miércoles, 27 de mayo de 2009

Conocí a Fú durante un taller de poesía que impartí en el colectivo Caja Lúdica. Un muchacho que apenas pasaba de los 20 años. Bajito, con un corte de pelo bastante curioso (enrulado como un brócoli) y con un manejo del caló que era impermeable a cualquier traducción. José Osorio, mi entrañable amigo y coordinador de esta organización, me lo asignó como ayudante durante este breve curso. Fú me apoyaba colocando el equipo en el salón y sacando las fotocopias del material para leer.
Cada clase la terminábamos con discusiones muy apasionadas acerca de Walt Whitman, Pessoa, Ezra Pound o Alejandra Pizarnik. Se trataba de un grupo de adolescentes muy sensibles y que, al igual que Fú, venían de barrios y asentamientos completamente cooptados por las maras. Devoraban los textos y prestaban cuidadosa atención a todo lo relacionado con el arte y la literatura. Mi taller ocupaba la mañana del lunes y del miércoles, creo que por la tarde asistían a cursos de teatro y comparsa. Un desfile muy colorido de personajes bailando sobre zancos y sonriendo.
Un año después recibí una llamada de José. Fú había sido baleado. Descargaron un arma automática en sus piernas. Venía de dar una función como payaso a unos niños en Villa Nueva. Sobrevivió, pero no volvió a caminar. ¿Pueden imaginarse?: un muchacho pobre, con hijos pequeños y condenado a la parálisis... fue algo sumamente difícil.
Años después lo volví a encontrar. Me contó de su recuperación y de que trabajaba con chicos de un asentamiento en un grupo de teatro comunitario. Me alegró mucho verlo. Pocos días después recibí por correo electrónico la noticia: Manuel Ambrosio Orozco, Fú, cayó muerto a tiros cerca de su trabajo. Lo sentí demasiado, aunque no hubiera marchas ni esquelas, ni pancartas. Aunque hasta ese momento supe cuál era su verdadero nombre.

jueves, 21 de mayo de 2009

UNA VISIÓN


¿Dónde estaremos dentro de diez años? ¿En qué clase de país viviremos los guatemaltecos? Si las cosas siguen como están, creo que estamos condenados a un triste futuro. Cooptados por la lógica de la corrupción, por el boicoteo político, por el chanchullo mediático, por el descaro, la mediocridad y la indiferencia campante dentro de la clase dirigente. Si seguimos balando con-signas y rumiando viejos traumas, estoy seguro de que nuestra participación dentro de este incompleto proyecto de nación no pasará de ser la de eternos acarreados. Un rebaño útil para derrocar o para mantener gobiernos.Siempre con cara de babosos. Organizamos firmas, asistimos a marchas, pintamos mantas y generamos serias congestiones de trá-fico. ¿Para qué?, para nada. Queremos quitarnos el dolor de cabeza, cortándonos la cabeza. Queremos que todo cambie, pero manteniendo las viejas estructuras. Un movimiento social no es un desfile masivo de inconformes; la inconformidad sin ideas y sin una vi-sión clara de las cosas no cambia nada.Es necesario ver detrás de lo aparente. ¿Quiénes mueven los hilos del crimen, de la evasión fiscal y del narcotráfico? ¿Quiénes son los guardianes de este oscurantismo? Creo que muchas de estas personas son poco visibles, permanecen ocultas detrás de puestos de gobierno, académicos o empresariales. Lucen inofensivos y por ello han permanecido durante décadas atrincherados detrás de la incompetencia de los electoreros de turno. Se valen de que nadie sale limpio en su paso por la política. Saben las mañas, saben cómo resolver las crisis por medio de “viejos métodos”, pero cuando una cabeza debe caer, por supuesto, nunca es la de ellos. No hay que enfermarse de falso optimismo. Para que todo se transforme se necesita transformar el futuro en el presente. Nuevas soluciones para viejos problemas, sí, eso.

jueves, 14 de mayo de 2009

FLUX


La quiebra no existe, cuando no se conoce la abundancia. La calamidad no existe, cuando la cotidiana mortalidad por enfermedades comunes supera en mucho a la epidemia en boga. Sin embargo, son 2 los temas más recurrentes de este momento: la crisis mundial y la influenza A H1N1.
Un segundo. La estabilidad del sistema de vida en la clase media norteamericana se ve amenazada por esa apocalíptica caída de capitales, el fracaso financiero del gobierno de Bush. Esa rutina de los fideicomisos, los suicidios ejecutivos y el cierre de grandes consorcios empresariales. La crisis y el desempleo. El colapso de la banca. Bueno. En mis 35 años de vida no recuerdo que en Guatemala hayamos tenido prosperidad. Desempleo, miseria, exterminio de pequeños empresarios y la omnipresente impunidad usurera de la banca local, todo eso forma parte de lo que significa ser chapín.
Luego la epidemia, ¡por Dios!, ni siquiera hemos superado la epidemia del cólera. Imagínense el Hospital Roosevelt o el San Juan de Dios, ambos a punto de colapsar gracias a la violencia desmedida, sin presupuesto suficiente para contratar personal y lleno de médicos todólogos que no se dan abasto para atender a una población pauperizada y diezmada por enfermedades que pueden ser tratables. Ahora con la influenza deben atender al circo mediático de ese cuarto jinete del Apocalipsis que viene del Norte. Si usted no conoce un hospital público, no entenderá a lo que me refiero. Entrar en ellos la noche de un sábado es como hallarse en uno de esos campamentos para atender heridos de guerra.
Sin embargo, sobreviviremos. Porque lo hemos hecho a pesar de la perpetuidad de los gobiernos improvisados e indiferentes. No más aspavientos, por favor; mi recomendación es: no nos dejemos asustar con el petate del muerto.


miércoles, 6 de mayo de 2009

CÓMO ESCRIBIR UN BEST SELLER LATINOAMERICANO


1.Su personaje debe ser, o un dictador, o un héroe. Incluso puede ponerlos a ambos en el mismo contexto y hacer que el relato sea una trama seudohistórica llena de intriga, crueldad y salvación.

2. Si optó por un dictador, haga que sea un villano despreciable: Rafael Trujillo, Anastasio Somoza, Augusto Pinochet y Jorge Ubico son excelentes. Es importante que a su relato le añada elementos de intriga y conspiración que inviten al lector a avanzar sin pausas.

3. Si optó por el segundo personaje, el héroe, le recomiendo que le dé todas las cualidades de un mártir, un santo, un sabio, un James Bond y un mutante con superpoderes. Una profunda entrega moral a sus principios ideológicos debe ser su principal característica. Puede ser un presidente derrocado o un caudillo revolucionario. Mejor si es asesinado vilmente en el último capítulo, y mejor aún si se le anexa un apéndice esperanzador que diga que su sacrificio no fue en vano.

4. Si ya eligió su personaje, le recomiendo un contexto adecuado. Los mejores paisajes son los sudorosos ambientes de costa. Si no tiene otra opción que ubicar la trama en la ciudad, describa una provincia llena de papayas y loros. Piense que mucha gente en Estados Unidos y Europa no puede imaginarse que en Latinoamérica existan carreteras, edificios monumentales y luz eléctrica.

Y 5. Siempre debe existir una historia de amor. Un romance mágico cuyos protagosnistas sean un par de civilizados amantes. Dos seres condenados por la miserable rutina del subdesarrollo a tener un amor politizado. Mejor aún si su novela tiene como título el nombre de un bolero.

Luego de todo esto, consiga un hábil agente literario y listo. Su éxito está garantizado.