miércoles, 23 de septiembre de 2009

PODER DE HOY

Creo que sé muy poco del poder, quizá porque he leído mucho acerca de él, pero nunca he tenido un acercamiento real con esta situación. Digo “situación”, porque considero que se trata de un ser y un estar continuo. Generar acciones y esperar sus resultados.
Para ejercer el poder es necesario entenderlo desde la práctica. El idealismo de pronto es una suerte de máscara para algunos o una actitud que se desvanece al entrar en contacto con una realidad más compleja. La palabrería de discursos sensibleros y trasnochados es, al fin de cuentas, lo único que se mantiene cuando se perdió la ética y cuando ya nadie cree en esa cantaleta de un “mañana mejor”.

Prometer futuros es la muletilla de cualquier político con o sin experiencia. No se habla desde el pre-sente inmediato, desde el día de hoy tan lleno de vacíos y donde nadie puede garantizarse el sobrevivir las próximas veinticuatro horas.

Creo que la mayoría de líderes políticos guatemaltecos se han vuelto obsoletos en la medida en que ejercen una práctica del poder desde la promesa incumplida, esa que nos ha erosionado cualquier es-peranza en las instituciones públicas y en sus dirigentes.

¿Queremos seguir haciendo chistes amargos acerca del Congreso de la República o de funcionarios chabacanos y corruptos que día con día llenan los titulares de los diarios? Entonces neguémosle a las nuevas genera-ciones la oportunidad de opinar, aprender y reflexionar sobre el día de hoy. Muchos espacios han sido desperdi-ciados: bibliotecas, salones comunales, centros culturales en todo el país. Lugares donde se podrían hacer talleres de diálogo y discusión acerca de la Guatemala que hoy vivimos, construir nuevos liderazgos de intelectuales-políticos-humanistas que den punto final a este interminable pasado que vivimos.



miércoles, 9 de septiembre de 2009

MATERIAL HUMANO, RODRIGO REY ROSA



EL MATERIAL HUMANO

Rodrigo Rey Rosa

Editorial Anagrama 2009

185 páginas




Desde su índice esta novela revela algo: anotaciones clasificadas según la pasta y el color del cuaderno. Notas en secuencia compulsiva y sumaria donde surge la descripción de un laberinto de papeles amarillos, repletos de sellos y frases clave que develan los acontecimientos más oscuros de la represión política en Guatemala. El Material Humano va como un relato múltiple. El acercamiento a La Isla, un complejo de edificios que pertenecen a la Policía Nacional Civil, por parte de un escritor atraído por el archivo de la policía recientemente abierto para el estudio y el esclarecimiento histórico. Por otro lado la cotidianidad de un personaje-narrador inmerso en su trabajo literario desde el cual va tomando conciencia de su propio aislamiento. Y es precisamente el aislamiento ese ingrediente que le da su carácter verosímil a este relato. El aislamiento dentro del laberinto de nombres y rostros que apuntan hacia un pasado que, como una pesadilla recurrente, nunca termina de suceder. Mientras más se adentra el personaje en su obsesión por descubrir qué hay detrás de las fajas repletas de fólders sin descifrar, más clara tiene la noción de que existe una presencia ajena para él, una sombra que resguarda toda la verdad, un Minotauro encerrado que jamás llega a hacerse visible y al cual es mejor no invocar.

Esta novela de Rodrigo Rey Rosa es -me parece- la más lograda ficción relacionada a la historia reciente de nuestro país. Tomando el reportaje, el diario y la reconstrucción documental, como elementos base para la construcción de un relato con múltiples lecturas. Rey Rosa logra una descripción muy detallada de la corrupción política guatemalteca, un circo de realismo sádico que es casi imperceptible para una sociedad cauterizada al dolor ajeno. Dentro de su entropía, El Material Humano, condensa una extraña carga poética. La honestidad es el hilo de Ariadna que conduce la conciencia a través del relato. ¿Cómo emerge la sensibilidad humana luego de tantos años de paranoia y dolor? En todo el recorrido por su estructura absolutamente experimental no deja un párrafo donde no coincidan la experiencia humana, el desasosiego y el absurdo. El recurso del diario en la narración hace que el efecto de sus observaciones nos adentre en el proceso creativo que da origen a la novela misma. Una visión borgeana del asunto literario, donde el personaje es quien habla y el autor quien obedece. Un reflejo instantáneo de un Mersault o de un Joseph K dentro de la maquinaria de sangre que desde siglos mantiene el “orden de las cosas”.

