miércoles, 27 de mayo de 2015

LOS CONVENCIDOS

Predicarle a los convencidos es una de las tantas formas que tiene el estancamiento. El estancamiento de los discursos morales; el estancamiento de las ideas progresistas; el estancamiento de los golpes de pecho.

Los convencidos siempre buscan a los convencidos: proponen, deconstruyen y mejoran la democracia. Sus reformas pasan del diálogo al papel, del papel a la burocracia y de la burocracia a la inercia. Porque los convencidos son palabras que se deshilan con la realidad. Todo siempre es más hermoso en el papel. Las buenas intenciones siempre caen noqueadas frente a la corruptible necesidad de las mayorías.

Los convencidos son los pocos. Son aquellos que no entienden por qué los muchos actúan de esa forma tan irresponsable. También son los observadores críticos de la miseria (económica-ética-intelectual) y tratan de cambiarla con unas cuantas palmaditas en la espalda. Se precian de conocer todas las necesidades, pero no soportarían vivir sin luz eléctrica, sin agua, sin comida, sin salud...

Los muchos son los que venden sus votos por limosnas. Son los que llenan camiones para ir a aplaudir a políticos impresentables. Son quienes trabajan hoy, pero no saben si estarán vivos mañana. Son los que apenas saben de historia, pero la han sufrido en carne propia. Son los que gritan en las iglesias y lloran en el estadio. Son los que abrazan y beben hasta la inconsciencia escuchando a Los Tigres del Norte. Son los que se mueren intentando cruzar la frontera de los Estados Unidos. Son los que ya neutralizó la ignorancia, el dolor, el miedo y el hambre...

Los convencidos son los individuos. Los muchos son el pueblo.

Mientras unos dicen pueblo, el pueblo se muere callado. El pueblo es un animal en cautiverio. Si tan solo los convencidos lograran comprender el origen de esa cobardía y pudieran liberarlo. Si tan solo estas torpes palabras convencidas llegaran hasta ellos y pudieran tocarlos.  

miércoles, 20 de mayo de 2015

LA PARKA



Cuando veo la sangre empozada siento un fuerte mareo, de eso que a los primeros diez minutos de este magistral cortometraje me venga una especie de desmayo. 


“La Parka” es el título del documental de Gabriel Serra que representó a los cineastas jóvenes latinoamericanos en la última entrega de los óscares. Serra, de origen nicaragüense, fue el primer director centroamericano nominado por la Academia de Ciencias y Artes Cinematográficas. Que alguien de su edad, y con una opera prima, pase de inmediato a competir por una estatuilla es una situación inédita. 


Una cascada de imágenes precisas, crudas. La verdad acerca de un personaje, La Parka, el hombre de mirada triste que labora en un frío rastro de la Ciudad de México matando a varias centenas de reses cada día. Una voz narrativa que apunta sencillas reflexiones acerca de la muerte  a partir de su oficio de verdugo. El sonido de un refrigerador que nos hiela desde el otro lado de la pantalla.


Este documental nos coloca en uno u otro sitio de la cadena alimenticia. El que mata y el que muere. El que come y el que será devorado. También expone la condición humana: quitar la vida para que otros puedan sobrevivir. El matarife y el carnicero son representaciones del sistema mismo. En los momentos más conmovedores vemos al padre y al ser humano que teme profundamente a la muerte y a sus pesadillas; Efraín (La Parka) sueña que sus víctimas le dicen “ Ahora te toca a ti”. Ante las imágenes que acompañan este relato cualquier película gore se reduce a un mediocre ejercicio de terror. Miedo es aquello que consumimos cada día.   





miércoles, 13 de mayo de 2015

LAS CONSECUENCIAS...

“El carácter es aquel orden moral visto a través de una naturaleza individual”. –Cito a ese enorme pensador que es Ralph Waldo Emerson. 

Años luz que no vemos tal orden moral. Actuamos, correcta o incorrectamente, encerrados en nuestros reductos de conciencia. Quizá porque esa manera de ver la vida es sumamente práctica. No existe una consecuencia para nuestras acciones mientras no afecten al vecino. En el peor de los casos, no existe una consecuencia de nuestros actos mientras no seamos descubiertos.

Miren hasta dónde hemos llegado los guatemaltecos pensando de esa manera. La familia que tan silvestremente derrocha en un fin de semana miles de quetzales mal habidos en cualquier shopping mall citadino —extorsiones y muertos debajo—. 

El nuevo empresario que signa cheques de seis ceros en cada narco diezmo y es ejemplo de prosperidad para la congregación. La muchachita aquella de la cuadra que ahora conduce un vehículo agrícola blindado pagado con los dólares mohosos de algún congresista o funcionario que la tiene como amante y testaferro de sus movidas. 

Pedimos gente con carácter. Hemos tenido criminales. ¿Quién dice que no se necesita un pseudocarácter para ser un asesino o un ladrón de cuello blanco? 

El verdadero carácter se inicia con el compromiso más humilde: el servicio. ¿Acaso podemos comprar la dignidad y la esperanza perdidas? Todo poder verdadero se fundamenta en la consecuencia moral nuestros actos.