jueves, 30 de diciembre de 2010

QUÉJESE

Quéjese con cada persona que encuentre. Quéjese con su familia cercana. Quéjese con sus parientes lejanos. Quéjese con el vecino. Quéjese con su jefe. Quéjese con su empleado. Quéjese en los periódicos y en los noticieros de la noche o en los programas de la mañana. Quéjese con el doctor, con el abogado, con el señor que vende shucos en la Zona 4. Quéjese con el señor de la abarrotería “La Divina Providencia”. Quéjese con su pastor o con el padre. Quéjese con el guardián del condominio. Quéjese con la vendedora de mangos verdes. Quéjese con la locutora de radio. Quéjese con el señor con tres dientes de oro. Quéjese con la dependienta de la panadería. Quéjese con la anciana que va junto a usted en la camioneta. Quéjese con los que están filmando una película cerca de su casa. Quéjese con el poeta. Quéjese con la maestra de su hijo. Quéjese con el motorista repartidor de pollo frito. Quéjese con Dios. Quéjese con la secretaria de uniforme azul marino. Quéjese con los muchachos del pinchazo de la esquina. Quéjese con su contador. Quéjese con charamilero sin dientes que se muere de goma. Quéjese con la persona más triste o más feliz que pueda encontrar. Quéjese con las plantas. Quéjese con todos los animales del Zoológico la Aurora. Quéjese con los canarios, los loros y las lechuzas. Quéjese con las botellas vacías. Quéjese y no actúe. No se comprometa. No abandone sus mejores excusas para evitar involucrarse. No dé ningún paso para cambiar las cosas. Para que el próximo año sea igual al presente o a todos los anteriores, no haga nada, simplemente quéjese y quéjese y no pare de quejarse.

miércoles, 22 de diciembre de 2010

ISABEL DE LOS ÁNGELES RUANO

Puede que fuera un día veintitrés de diciembre, un diciembre que recuerdo particularmente frío. Yo miraba con asombro la vitrina de la Juguetería de la Sexta Avenida donde se exhibían los estrenos para aquella navidad de 1981: los primeros muñecos de Star Wars junto con sus equipos completos de naves y espadas Jedi; Big Wheels, carritos a control remoto y toda una gama de tractores Tonka color amarillo. A través del vidrio todo se veía iluminado y llamativo. En el corredor de la tienda estaba mi madre esperando que le empacaran unos regalos. De pronto un señor vestido con un saco azul y una gorra café se acercó para vendernos algo. De su enorme maletín de cuero, el vendedor ambulante fue sacando varias muestras de perfume, lapiceros y tarjetitas navideñas. Recuerdo a mi madre comprándole algo y despidiéndolo afectuosamente.
Cuando le pregunté a mi mamá si conocía al vendedor, ella me dijo que no se trataba de un hombre sino de una mujer que había optado por asumirse como hombre, que además había sido su compañera de clases en la secundaria y que era una gran escritora, una poeta guatemalteca. P-o-e-t-a, aquello sonaba tan místico. Para mí los poetas eran personas que vivían en otro tiempo y en otro lugar, así que me asomé afuera del almacén para ver como la poeta se alejaba lentamente por la avenida llena de compradores navideños.
Con el tiempo tuve el privilegio de conocerla, Isabel de los Ángeles Ruano, una de las más grandes autoras latinoamericanas y Premio Nacional de Literatura. Todavía la encuentro deambulando por las calles del Centro Histórico y ganándose la vida de esta manera. Algún día los guatemaltecos sentiremos vergüenza por nuestra mediocridad y por dejar en el olvido a todos aquellos que son verdaderamente grandes
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viernes, 3 de diciembre de 2010

SABOR A NOBEL

No soy un lector de nobeles, quizá porque le he perdido afecto a los reconocimientos literarios. Y no es mala leche o afán de polemizar gratuitamente. Sucede que me provoca un gran desencanto la manera como lo mercadean y lo promueven las casas editoriales transnacionales. Por su parte el tribunal político-intelectual europeo parece agendarse cada vez más en la manida corrección política, tratando con ello de mantener la vigencia cultural de la vieja Europa.
Mario Vargas Llosa. El escritor latinoamericano más reconocido ha dejado libros imprescindibles. Su sobriedad decimonónica y su errático juicio político le ha ganado una enorme cantidad de simpatizantes y detractores. La ciudad y los perros fue una transfusión de sangre nueva en la vena llorona del realismo latinoamericano. Un libro que me dejó perplejo y que recuerdo haber terminado en tres días. Un libro inevitable. En contraposición me encuentro con el Vargas Llosa actual, preocupado por los grandes temas, exhibidor técnico de su rigor formal y de su oficinesco trabajo literario. Hoy en día sus novelas son como ir a visitar un museo.
Tal vez en la carrera por alcanzar el Nobel muchos autores han perdido su alma. Aquellos que empujaron la cuesta y lograron caerle bien a los suecos, para luego enrollarse en inacabables novelones gratos al entusiasmo consumista de los caza-novedades editoriales. Durante un año sus libros llenarán los anaqueles de los supermercados, para luego caer en el vacío de ser un objeto de colección, lo que significa: no ser leído. Viéndolo desde el otro lado de la barrera, pienso en lo que significa escribir bajo las circunstancias más difíciles y ser publicado desde la invisibilidad de países como Perú o como Guatemala. Pienso en la permanencia alcanzada a fuerza de aprender, corregir y empezar de nuevo, intento tras intento, buscando quizá no ser comprendido sino hasta dentro de mucho tiempo y por otros lectores en otras sociedades. Así es como me quedo con el Vargas Llosa de los sesenta, sin Nobel a cuestas.