Algo se condensa muy bien dentro de la novela. La incertidumbre acerca de la realidad de los otros. Una larga lista de casos transcritos de los expedientes hallados le da un toque de humor amargo: Barrientos Luis Alfredo. Nace en 1924. Periodista. Fichado en 1956 por manifestante. En 1958 pro propalar ideas exóticas. Valdés P. Sergio Estuardo. Nace en 1931. Fotógrafo. Fichado en 1952 por liberar un zopilote en el teatro “Capitol”. Estrechamente podemos ver cómo la estrategia del Estado guatemalteco llego a los niveles más absurdos de represión. El libro abunda en nombres, anécdotas y opiniones que abonan a la lectura cierta curiosidad por hallarnos reflejados en él. Con ello no quiero simplificarla o aducir que su virtud radica en lo “local” de su historia. En la verdadera literatura no existe tal complejo. Brota el hallazgo de una idea y la imagen de alta definición que nos brinda a través de una técnica narrativa sumamente transparente. Virtud por demás identificable en las novelas de Rey Rosa. Envidiable capacidad de síntesis. Aproximación minimalista en la descripción. Un novelista como pocos, tímido como pocos y ameno como pocos. Algo de Dédalo construyendo un laberinto con el desecho de nuestra malversada historia, ese pasado impresentable, esa guillotina seca que amenaza el presente desde la inmovilidad de viejos y apolillados papeles. Pero afortunadamente, hasta de todo eso, puede germinar excelente literatura.

miércoles, 2 de septiembre de 2009

HAMBRE

La hija pequeña de la señora que va de casa en casa preguntando si hay ropa que lavar, no pasa hambre.

Las tres niñas hijas de la maestra de educación primaria que da clases en una aldea de Huehuetenango, no pasan hambre.

Los hijos del jornalero que trabaja rompiendo asfalto camino a la costa, no pasan hambre.

La esposa del perito contador que lleva siete meses sin encontrar trabajo, no pasa hambre.

El niño pequeño de la campesina del Petén que tiene VIH, no pasa hambre.

Los dos niños de la joven que trabaja de cortadora en una maquila de la calzada Roosevelt, no pasan hambre.

La familia del chofer asesinado hace un mes, no pasa hambre.

Los 3 hijos del mensajero que gana Q825 mensuales, no pasan hambre.

La esposa y los tres niños del ocasional ayudante de camión, no pasan hambre.

El pequeño niño hijo de la señora que sube a pedir dinero a las camionetas, no pasa hambre.

Los tres hermanitos que hacen malabares en un semáforo de la zona 9, no pasan hambre.

La familia del señor que saca la basura los sábados por la mañana, no pasa hambre.

Las familias que viven en el Relleno Sanitario, de la zona 3, no pasan hambre.
El niño morenito, hijo de una prostituta de la Terminal, no pasa hambre.
Los niños de las aldeas de Chimaltenango que salen a saludar a la Carretera Interamericana, no pasan hambre.
Los miles de inmigrantes que atraviesan la frontera con México ilegalmente, no pasan hambre.

La muchacha que se sienta con sus tres niños durante la tarde en el Parque Colón, no pasa hambre.

El chico tatuado que busca un trabajo que no llega, no pasa hambre.

Los dos hijos de la dependiente de mostrador de un almacén de coreanos, no pasan hambre.