ese esquema. Sé que no todo está perdido. No todo es desencanto y ruina. Todavía existen locos e ingenuos idealistas. Todos ellos jóvenes de cuerpo o de espíritu. Así que si somos felices en la mediocridad, si no proponemos algo nuevo, por los menos tengamos la decencia de hacernos a un lado. No seamos de los tantos obstáculos que ellos deben superar.

jueves, 19 de febrero de 2009

POE


Este año se celebran 200 años del nacimiento de uno de los más importantes escritores de todos los tiempos: Edgar Allan Poe. Muchas actividades alrededor del mundo reunirán a nuevos y a viejos lectores de este genial autor norteamericano. No es para menos. El creador de relatos, como William Wilson, Los Crímenes de la Calle Morgue o La Caída de la Casa Usher, merece que los millones de admiradores de su obra le hagamos, cuando menos, una breve reseña.Volviendo los ojos a los cuentos de Poe —tantas veces releídos y citados— descubro, en su solitario y dipsómano trabajo de escritor, muy agudas observaciones acerca de lo más profundo de la naturaleza humana. Nos devela esas contradicciones de la moral puritana y los encubiertos rituales de odio con que se fundamenta la intolerancia. Sus personajes son el reflejo de la angustia y la paranoia de la sociedad moderna. Tanto en sus cuentos, como en su poesía, parece suspendernos en un espa-cio de oscuridad cautivante, donde el interior del ser humano se transforma en un enorme laberinto asediado por el constante espectro de la melancolía y esas pequeñas muertes en vida que nos da la distancia y el aislamiento con el mundo. Otro de los grandes aportes de Edgar Allan Poe es el de dar inicio a la tradición del relato policíaco. En sus cuentos se entremezclan el suspenso, el ensayo criminalista y la ecuación matemática dando como resultado historias sumamente curiosas y entretenidas. De ello que mucha de su obra esté adaptada al cine, con muy buenos o con muy malos resultados, siendo el literato con mayor influencia y po-pularidad entre el gran público. Si usted nunca lo ha leído, se ha perdido de mucho. Se lo puedo decir con toda sinceridad.

jueves, 12 de febrero de 2009

APOLOGÍA DEL ODIO

Para odiar no necesitamos mayores razonamientos. Se puede odiar a cualquier persona sin conocerla. Podemos odiar una manera de pensar que de inmediato nos resulta repulsiva o un razonamiento que va contra nuestros valores y principios. Ante la triste verdad de que todos los seres humanos somos distintos y de que las ideas entre una persona y otra son tan diversas, no queda otro remedio que amar lo que se conoce y odiar lo desconocido. Nada enciende tanto rechazo en noso-tros como aquello que nos rechaza. Así que la chispa del odio también necesita de más odio para que todo arda. Si un sentimiento es correspondido, crece, y si crece, se propaga.La Historia, leída y estudiada sin profundidad, hace que el odio traspase una y otra generación como si fuesen papel calco. Los vencedores —los que al final narran los hechos pasados— son los que construyen el prejuicio sobre los vencidos. Los vencidos cargan no solamente con la derrota, también con el desprecio y el odio. Pero: ¿Cuánto nos facilita la vida el odio? El odio justifica la esclavitud, los exterminios masivos y todas las prácticas reli-giosas aberrantes que existen. El odio también construye: construye fanatismos y nuevos venenos que se inoculan en mentes jóvenes dando como resultado guerras interminables o separatismos ridículos. Odiar es diseñar el desierto, es crear la esterilidad. El odio es una muy cómoda impotencia. Hagamos este ejercicio, la próxima vez que encontremos otro nuevo criminal en las fotos de prensa, odiémoslo con todas nuestras fuerzas, enviémosle todo nuestro desprecio y luego esperemos a ver qué pasa. El criminal se irá, como todo, pero el odio siempre permanece.