miércoles, 24 de noviembre de 2010

ANTI-BREAKS

Fue a finales de la década del ochenta cuando conocí a los anti-breaks. Yo estudiaba en uno de esos colegios donde admiten a los repitentes y a los inadaptados de otras instituciones educativas. Allí estudiábamos alumnos de clase media, junto a otros adolescentes problemáticos que, luego de un largo peregrinaje por todo tipo de colegios de prestigio, habían caído al sótano de la educación guatemalteca. Se trataba de sitios donde no existían prohibiciones. Adentro de sus instalaciones (que eran pésimas) circulaba todo tipo de pornografía, armas y drogas. Varios de mis compañeros eran aficionados a buscar pleitos y a salir a balear señales de tránsito durante las capiusas mañaneras.

Un día un compañero llegó a contarme que unos chicos de 4to bachillerato habían secuestrado a alguien y que, luego de golpearlo entre cinco, lo habían lanzado al fondo de un barranco. Ellos eran los anti-breaks, un grupo de chicos de clase media que se dedicaban a “cazar” mareros a la puerta de los institutos públicos. Y ¿quiénes eran los mareros? Pues lógicamente los chicos que no se vestían a la moda, que tenían aspecto de trabajadores o indígenas y que se educaban en escuelas públicas. Mis compañeritos -varios de ellos están muertos, presos o son cristianos convertidos- estaban contaminados de un virus muy común en Guatemala: el resentimiento de clase. Resentimiento que no se da únicamente de pobres hacia ricos, también de forma inversa. Me imagino que muchos de los patojos de entonces hoy en día conforman grupos de limpieza social, son ex-directores de la Policía Nacional o miembros de redes de sicarios. Si usted quiere enterarse más de esto, lea mi novela “Ruido de Fondo”, en ella encontrará más detalles.

miércoles, 17 de noviembre de 2010

EMPEZANDO POR EL FINAL

Resolver el grave problema que representa el Sistema Penitenciario de Guatemala es, por lo visto, la última en las preferencias de los gobernantes de turno. A nadie le interesan las cárceles, porque nadie quiere tratar con la esencia de los peores males de nuestra sociedad.

Cuando se piensa en las personas que están cumpliendo una condena, de inmediato brota en nosotros un desprecio tan grande, que es muy difícil contenerlo. Nuestro sentimiento de impotencia se va convirtiendo en odio. Quisiéramos torturar, castrar, linchar y borrar a esos seres miserables que viven al amparo de la impunidad guatemalteca. De eso que lo mínimo a esperar es que luego de una buena golpeada y violada, el preso pueda arrepentirse -un poquito- de lo que hizo en contra de esta sacro-santa sociedad.

Y luego de que administraciones de presidios intentaran una y otra vez hacer una limpia en las cárceles del país, ¿qué ha sucedido? Nada. El poder del crimen organizado sigue reafirmándose desde adentro. Es en esos sitios donde los extorsionistas, los sicarios, los secuestradores, los líderes de clicas y los narcotraficantes han construido una fortaleza.

Por la desesperación y el miedo en el que estamos sumidos, hablar de mejoras dentro del S.P. es un asunto de lo más impopular, sin embargo se hace necesario que entendamos que la violencia y la muerte no han resuelto nada en nuestro país. Un preso sin trabajo. Un preso sin estudio. Un preso abusado sexualmente. Un preso extorsionado. Un preso torturado. Un preso que al cumplir su condena no puede incorporarse de nuevo a la sociedad, es el mayor peligro que existe. La normalidad del crimen dentro de las cárceles está rebalsándose. La politiquería ha impedido que este asunto se resuelva de una manera clara y racional, esto significa: darle oportunidades de re-inserción a las personas privadas de libertad. Desgraciadamente la demagogia se inclina por la venganza y no por la justicia. Por el final comienza la violencia.

lunes, 8 de noviembre de 2010

PESIMISMO Y OPTIMISMO


Cultivemos el pesimismo de la razón y el optimismo de la voluntad”. La cita es de Antonio Gramsci y me la envía por correo electrónico un escritor amigo. La releo y de pronto encuentro un punto claro: nuestros intentos por darle algo a Guatemala fallan, precisamente, porque invertimos el orden de esta premisa. Creemos que a través de publicitar un optimismo superficial y panfletario vamos a cambiar la dirección de nuestra situación actual. Hablamos bien de nosotros, pero actuamos de forma cobarde y mediocre. Queremos ser optimistas y conformistas al mismo tiempo. Queremos cuestionar al poder, pero no ejercerlo ni transformarlo.

