miércoles, 28 de octubre de 2009

EL AQUÍ Y EL AHORA


Guatemala es un enorme charco de soledad. Una sociedad empozada en la intemperie, en el descuido y en los efectos propios de una continua improvisación. Nuestros planes a corto plazo sostienen las paredes de un país siempre a punto de colapsarse. Una casa al borde de la demolición donde el cartucho de dinamita, por una suerte mágica y cruel, siempre se apaga a punto de estallar. Este lugar donde gobernar, legislar o invertir son eternos experimentos para administrar una crisis que jamás concluye. Lo nuestro es correr a toda velocidad hacia el abismo y detenernos justo a punto de dar el gran salto.

Los guatemaltecos somos los puntos suspensivos de esta hoja en blanco. Nunca damos inicio a ningún párrafo, porque retenemos las palabras de manera que nuestra ira nos rebote muy en el fondo. Hablamos quedito, pero nuestra rabia incendia cualquier silencio. Ubicamos el desprecio en el lado equivocado de nuestras cualidades y optamos decididamente en persistir con los mismos errores. Creemos una y otra vez en los discursos trasnochados y paternalistas que recurren a las mismas frases hechas, ¿y todo para qué?, para quitarnos de encima la difícil responsabilidad de controlar nuestro destino, para volver a culpar a los viejos conocidos enemigos del “pueblo”; así nos desfalcamos apostándole al caballo perdedor como si perder fuese parte de nuestro destino inconcluso Nuestra mayor tragedia es permanecer en los andamios de una nación tardía. Iniciando finales sin comienzo.

No. No quiero caer en el viejo y provinciano ejercicio del pesimismo comparativo. Tampoco en la enumeración de nuestros males con esa postura decimonónica del buen salvaje o del chambelán del Primer Mundo. Me interesa subrayar el aquí y el ahora. Algún día se irá el fracaso de nuestro vocabulario cotidiano, algún día nuestras palabras corresponderán a nuestras acciones.




jueves, 22 de octubre de 2009

ELLA



Ella sale a prisa, su bolso resbala hasta llegarle al codo, mientras amenaza a la bebé y amenaza a los otros 2 niños que no se apresuran a salir para el colegio. Trabaja de ocho a cinco y media en una oficina donde atiende reclamos de clientes y recibe la correspondencia. De ocho a cinco y media pasa horas de calma lejos de sus tres niños insoportables. Algún oficinista le hace la corte de vez en cuando, pero no es más que otro hombre casado con ganas de entretenerse durante un par de meses, para luego volver con su mujer, sus hijos, su perro, su televisor plasma y su casa de condominio.

Mientras Ella, que tuvo a dos amores que le dejaron a los 3 monstritos que la esperan en la casa, ya no encuentra consuelo en las promesas de ningún labioso casanova perseguidor de madres solteras. Treinta y tres años vividos, tachonados y, bueno... qué otra cosa se puede esperar de la gente y sus habladurías.

Aunque es una mujer bastante guapa, no existe nadie que pueda tolerar sus gritos y la ira que la lleva a arañar al niño, a jalonear el pelo a la niña y a nalguear a la bebé, cuando se enoja. Sólo viene un poco de calma, los sábados, cuando escucha la música en la radio mientras hace la limpieza; música que canta imitando los gestos y la voz de la artista méxicana de moda. Sus niños la ven y piensan que su mamá tiene talento como para ganarse Latin American Idol. Cuando termina la balada Ella se pone triste, pero busca otra canción, una más alegre. La cera líquida cae al piso y ve a sus 3 monstritos aplaudiéndole. Entonces algo parecido al consuelo le brota de alguna parte.

miércoles, 14 de octubre de 2009

ESTAS LATITUDES

No podemos esperar que las condiciones estén dadas y que todas las necesidades económicas estén satisfechas, para dedicarle esfuerzo y tiempo a nuestro lado más humano. La literatura y el arte no son un privilegio de una casta rumiante de intelectuales frívolos y atormentados que asedian las calles de esta ciudad posmoderna, filosofando o esperando el regreso de las utopías. Me sorprende en sobremanera la animadversión que existe hacia el creador y hacia el arte. Los diarios que de pronto se rasgan las vestiduras ante la hambruna, señalando el “derroche” que significa invertir en alguna actividad cultural con dinero del Estado, pero que, de inmediato voltean a ver hacia otro lado cuando se trata de recibir onerosos cheques de pauta publicitaria y demás prebendas fiscales, o los radicales anti-imperialistas con excelentes sueldos subsidiados por proyectos de países europeos , son un ejemplo bastante emblemático y risible de nuestra doble moral guatemalensis.

Como el analfabetismo y la pobreza de criterio no son prioridades para ningún grupo de poder, es importante celebrar que existan personas que apuesten por valorar el aporte intelectual de los guatemaltecos. Es por ello, amigo lector, que quiero mencionar el esfuerzo realizado por el Ministerio de Ambiente y Recursos Naturales en la publicación de “Latitud de la flor y el granizo” de Mario Payeras. Un ensayo poético-científico que trata de los efectos de la destrucción de la flora y la fauna en el área mesoamericana. Un análisis acerca de la impunidad con que los medios de explotación y producción han empobrecido una geografía con inagotables recursos naturales. Este libro se entregará de forma gratuita a escuelas, bibliotecas, centros culturales y centros de documentación el día 19 de octubre a las 10 de la mañana en el Palacio Nacional de la Cultura. Una obra fundamental, sin duda.

jueves, 1 de octubre de 2009

YAT ROY CHEW GIRÓN


No he podido quitarme de la mente el rostro de Yat Roy Chew Girón. Un chico de 22 años quien al momento de ser condenado a 250 años de cárcel por haber asesinado a su familia, se quiebra como una hoja seca y se hinca a llorar. Un crimen que (usando el cursi lugar común de los periódicos) ha conmocionado a la opinión pública guatemalteca. No es para menos. Un muchacho de clase media, de esos que crecen encerrados por las talanqueras y criados por la omnipresente televisión, un día sin razón aparente asalta a su familia, asesinándola a cuchilladas y dejando tras de sí un escenario de muerte digno de una película de Quentin Tarantino.

La justicia de nuestro país, en este caso de indignación pública, mostró una muy severa efectividad. Luego de analizar las pruebas, recoger evidencias y escuchar a los testigos, dictaminó que el muchacho fuera confinado durante el resto de su vida. La cárcel o el manicomio. Esas dos opciones que son lo peor que nos puede suceder.


Las personas con quienes he platicado acerca de este caso, siempre me dan visiones superficiales.

Este personaje, este emo (como le bautizaron algunos medios de comunicación) se ha convertido en una amenaza. La sociedad bien pensante chapina opina que matar es algo que sucede sólo en los guetos plagados de mareros y de marginales; entre toda esa gente lejana, muy, pero muy distante a este mundo aspiracional de televisores plasma y centros comerciales.



Durante un tiempo fui maestro de secundaria, profesor de literatura y tuve alumnos muy parecidos a Chew: con hogares integrados, casas propias y problemas domésticos. Adolescentes solitarios, con depresiones, intentos de suicidio y oscuridades que sus padres ni siquiera tomaban en serio. Pero nadie piensa en ellos, hasta que uno da el primer paso... entonces, todo mundo se horroriza.