jueves, 5 de febrero de 2009

HAMELIN

Me pregunto: ¿Por qué nos hemos convertido en esto tan predecible? ¿Acaso siempre hemos sido así: poco imaginativos y poco juiciosos? Un país deforme y uniforme. Acostumbrado a cubrir el engaño y la pérdida. ¿Es posible que todos los males sean achacables al conflicto armado o a la enajenación de los medios o al poquísimo esmero que las instituciones han puesto para divulgar la lectura? Basta con saber lo que el guatemalteco quiere y luego servírselo una y otra vez. Su música la podemos hallar, repetida y sin matices, en casi todas las emisoras. Sus programas de televisión son una larga letanía de noticieros amarillistas, telenovelas y programas de concursos. Cabe preguntarse en qué radica ese miedo a buscar o a construir un público nuevo y más exigente por parte de los empresarios. Sin libre competencia y sin diversidad, las empresas se han convertido en enormes burocracias. A los monopolios no les quitan el sueño las opiniones de sus clientes ni el mejorar el gusto de sus “consumidores cautivos”. Les basta con un país acomplejado que nunca busca opciones ni compara calidades. Los guatemaltecos hemos normalizado el fracaso a tal punto que ya no tenemos expectativas de cambio. Una rutina de mediocridad y hartazgo que en los últimos 20 años alcanzó su cima. De eso que invertir en el conformismo sea para muchos la flauta de Hamelin, que mueve millones de quetzales año con año. Por ejemplo: la Selección de Futbol y ese sudor cervecero que nos deja en cada una de sus derrotas. Necesitamos ideas, nuevos referentes y símbolos que nos singularicen entre el hartazgo y el desencanto que ofrece este “más de lo mismo”. Esta dolorosa realidad anestesiada por la hipnosis del querer ser cualquier cosa, menos lo que somos en esencia.

jueves, 29 de enero de 2009

SOCIEDAD DEL ESPECTÁCULO

Una sociedad saturada de información, es una sociedad que olvida rápido. Todo lo que hoy es el blanco de la provocación suele convertirse en un ritual instantáneo que no pasará a la siguiente semana. Digámoslo así. Todo funciona para alimentar ese fuego inextinguible del morbo, que se acrecienta según el número de espectadores. Espectadores que no son otra cosa que zombis que reciben la información, que la rumian y luego la desechan sin que les deje alguna sustancia. El conflicto palestino-israelí, luego de airadas protestas, huelgas y encontradas opiniones, fue desplazado del ranquin de la información por la toma de posesión del presidente Obama. “Los ojos del mundo”, como le llaman a la manipulación del criterio que manejan los medios globales de comunicación, se trasladaron hacia Estados Unidos. La mayoría de sesudos analistas que una semana antes parecían desangrarse junto a las decenas de miles de cadáveres que provocaron los misiles, ahora apuntan su dirección hacia otro tema. Algo que vuelve a confirmar que la provocación irreverente y la indignación ante el sufrimiento por parte de muchos redactores de opinión, no es más que espectáculo. El mundo requiere de muchas catedrales para colo-car en ella a todos los intelectuales consecuentes y a todos los magnánimos mega-empresarios que nos muestran con imá-genes de alta definición todo el sufrimiento de la gente que no conocemos.La crítica aséptica y el tomar partido en situaciones que desconocemos a profundidad hacen que de pronto nos veamos como turistas en una realidad que millones de personas viven cada día. Tener un espacio en un medio de comunicación no debe quedarse en el vacío de ideas que nos conduce al oportunismo maniqueo y a la crítica superficial.

jueves, 22 de enero de 2009

PORCELANA

Justicia es una de las palabras más manidas y utilizadas del diccionario. Uno de sus significados es el de “dar a cada uno lo que le corresponde o pertenece”. Si nos apegamos a este significado básico, alcanzar esa sociedad justa, que tanto se men-ciona, debe ser tan difícil como construir una ciudad de porcelana y luego vivir en ella. Su fragilidad nos inmovilizaría, sería imposible llevar nuestro habitual y pesado ritmo de vida saturado de cosas y de congestionamientos.
Leyendo columnas periodísticas, escuchando comentarios de líderes y respuestas de funcionarios de Gobierno, uno se encuentra frecuentemente con este término abstracto al que se le adjudica siempre un suspiro y se le pronostica un futuro muy, pero muy remoto. Porque estamos prestos a exigir compensación y equidad, pero la mayoría de nosotros actua-mos de una manera muy distinta a lo que pedimos de los demás, obviando siempre nuestras pequeñas injusticias cuan-do las comparamos con esos enormes y bochornosos casos de ilegalidad. Creemos que ser justos es actuar únicamente con apego a la ley; ¿acaso la ley guatemalteca es justa?
El salario que recibe la mayor parte de la población es vergonzoso y miserable. Nosotros, incluso, se lo regateamos a nues-tros empleados. Existen una y mil formas de evadir los impuestos. Nosotros los evadimos. Si tenemos la oportunidad de robar tiempo a nuestro horario de trabajo, lo hacemos.
La justicia nunca llegará si únicamente la invocamos y nos rasgamos las vestiduras ante la barbarie. Debemos ver cómo aplicamos este término a nuestras vidas y luego exigirlo. Ojo: la injusticia también puede quedarse muy escondida detrás de nuestro exigente papel de víctimas.

