miércoles, 30 de mayo de 2012

BIENAL 18

En la organización cultural existe un número de sobrevivencia: el tres. Si una revista pasa de los tres ejemplares se convierte en un referente. Si un festival pasa de tres ediciones, afirma su continuidad. Por algún extraño motivo el entusiasmo y la terquedad de los gestores culturales guatemaltecos debe sobrepasar la trilogía para garantizar su permanencia. Al sobrepasarse esta meta, podemos decir que estamos ante una institución cultural.

Bienales existen en los cinco continentes. Se trata de muestras colectivas que se realizan cada dos años y que nutren ese extraño (y siempre creciente) interés del público por el arte. En términos de imaginación no existe subdesarrollo, tal categoría responde únicamente a lo económico, en la cultura no hay Tercer Mundo, porque el talento supera la marginación. De eso que mantener un espacio cíclico de exhibición de los avances culturales en países como Guatemala es algo imprescindible.

Para el próximo sábado 2 de junio se abrirán las puertas de la XVIII Bienal de Arte Paiz, con la promesa de dar al espectador una perspectiva del amplio horizonte de posibilidades creativas en el arte contemporáneo guatemalteco. Las salas de exhibición se han trasladado al Centro Histórico y tendrán sedes diversas, todo con la intención de crear una ruta interactiva entre la gente que deambula cada día por la Zona 1 y los distintos públicos que visitan las actividades culturales. La selección de la presente bienal incluye tanto a artistas referenciales como Luis González Palma, Isabel Ruiz, Daniel Chauche, Pablo Swezey o Moisés Barrios, junto a quienes hoy en día marcan una importante tendencia dentro del arte centroamericano.

No es fácil explicar lo que significa el arte para una sociedad como la nuestra, pero es importante nutrirse de éste para comprender que, lejos del marasmo de politiquería barata y estadísticas deprimentes, existe un visible interés por el pensamiento y la sensibilidad entre los guatemaltecos. Me siento muy honrado de formar, junto con Anabella Acevedo y Silvia Herrera Ubico, el equipo de curadores que conformó Santiago Olmo para esta edición. Están todos invitados.

miércoles, 16 de mayo de 2012

ERNESTO CARDENAL

Revisando suplementos culturales en línea, encuentro la foto de un distante Ernesto Cardenal, al pie viene escrita una apología al poeta nicaragüense con motivo de haber recibido el Premio Reina Sofía 2012. Hace unos años tuve el privilegio de sentarme junto a él en la mesa de un restaurante en Granada Nicaragua, pero durante una hora escuchamos el insoportable monólogo de un escritor local y no pude dirigir ni una sola palabra al maestro. Cardenal, al igual que en las imágenes de los diarios, parecía ausente al entorno de los poetas que asistían a ese caluroso festival de febrero.
En la obra de Ernesto Cardenal se revela aquello que Pound enmarca como verdadera literatura: Es idioma cargado de sentido – nos dice. No me corresponde hablar de la trascendencia de nada, sólo el tiempo define tal cosa, únicamente decir que sus libros de inmediato nos desconectan de la retórica edulcorada de la literatura escrita en español y nos empujan hacia una región donde la palabra es clara y contenida. 

Luego viene lo extra-poético: un poeta funcionario. Aquí es donde brota la urticaria de la demagogia romántica de los escritores actuales. Sin embargo, en una revolución fallida en su promesa de continuidad, integridad y cambio, como lo fue la sandinista, lo único que permanece incólume siguen siendo los aportes que dejó la gestión pública de Cardenal en el plano de publicaciones, talleres literarios y educación artística. Su vigencia radica precisamente en apuntar hacia un despertar cultural dentro de uno de los países más pobres de Latinoamérica. Ya se ha dicho: sólo en la cultura no existe subdesarrollo. 

Celebro este reconocimiento en una época donde los premios de este tipo están mediados y gestionados por las editoriales transnacionales y sus muy cuestionables maniobras para fijar el canon. Así que dejo estas dos citas de Antonio Gramsci que me refieren de inmediato al compromiso de este imprescindible intelectual centroamericano: "Decir la verdad es siempre revolucionario." y "El reto de la modernidad es vivir sin ilusiones, pero sin desilusionarse.".

miércoles, 2 de mayo de 2012

PEQUEÑAS TRAGEDIAS


Me sorprendió leer el artículo “El peligro acecha en los autobuses de la capital” publicado en Siglo 21 el lunes recién pasado y firmado por Rodrigo Pérez.

Guatemala es un país de grandes, medianas y pequeñas tragedias. Un país de grandes, medianas y pequeñas injusticias. De cada una están repletas las páginas de los diarios: escándalos de corrupción que pasan de gobierno a gobierno como jugando a la tenta; terribles imprevistos naturales que borran aldeas y cosechas; masacres coronadas por ejércitos de narco sicarios; espectáculos parlamentarios protagonizados por quienes lamentablemente nos representan, y así... todo ese derrumbe nacional que deviene de los miserables aplazamientos que los chapines (gobernantes y gobernados) hemos endosado de generación a generación. Aplazamientos que nos tienen sitiados; nudos que van cerrándose hasta casi asfixiarnos.

Es extraño hallarse un reportaje acerca de esas pequeñas tragedias diarias, esas pequeñas tragedias que tienen una nula presencia en los periódicos y que sólo se hacen visibles cuando se trata de una grotesca nota roja que tiene como escenario un autobús.

Al igual que a los mafiosos identificables en el Congreso, pero que alcanzan la inmunidad más descarada gracias al sistema legal que ellos custodian, el problema del transporte urbano es algo evidente y vergonzoso. ¿Cómo un asunto tan visible puede romper todas las reglas con total impunidad? ¿Cómo un asunto tan visible puede restregarse en la cara de los planes de ordenamiento municipal y en todas esas decorativas medidas impuestas por EMETRA a los pilotos responsables? Frente a las autoridades los dueños de buses blanquean el dinero de las pandillas en las zonas de mayor conflicto. Frente a nosotros se abusa de los derechos humanos de los usuarios y de aquellos que son la mayoría -los trabajadores, los pobres- sin que exista un mínimo consenso por acabar de una vez por todas con este problema.

No existen las pequeñas tragedias. Pero en el marasmo de grandes males, como en una guerra, se hacen invisibles dolores agudos y constantes, el transporte público de la Ciudad de Guatemala es un ejemplo claro de eso.