lunes, 22 de diciembre de 2008

AGUINALDO

Sales del trabajo, son las seis en punto. Las aceras del Centro están repletas de gente. Apenas puedes moverte entre esa enorme fila de personas que marchan lentamente y se detienen a observar las ventas callejeras. Ropa, piratería, aparatos electrodomésticos, juguetes… un río de luz y estruendos. Bocinas alimentadas con toda la fuerza que puede dar el tomacorriente de un almacén de 9.99. Letreros caleidoscópicos que anuncian teléfonos móviles con centenas de minutos gratuitos. Automovilistas rabiosos que derrapan y bocinan a la mujer embarazada que pasmosamente atravie-sa la calle con sus tres pequeños hijos. Ancianos que van de la mano de jóvenes impacientes por hacer que avancen. Muchos policías de tránsito y transmetros hilados por esa melancolía verde y navideña que propone el aguinaldo.El aguinaldo más seguro, ese que va comprometido de antemano. Caminas entre esa calle rebalsada de gente con salarios como el tuyo. Vas llevando cálculos mentales ¿quedará algo por ahorrar? —ahora no, la vida es cara, la vida es ancha y ajena. Todo concluirá en un par de semanas: las luces, el ponche y los convivios donde todos son un poco mejores, un poco cercanos y un poco alcohólicos. Esa Navi-dad para los niños, esa infancia tan remota y deseable. Esa álgebra de la vida cotidiana que deviene en pequeños enunciados de alegría. Los pocos billetes de más pondrán un nuevo vestido en tu esposa, el juguete tan codiciado por tu hijo, las uvas y la carne de tu mesa. ¿Consumismo? Bueno, a veces el dinero vale algo. Esas formas aprendidas que despistan la soledad y las grises utopías deshechas entre los gritos de la oferta y la demanda.

miércoles, 10 de diciembre de 2008

EL PASADO ES OTRO LUGAR

Las uñas del pasado son muy largas. Son como los barrotes de una celda que retienen nuestra vida en sus momentos de gloria. Un sitio detenido en la añoranza. Una prisión cómoda y estable donde alcanzamos el mérito con el que queremos ser recordados. Esa juventud imposible de asir y que pareciera ser otro lugar, otro planeta. Todo ha cambiado alrededor, y somos incapaces de entenderlo. No comprendemos las nuevas palabras ni los impersonales aparatos tecnológicos. No comprendemos la ciudad donde vivimos. Tampoco entendemos a los jóvenes de hoy.Es extraño, el tiempo resulta siendo como una autopista. Puede que añoremos lo que dejamos o perdimos, mas no es posible detenernos y regresar. Tampoco podemos quedarnos a la orilla y dejar nuestro camino sin concluir. Algo debe mantenerse latiendo adentro de nosotros para sentirnos con vida. Esa insistencia de prolongar nuestras ideas y nues-tro asombro. De permitirnos creer que aún existen muchas cosas que se pueden cambiar. Lo que se ha transformado es la apariencia, pero aquello que despertó nuestra pasión muchos años atrás sigue intacto en algún sitio del presente. El motivo para no darnos por vencido seguirá siendo el mismo: esa curiosidad por ver qué nuevas razones tenemos para no sentirnos conformes con el presente y con el pasado.Ojalá podamos rescatar la juventud que tuvimos. Sobrevivir al día de ayer y no encallar en la quejumbrosa nostalgia. Creamos en aquella gente que aún puede creer. No permitamos que este país se convierta en una enorme fosa común repleta de injusticia, derrota, miseria y solemnidad.

miércoles, 3 de diciembre de 2008

SOLES INTERMITENTES

Liderazgo es la palabra más manida de nuestros tiempos. Ha perdido su significado desde el momento en que se le colgó el adjetivo de líder casi a cualquier cosa. Desde los monopolios locales con intereses expansionistas que se dicen llamar empresas líderes en el mercado, pasando por los jóvenes showman que compiten por conseguir un espacio en los programas caza-talentos de la televisión extranjera, hasta llegar a los mal repellados electoreros guatemaltecos que desde hace medio siglo se sienten amos y señores de la política nacional. Claras muestras del desinterés que ponen los medios por revelarnos a personas cuyas ideas y trabajo esmerado pueden ser motivo de inspiración para algo más profundo que un eslogan, un artista enlatado e instantáneo y un improvisado Gobierno corrupto.Ese pobre diablismo que nos hace pensar que hoy no tenemos líderes como los de antes y nos mantiene adocenados en la cómoda apatía que llamamos “distancia crítica”. Distancia, sí; crítica, lo dudo. Mientras la escasa gente leída de este país se esmera en demostrar el fracaso histórico en el que vivimos, la masa se hace a la idea de que la única ruta para el éxito es competir por cierto estatus de supremacía individual. Muchos de los líderes que conozco y admiro no compiten contra nadie. Trabajan por una sociedad que continuamente les da la espalda. Su campo de lucha está en rescatar a jóvenes de las maras, en conseguir medicamentos gratuitos para personas con VIH, en educar a nuevas generaciones u organizar festivales de arte en las regiones más invisibles y olvidadas del país. Muy pocas veces les dedicamos unas cuantas palabras en los medios y, por supuesto, no tienen patrocinios privados ni serán reconocidos por los políticos de turno.