Ocultar con mojigatería los terribles problemas que atravesamos, es lo que nos mantiene de forma permanente en esa larga fila que es el subdesarrollo. Si decimos que el problema del país es la miseria que sobreviven millones de guatemaltecos, nos llaman pesimistas. Si decimos que le hace falta una transformación profunda al esquema económico que arrastramos desde la época colonial, nos ponen el marbete de socialistas o de resentidos de clase. Pareciera que amar nuestro país significara hacer de lado la injusticia y la corrupción que lo encierra, para celebrarnos en la lógica del paisaje o revestirnos con los logros de algunos guatemaltecos que triunfaron en el extranjero. Y tuvieron que hacerlo afuera, porque aquí adentro sólo pudimos regatear su talento.

Antonio Gramsci, el genio revolucionario más grande que he leído (muy poco conocido por los liberales jóvenes, desgraciadamente), señala que es necesaria la acción crítica para llegar a un cambio. Es absurdo tomar por el mismo camino y querer llegar a otro sitio. Es necesaria la claridad de quienes responden con acciones y no con meras opiniones sensibleras.

jueves, 21 de octubre de 2010

CLASE MEDIA 2020

Imagine la Ciudad de Guatemala con 13 millones de habitantes. Quince mil de ellos tienen el privilegio de contar con un techo y los servicios básicos : electricidad, agua ozonificada y oxígeno. Las familias estarán conformadas por madre, padre (opcionalmente), un hijo pequeño y uno adolescente, que vivirán en colonias residenciales a las afueras del Departamento de Guatemala, dentro de una confortable y segura colonia residencial amurallada, por supuesto, por una fortaleza de hormigón a prueba de bombardeos. El precio promedio de una casa con 3 cubículos para dormir y una sala transformable en comedor y baño, será de cuatro millones de dólares (unos 85 millones de quetzales) pagaderos en veinte años plazo a interés variable.

Habrán excelentes oportunidades profesionales para clasificar y embalar el material de desecho para revender a otros países del Tercer Mundo. Cada trabajador tendrá un sueldo digno, que será depositados directamente, como abono, a su tarjeta de crédito.

La vida política no será muy distinta a la de hoy, la diferencia estará en que sus períodos de gobierno serán de dos años y las elecciones presidenciales se harán a través de mensajes de texto.

En cuanto a lo religioso: tendremos muchas iglesias consolidadas a partir de la fe en el emprendedurismo y el management pentencostal.

Los museos serán trasladados a los parques temáticos construidos -alrededor, sobre o debajo- de los sitios arqueológicos. Y todo lo referente a la educación primaria, media y superior se impartirá desde la pantalla-monitor principal de la casa, ya que las escuelas serán usadas como cárceles de máxima seguridad para funcionarios públicos acusados de corrupción.

viernes, 15 de octubre de 2010

NAZIS

Me entero de que más de mil guatemaltecos fueron utilizados para realizar experimentos de laboratorio durante la década del cuarenta, y lo único que me viene a la mente es que los nazis en realidad ganaron la Segunda Guerra. Los exterminios financiados por el Gobierno de Estados Unidos durante la Guerra Fría en países de Asia, África y América; las mal disimuladas políticas de intervención económica sobre los países pobres; las miles de formas de racismo y xenofobia que han demostrado a lo largo de décadas... todo confirma que esas prácticas nazis se han institucionalizado en lo peor de la política norteamericana. Bueno, y por el otro lado, los regímenes socialistas hicieron del genocidio y de la represión violenta a cualquier tipo de libertad su rutina de equilibrio de poder, logrando con esto mantener dictaduras aberrantes y dejando países baldíos en manos de mafias criminales.

¿Y nosotros? Es evidente que los guatemaltecos despreciamos nuestro presente, porque siempre nos sentimos rebasados por el pasado. Nos ofende el enterarnos de que las inoculaciones experimentales tuvieron lugar durante el gobierno de Juan José Arévalo, como si fuese blasfemo decir que en su gobierno también se cometieron errores lamentables. Ningún pasado ha sido mejor y pensar lo contrario es quedarse eslabonado a la imagen de una época dorada que no volverá a repetirse. El primer paso para liberar el presente, es liberar el pasado. Es necesario entender que cada transformación es un inicio y no una culmen.