jueves, 15 de enero de 2009

LOS PARIENTES POBRES

“Los parientes pobres siempre son parientes lejanos”. Metiches e insolventes, los centroamericanos somos los parientes pobres de los países de América. Entrampados en deudas interminables, guerras y dictaduras. El factor común de nuestros 5 países pareciera ser el de siempre estar iniciando sus democracias. Somos los árboles más torcidos que dejó la Época Colonial. Llenos de revoluciones fallidas y de anemias productivas, siempre queremos colarnos a la fiesta de los estados más desarrollados para salir en las fotografías posando nuestros modestos atuendos. Siempre pidiendo algo. Buscando compradores caritativos de nuestros productos. Constantes en las planillas de pago de las agencias de cooperación. Exhibiendo por todos lados nuestros vergonzosos índices de analfabetismo. Defenestrando a nuestros intelectuales. Encumbrando políticos rancheros y charlatanes que han lisiado hasta lo más profundo nuestra fe. Nunca intentamos nada diferente si no lo ha empezado otro. Segundones en la fila, queremos ver resultados de forma inmediata, porque siempre estamos ahogándonos en la desesperación. Teniendo enormes talentos emergentes, sólo celebramos las viejas novedades y las glorias pasadas con sus edulcoradas consignas. Esa envidia tiñosa al jardín de al lado. Parecemos una familia numerosa repartida en 5 cuartitos.
Quizá lo más curioso de los centroamericanos es nuestra posición geográfica. Parecemos una larga carretera de paso llena de foquitos y ventas de recuerdos. Cerca de los potentados del norte y de la efervescente economía del sur, nuestra gran contradicción es vernos tan distantes de ellos. Distantes de las enormes ambiciones.
Soñar es un término evitable gracias al patético uso que le dan algunos negociadores del fracaso. Pero es necesario desear otra realidad y no simplemente quedarnos resolviendo nuestros males inmediatos. Eso es lo que nos hace pobres hasta el desconsuelo.

lunes, 5 de enero de 2009

RAROS PEINADOS NUEVOS

Aquello que fue vilipendiado y perseguido, de un momento a otro, se ha transformado en una expresión completamente común. Todos esos temas tabúes con que crecimos o esas situaciones que antes eran parte de la marginalidad más retorcida, ahora re-sultan animando charlas de sobremesa entre las familias más normales y silvestres. Hace 25 años, por ejemplo, hubiese sido impensable que un chico de pelo largo paseara por cualquier ciudad latinoamericana ves-tido con una camiseta del Che Guevara. Tampoco podíamos imaginarnos esos extraños programas de televisión, donde amas de casa cuentan con lujo de detalles que su marido es un bígamo enrolado en alguna secta extraña que celebra la eutanasia o a los ovnis. Nunca imaginamos ver a las parejas gays, de la mano, haciendo compras de Navidad en los centros comerciales. Lo que ha permanecido oculto durante mucho tiempo seduce precisamente por el morbo que lo ha encubierto. De esa cuenta que las sociedades más vigiladas y constreñidas por ideologías totalitaristas o fanatismos morales y religiosos sean tierra fértil para que florezcan subculturas que busquen un nicho para formas de pensar y de actuar que se opongan a lo establecido. Una sociedad liberal es una sociedad tolerante. La tolerancia es mucho diálogo y mucho respeto por todas las diferencias. Ese respeto que convierte las rarezas en expresiones humanas. Un respeto por la libre expresión, que es el mejor antídoto contra la radicalidad en su forma más nefasta: el odio. La historia nos lo revela con exactitud: el tiempo pasa factura a los intolerantes. Quienes se han negado a dialogar con las diferencias, terminaron siendo caricaturizados por todo aquello que marginaron y persiguieron con violencia.