jueves, 27 de agosto de 2009

HASTA PRONTO POETA. HASTA LUEGO FELIPE GRANADOS.


Ayer, 26 de agosto, se fue del planeta un querido amigo. Mi sencillo homenaje a su gran sensibilidad.


Beautiful Boy, de Felipe Granados


Yo no podría saber

que la poesía

era algo

del tamaño de tus ojos.


Que se puede encontrar

el absoluto

en dos manos

pequeño.


Que tu risa de

niño que no entiende

explica muchas cosas.


Yo no sabía tu nombre

y sin embargo

cantaba a la alegría

que sería abrazarte

vigilar tus sueños

y otras cosas tan grandes

que ni siquiera precisan

de un poema.


Yo no sabía

que este no morirme

era para vivirte

para vivirnos

hijo.


jueves, 20 de agosto de 2009

EL SUEÑO DE LA RAZÓN

Hace tan solo unos años asociábamos la palabra futuro a una imagen muy cercana a la felicidad. Una prosperidad acentuada en las bondades de una tecnología al servicio del confort. Escenas futuristas de un cielo incandescente atravesado por naves interestelares y un tránsito de vehículos desplazándose a toda velocidad por el espacio y tiempo. Cerrábamos los ojos y planeábamos largarnos a ese otro mundo tan perfecto, donde la naturaleza quedaba supeditada a un paisaje de segunda clase y donde la inmensa aplanadora de botones, códigos y micro-gadgets desterrarían de nuestra existencia cualquier clase de trabajo duro. Los libros, las películas y las series de ciencia ficción que disfrutamos en nuestra infancia. Ese futuro que en aquellos relatos se veía tan racional y tan equilibrado.

Pero a medida que hemos ido envejeciendo, el futuro comienza a distar mucho de aquellas imágenes sintetizadas e ingenuas. Acercarse a ver cómo gran parte de la humanidad parece venirse a pique a causa de enfermedades nuevas, hambruna y xenofobia. Acercarse a la guerra y encontrarse con ese armamento tan específico y tan bien diseñado para alcanzar la destrucción total de su blanco en cualquier terreno. Esa destrucción que, desde finales de la década anterior, se ha convertido en un espectáculo rentable para las cadenas noticiosas y para los fabricantes de video juegos. Un marketing muy bien estudiado para una grotesca clase media que engorda frente a sus televisores. El mundo del futuro es la superpoblación, es el deterioro del medio ambiente o son los tratados internacionales, donde los gobiernos corruptos de los países pobres negocian la crisis con los muy grandes capitales transnacionales. Hasta ahí la ciencia y la ficción.

Quizá estemos ante el fin de una narrativa optimista acerca del futuro. Ya Goya lo anticipó en el nombre de un grabado: El sueño de la razón produce monstruos.

jueves, 13 de agosto de 2009

HOSTILIDAD PROGRAMADA III

Una hora antes de que Obdulio fuera asesinado estuvo almorzando con su primo Elder, quien también es piloto de bus. Obdulio y Elder hablaban acerca de no pagarle impuesto a la clica que los estaba extorsionando; ambos creían que la cosa se iba a calmar luego del operativo que había realizado la Policía Nacional Civil hacía tan sólo unos días. Durante esa mañana no aconteció nada anormal. La misma rutina: después de las ocho de la mañana la camioneta se desahoga de pasajeros y se queda con la perpetuidad de vendedores de chicles, bolígrafos y recetas de cocina que suben a ofrecerle sus productos a las señoras que vuelven del mercado cargadas con bolsas.
Pero tan sólo seis horas antes, Obdulio y su ayudante le pedían de mal modo a la gente que se corriera para que le dejaran espacio a las personas que iban subiendo. Una Guernica ambulante. La gente se retorcía entre las filas completamente llenas. Ventanas cerradas, sudor y música reguetón sonando a todo volumen. Otro de tantos buses que, rebalsando de gente, se abre paso en medio del tráfico abominable de las siete de la mañana. Una familia quiere bajar donde no hay parada. Obdulio para a la mitad de la calle. Uno de los niños se pierde entre los cuerpos cuando busca la mano de su mamá, mientras su papá hace lo posible por salir con su hermanito de brazos. Obdulio les grita que se apuren, a lo que el hombre responde desde abajo del bus “Ojalá te maten hijuelagranputa”. La gente apretujada en el bus golpea las puertas, suena los timbres y grita desesperada: “apurate pues”. El piloto siente algo amargo que le baja por la garganta, sube el volumen del radio y continúa su ruta. Esta vez sintió algo muy distinto; fue como si un fuerte escalofrío le estrujara todo el cuerpo.