Es ridículo, sino triste, encontrarnos con reaccionarios que no pueden ver más allá de su cobertizo ideológico. Quienes pierden objetividad defendiendo la inocencia del Gobierno de Estados Unidos y quienes ven en la Revolución Guatemalteca una galería de heroicas fotos sepias, se llenan de excusas para no enfrentar un presente que es complejo y difícil, pero transformable.

miércoles, 6 de octubre de 2010

MARIMBAS FROM HELL


Ningún artista guatemalteco que yo conozca ha dedicado tanta belleza a la sencillez como Julio Hernández Cordón. Ningún artista guatemalteco, que yo conozca, ha dado vida a personajes tan delirantes, tan complicados y tan tiernos. Creo que en películas como “Gasolina” y en la muy recientemente estrenada “Las marimbas del infierno”, este cineasta guatemalteco ha dejado algo bien claro: el talento no corresponde a la solemnidad, al menos en nuestro país.

En Las marimbas del infierno no existe ninguna mitología nacionalista, tampoco un relato descarnado acerca de la historia guatemalteca reciente. Existe, eso sí, una fascinante exploración por la marginalidad más barroca que tenemos, la de los locos entusiastas que creen y se aferran a su imaginación como única forma de existir. De eso que en ella encontremos a un músico de marimba orillado por el desempleo y por la violencia; a un muchacho “pinta” de la periferia que vive de lo que puede – y con lo que puede-; y a un fascinante roquero de edad madura que no renuncia a su inconformismo heavy metalero. Estos tres personajes arrastran una pequeña marimba por los suburbios con la intención de hacer una inaudita banda de rock que mezcle un poco de cada uno de ellos.

Julio incluye a actores que se representan a sí mismos -hasta yo tengo una participación perversa en el largometraje- y esto hace que la conexión entre el público y el argumento sea inmediato. Sin rebuscamientos dramáticos ni seudointelectuales, Las marimbas, nos habla de una realidad intraducible y extravagante: la de esta sociedad chapina con su candorosa decadencia. La película se está exhibiendo en Cinépolis de Oakland Mall y de Miraflores. Vaya a verla, estoy seguro que saldrá gratamente complacido.


miércoles, 29 de septiembre de 2010

EL HUEVÓN

Quienes tenemos un trabajo nos llenamos rápidamente de tedio. El tedio de llegar apenas al fin de mes. El tedio de distribuir lo que ganamos sin dejar algo para nosotros. El tedio de volver y volver al mismo sitio para hacer lo mismo de ayer y de anteayer, hasta que esa venenosa mezcla de desencanto y de conformismo nos va amargando la existencia hasta convertirnos en una gigantesca bolsa de quejas. Así es que crece, se reproduce y muere el huevón. El huevón es aquel cuya capacidad de decidir y de proponer se ve superada por una enorme frustración crónica y paralizante.

Los guatemaltecos estamos acostumbrados a lo peor de lo malo. Por eso mismo nunca exigimos demasiado. Nos resignamos a la mala atención en las cadenas de restaurantes, al servicio a regañadientes que nos dan en los bancos, a los chóferes de bus que nos tratan como ganado y a los empleados públicos que hacen lo que les viene en gana con nosotros. Somos incapaces de exigirles un mejor trato, porque en el fondo nos congraciamos con nuestra propia mediocridad, o sea, esa torpe clausula de nuestra formación cultural que nos dice que “servir” es lo mismo que denigrarse.

La huevonería es algo que deviene de nuestro sedentarismo tanto para ofrecer, como para exigir. Nos sentimos parcialmente merecedores de lo que hacemos o pedimos, es por eso que nos interesamos tan poco en mejorarlo. Quedarse fuera de las horas de trabajo es tan indigno para el huevón, como lo es para el huevón exigirle un mejor servicio a los gerentes del gran monopolio de los supermercados, bancos o restaurantes y no digamos al Estado. Y es así es como los guatemaltecos ni siquiera nos sentimos en libertad de pedir un mínimo de calidad a cambio de lo que estamos pagando.


jueves, 23 de septiembre de 2010

LA ERA DE LOS CHUNCHES


Todo apunta a que nuestra época será recordada por la basura que deja y por su conciencia “retardada” acerca del medio ambiente. Nuestro lugar en la historia se irá hilando por el fracaso ecológico que provocamos. Un fracaso lleno de buenas intenciones, pero repleto de incongruencias prácticas en el plano político e individual. La Era de los Chunches.

Imagino a los arqueólogos del futuro dando conferencias acerca de nuestra extinta sociedad y de su indescifrable basura. Celulares, I pods, juguetes, empaques de todo tipo, monitores de computadoras, accesorios de carro, devedés... y se preguntarán acerca del porqué los necesitamos para vivir. Otros estudios darán la pauta acerca de nuestra enajenación. Habrá una exclamación, ¡cuánto tiempo perdido!, y las sorprendentes respuestas de cómo dilapidamos nuestros recursos naturales invirtiéndolos en nada. Energía eléctrica para producir ocho, diez o doce horas ininterrumpidas de televisión para una sola familia. Destrucción de una reserva natural con el propósito de filmar una película gringa de lo más mediocre. Miles de toneladas de plástico para grabar un disco de Lady Gaga... La conclusión de tales expertos será sencilla: nos gusta consumir para no pensar, porque nuestra voluntad de elegir se vio reducida al pequeño horizonte de posibilidades que los monopolios de nuestra época nos ofrecieron.

Entre tanta corrección política, entre tanta demagogia relacionada a la libertad del consumo, ¿qué dejaremos a la posteridad sino es un planeta lleno de cosas inservibles? Suena curioso, pero necesitamos estar rodeados de basura. Rodeados por ese montón de chunches de utilidad breve, que -irónicamente- adquirimos para estar vigentes. Una vigencia que durante los próximos mil años permanecerá, sin biodegradarse, al fondo de nuestros barrancos, de nuestros lagos o debajo de nuestras casas.


jueves, 16 de septiembre de 2010

EXTRAÑO

Muy desdichado es ser alguien distinto a la mayoría. Una mayoría que exige una militancia ciega en el conformismo. Conformismo bien planificado y heredado por los padres, que a su vez, también fueron formados dentro de esa normalidad. Seguridad es: trabajo, familia y religión. Sin más ni más. Escenas de una obra de teatro en la que se afianza la seguridad del guatemalteco. El futuro descansa en los “hombres”, entiéndase en el asalariado medianamente responsable que trabaja para dejar algún bien que heredar.

Recuerdo que durante mi adolescencia, aquellos que no encajaban en el esquema del macho-predecible era clasificado -por ciertas características- en tres tipos:

A) Hueco: No pagar por sexo. No hablar de carros ni de fútbol. Vestirse de modo distinto. Llorar sin estar borracho. No saber pelear. Ser un estudiante sobresaliente. Ser apático a las películas de Chuck Norris y Steven Seagal. Evitar eructar y escupir en público.

B) Comunista: Leer. Estar a favor de mejorar el salario mínimo. Preocuparse un poco por el medio ambiente. Asistir a la Universidad de San Carlos. Aprender otro idioma que no sea el inglés. Decir que los primeros en salir al espacio fueron los rusos. Interesarse en la política no-partidista. No ser racista.

C) Mariguano: Estudiar filosofía, literatura, matemática, historia o antropología. Tener cierto interés por escribir, hacer películas o hacer música. Escuchar rock, jazz o música experimental. Tener el cabello largo o la barba. Hacer una conversación de las cosas que no le interesan al promedio de las personas (arte, ciencia o política).

Tomando en cuenta todo esto no debe parecernos extraño que durante tantos años hallamos sido gobernados por productos de este molde masculino guatemalteco, ¿será que nos ha funcionado?

miércoles, 8 de septiembre de 2010

NORMALIDAD GUATEMALENSE

Una peligrosa epidemia ha sido recientemente diagnosticada, se le llama normalidad guatemalense, si su sociedad presenta alguno de los siguientes síntomas debe ser tratada inmediatamente, es progresiva y puede ser letal:

1. Universitarios con la cara cubierta pasan semanas sin permitir el acceso a los estudiantes y a los empleados de la universidad nacional. Las autoridades asumen su incapacidad de resolver el problema apelando a que se ven rebasados por el deterioro de su propia institución: normalidad guatemalense.

2. Luego de días de intensas lluvias muchos poblados lucen como si hubieran sido destruidos con una bomba atómica. La situación se repite año con año, vez con vez, como en un eterno dejavú, mientras las instituciones encargadas de prevenirlo parecen actuar únicamente durante la publicidad de la emergencia: normalidad guatemalense.

3. El señor que veíamos dando declaraciones enérgicas contra el crimen organizado y resguardado por un grupo de malhumorados guardaespaldas, resulta siendo, años después y a la luz de las investigaciones hechas en el siguiente gobierno, una pieza clave para los carteles de la droga en la región: normalidad guatemalense.

4. Todos conocen las zonas de riesgo asediadas por las pandillas, todos saben que las extorsiones telefónicas son dirigidas desde la cárcel, todos predicen los tramos carreteros en los que serán asaltados, pero nadie mueve un dedo para salir de tal situación de terror: normalidad guatemalense.

5. Partidos políticos que luego de ganar una elección presidencial desaparecen. Funcionarios que al perder las siguientes elecciones terminan cumpliendo condena en cuarteles del ejército junto a la cúpula de poder de gobiernos anteriores: normalidad guatemalense.

miércoles, 25 de agosto de 2010

U

La primera vez que hablé con un estudiante encapuchado fue en febrero de 1994. Yo estudiaba Ciencias de la Comunicación en el horario de la noche. De 5 a 9 las aulas se llenaban de estudiantes trabajadores, donde la mayoría de nosotros llegábamos tarde a nuestros cursos, porque nuestros empleos, en todo caso, eran más importantes que la carrera. Recuerdo que entrar o salir de la Universidad de San Carlos durante los primeros meses del año era algo insufrible. Buses a reventar y enormes atolladeros de tránsito eran lo común. Un auténtico ejercicio de persistencia. Recuerdo al encapuchado que entró a la clase y, sin mediar palabra, suspendió el examen que estábamos haciendo. La mayoría de nosotros, cansados y hartos, nos paramos y ante la inutilidad del catedrático, quisimos echar al huelguero. En menos de cinco minutos llegaron otros miembros del comité para obligarnos a acatar por la fuerza. No hubo otra opción que bajar a escuchar la lectura del boletín de la Huelga de Dolores que, como siempre, estaba lleno de reivindicaciones agraristas, misoginia y demás consignas nostálgicas.

La USAC a mediados de los noventa comenzaba su proceso de decadencia. En nada semejaba a una vanguardia intelectual o política, no existía discusión, sólo catarsis y picaresca. Su activismo político se reducía a negociar la toma de calles y la quema de llantas. Las semanas culturales organizadas por las asociaciones consistían en conciertos de merengue con torito mecánico y concursos de playeras mojadas. Definitivamente había perdido su ventaja académica ante la corrupción

Triste pero cierto: hoy en día la San Carlos se debate entre el pasado y el futuro. Una joven generación debe superar la mediocridad y el atraso en que la “U” se encuentra. Autonomía, sí, pero con transparencia y evolución.

viernes, 20 de agosto de 2010

GUATEMALA

Guatemala es una grieta en la acera.

Guatemala es una espera interminable en las bancas del IGSS.

Guatemala es un Toyotía 1000 lleno de verduras cruzando Chimaltenango.

Guatemala es un vasito plástico tirado en el piso de un mercado.

Guatemala es uno de esos globos manchados de colores.

Guatemala es una gota destilada de agua verde.

Guatemala es un asentamiento que se derrumba en cada temporal.

Guatemala es una piedra pintada con propaganda política.

Guatemala es el primo que vuelve de Estados Unidos cada navidad.

Guatemala es una lancha llena de turistas y canastos.

Guatemala es la cerveza derramada en las puertas del Estadio Mateo Flores.

Guatemala el murmullo incomprensible y el sollozo.

Guatemala es un tuc-tuc/moto-taxi sin frenos.

Guatemala es un barrilete que espera al viento.

Guatemala es la muchacha que lee en medio de un bus lleno.

Guatemala es una caja de pollo frito tirada en una manifestación.

Guatemala es una mujer que acaba de dar a luz en el Hospital Roosevelt.

Guatemala son dos niños Tzutuhiles fotografiados por un gringo.

Guatemala es un pan con chomín y un octavo.

Guatemala es un escritorio sin paleta.

Guatemala es una marimba de juguete.

Guatemala es el espejo roto de una radiopatrulla.

Guatemala es un zapato flotando en el lago de Amatitlán.

Guatemala es el limón al fondo de una bolsa de mangos.

Guatemala una carpa agujereada.

Guatemala es una olla con aceite hirviendo en medio de una feria.

Guatemala es la cal con que se pintan las iglesias.

Guatemala es un letrero que se borra en la pared de una tienda.

Guatemala es un pájaro detenido en el cielo.

miércoles, 28 de julio de 2010

DE LOS "PILAS" Y DE LOS "MULAS"

En Guatemala existen definiciones que resumen mucho de nuestra cultura ciudadana. Voy a tratar de explicar la diferencia entre ser “bien pilas” y ser “bien mula” en nuestra sociedad; de eso tal vez podemos sacar algunas conclusiones.

1.Usted logra evitar una larga cola de tránsito provocada por un tramo en construcción, rebasa a los demás automovilistas que están en la fila y obliga a que le cedan su lugar ocasionando más congestión: usted es bien pilas.

2. Usted va en un bus atiborrado de gente y decide cederle el asiento a una mujer con tres niños que no paran de llorar, se queda parado recibiendo empujones e insultos: usted es bien mula.

3. Usted compra una cajetilla de cigarros con un chiclero, le paga con un billete de a diez quetzales, él le da un vuelto de uno de a cien, y como no se da cuenta, usted se queda con el dinero: usted es bien pilas.

4. Un policía lo detiene en un retén, le pide papeles y usted lleva todo en orden, pero se acaba de tomar dos cervezas, el agente le dice que lo va a consignar a menos que le colabore con trescientos quetzales, usted se niega a darle mordida y le pide que le pase la prueba del alcoholímetro, lo que provoca que lo consignen: usted es bien mula.

5. Usted anda armado con una pistola 45 que apenas sabe usar, pero que le hace sentir protegido: usted es bien pilas.

6. Usted cree que la violencia es algo que se mejora con educación, con fuentes de trabajo y con una participación política transparente : usted es bien mula.


¿No cree que ya es hora de invertir los papeles?

lunes, 19 de julio de 2010

OPTIMISMO COLONIZADO

Carretera. A medida que uno viaja al interior del país, el verde de las montañas se descubre totalmente. Toda esa belleza que en Guatemala nos viene como un relámpago. Los cronistas españoles dedicaron gruesos textos de alabanza a estos mismos parajes. Ante su asombro, describían una tierra fértil y maravillosa, bendita al punto de hacer brotar cualquier semilla que rodara por el suelo. Desde entonces los guatemaltecos hemos recurrido a esta imagen colonial para seguir alentando nuestro optimismo por el paisaje. Desde el Siglo XVII y XVIII, pasando por los textos nacionalistas encomendados por Manuel Estrada Cabrera y por Jorge Ubico, y concluyendo con la caracterología de documentales “turísticos” made in Inguat, nuestra identidad está afincada en los volcanes, en el cielo y en los lagos. Un espacio idílico donde el indígena no es más que la persona que atrae al turista con sus vestimentas y sus costumbres exóticas. Esa es la imagen de ensueño que propone vivirnos como un paisaje y no como un país. Un lugar sin diferencias (o sin convergencias) culturales ni contradicciones políticas. Una tierra que busca –como la Cenicienta- existir a partir de un primer mundo que descubra su belleza y la transforme en algo económicamente funcional. Por lo visto ni el esfuerzo de los cronistas ni de los dictadores ni de las instituciones gubernamentales han dado su fruto. No lograron convencernos de que la belleza sea suficiente para hacernos existir como nación. Creyeron que la marginación no es más que otro ingrediente en el paisaje de la carretera o que la pobreza es algo soportable para quienes salen en la postal y no dicen nada.

lunes, 12 de julio de 2010

VOCABULARIO GUATEMALENSIS (SE ACEPTAN SUGERENCIAS)

Cúpula empresarial: Grupo de amigos y familiares unidos por la consigna de comprar barato, vender caro y quedarse con el vuelto.


Grupos organizados: Colectivos de gobierno y de sociedad civil encargados de velar por los derechos humanos, diferenciados por el hotel capitalino donde organizan sus congresos y po el país que paga a sus consultores.


Hoyo (dar el): Acto de vender nuestros dos agujeros (el de la zona 6 y el de la zona 2) a empresas transnacionales para su explotación comercial.


Independencia 15 de septiembre: Feriado nacional que conmemora la fundación del Cacif.


Instituciones de gobierno: El sostén de nuestros pechos.


Izquierda guatemalteca de posguerra: Extraño fenómeno inventado por la derecha guatemalteca.


Manifestantes: Aglomeración de personas que se junta frente al Palacio Nacional de la Cultura en horas laborales.


Países amigos: Gobiernos desarrollados que desean que Guatemala cambie (o que no).


Mesas de diálogo: Espacios de negociación que garantizan que la gente progresista tenga espacios en el gobierno, siempre y cuando sean puestos sin presupuesto y sin poder de decisión.


Narcotraficante: Acaudalado benefactor de jaripeos y palenques, vistoso por su colorida vestimenta, sus novias siliconeadas y sus vehículos agrícolas.


Partido político: Clan de personas que cree en las asambleas multitudinarias y en las cancioncitas pegajosas, empresa particular que hace prestamos pagaderos en cuatro años plazo.


Poderes ocultos: Grupo de personas que salen todos los días en las noticias de prensa y que nunca van a la cárcel.


Sistema penitenciario: Curso intensivo de sobrevivencia y organización criminal con miras a ampliarse a todo el país.


jueves, 1 de julio de 2010

LA GUERRA POR LA CULTURA

De sobra se sabe que la cultura nunca está presente en el llamado “diálogo nacional”. Que los temas impuestos en las mesas de análisis, siempre se van por los linderos de la economía desarrollista y de una corrección política que sea un canto de sirena para los fondos internacionales. Que la definición de “cultura” se asemeja en mucho a una estampa inofensiva y folclorizante de grupos que viven muy bien dentro del eterno pasado guatemalteco.

De tener un mínimo interés, los funcionarios y tecnócratas medianamente instruidos propondrían darle un giro al pensum educativo nacional, incluyendo la cultura -no como algo inerte y lejano- sino como una transformación continua e indispensable para entender nuestras diferencias. Lamentablemente el criterio formativo en las aulas no pasa de ser una rápida visita por la lectura obligatoria de cursis tratados de mojigatería y simplismo muy a lo Cuauhtemoc Sánchez.

Queda siempre ese resquemor de tratar al arte como un producto decorativo para gente snob. Sin embargo es indispensable que se revalore el papel de los creadores y de los símbolos que producen. La imaginación también es parte de nuestra historia y de nuestro legado, es nuestro futuro y es nuestro presente.

miércoles, 23 de junio de 2010

FUTBOL EN PROSA

Se dice que el Mundial de Futbol es la mejor cortina de humo para desviar la atención acerca de temas importantes. Que nadie escucha ni piensa ni opina acerca de nada que no sea fútbol. Que durante esta época las calles de la Ciudad de Guatemala parecen un pueblo de zombis.

¿Qué puedo decir personalmente acerca de este deporte tan provisto de anti-intelectualismo y de melancolía? La verdad, no sé. Es posible que el fubol esté asociado a los mejores y a los peores recuerdos de mi infancia. De niño yo no soñaba con escribir, yo quería ser Maradona. Durante el mundial memorizaba con mis compañeros los nombres ilegibles de futbolistas rumanos o cameruneses y asistía, en cada partido, a una suerte de curso involuntario de geopolítica. Todavía vi jugar a la Unión Soviética y a los antiguos países socialistas, claro, ante la prudencia ideológica de los comentaristas de la televisión nacional. Fui testigo de la derrota de los ingleses a manos de Argentina como parte de un reclamo histórico ante la guerra de las Malvinas. Estuve al tanto de las dictaduras, y demás miserias existentes en los países de Latinoamérica o del Medio Oriente, cuando la cámara mostraba esos ancianos militares rodeados por guardaespaldas que observaban al equipo de su país con cierta distancia. Años después también fui testigo de la xenofobia, cuando Zinedine Zidane agredió a un neofascista jugador italiano que le recordó su origen no-europeo durante el partido de la Final de Alemania 2006.

Desgraciadamente la realidad está presente en todos lados. Pero la fascinación que tenemos por el futbol en los países pobres, es precisamente esa, sentir que mientras no se detenga esa pelota, somos capaces de cambiar nuestra historia.

miércoles, 9 de junio de 2010

ESE TIPO DE VIDA

Comenzamos nuestra vida “útil” cuando nos hacemos completamente independientes. De eso que nuestros padres den por hecho que su labor quedó terminada cuando logramos cubrir por nosotros mismos nuestras necesidades. Así concluye el ciclo ominoso de la paternidad asumida como un tipo de trabajo patriótico y cristiano cuyo sentido fundamental es multiplicarse.

Desde antes del matrimonio, casi desde la infancia, recibimos esa encomienda de ser padres. Traer un niño al mundo es algo tan común y corriente como tener una mascota o una planta, algo que debe celebrarse porque es motivo de una alegría sin complejidad. Muchos son los casos de las adolescentes que se embarazan y construyen sus improvisados núcleos familiares sin darse cuenta del daño tan grande que se hacen y que le hacen a la sociedad. Es que hemos simplificado a tal punto la importancia de la vida que ya ni siquiera podemos darle un mejor significado.

El desastre en sociedades como la guatemalteca comienza con nuestra incapacidad para ver las cosas claramente. La vida en este país no vale nada desde antes de comenzar. Difícilmente vamos a salir de nuestro estado de pobreza, si no llegamos primero a un acuerdo en el tema de la educación sexual y de la planificación familiar en los más jóvenes. Nuestra mayor derrota no está en la violencia, está en la cantidad de niños analfabetas, maltratados y hambrientos que tenemos hoy, y en el horizonte de posibilidades que le aguardará como adultos en el mañana.

miércoles, 2 de junio de 2010

DEBAJO DEL PUENTE

Existen dos vidas, una arriba del puente y otra debajo.

Desde arriba la gravedad atrae a quienes observan en el barandal. Techos lejanos que se mantienen bajo el peso de llantas viejas y restos de chatarra. Caudalosos deshechos químicos y humanos fluyen junto a las gradas y las veredas. La humedad entre el musgo, la basura y las matas que asientan la forma de este infra-mundo.

Desde abajo las cosas cambian. Las enormes columnas de concreto hacen del puente un extraño techo, un techo frío y remoto, o una suerte de cielo gris permanente. La vida cotidiana es asediada por temblores y cosas que caen desde la superficie. A veces -como en la película de mi amigo Gustavo Maldonado- hasta llueven milagros. Niños juegan al fútbol como en cualquier otro lado. Las mujeres barren sus casas. Otros suben a ganarse la vida en lo que pueda ofrecerles su horizonte de posibilidades. Ni la malla metálica que pusieron ha logrado evitar que las personas desesperadas se lancen al vacío. Los cuerpos caen y los vecinos ven descender a los bomberos para recogerlos. Una suerte de Xibalbá.

Cuando sucede la desgracia de llover durante días y continuamente, el asentamiento suele borrarse. Desde los carros y los buses que cruzan la estructura, sólo puede reconocerse una densa niebla cernida sobre el barranco. La cámara de un noticiero de televisión capta el rostro de una madre, un padre o un hijo velando una infinita tristeza. La vida está en otra parte, arriba, en ese lugar de bocinas que buscan, entre la prisa, abrirse un camino hacia ninguna parte.

miércoles, 26 de mayo de 2010

CONGO

La plumilla retiraba las gotas sobre el windshield y Manolo seguía haciendo su recuento de nuestros amigos de infancia y de lo que fue de ellos. En ese momento sentí que ese pasado estaba en otro sitio, en un lugar congelado y remoto de mi vida. Con Manolo compartimos una adolescencia disconforme, llena de excesos, chabacanerías y desintereses comunes en un barrio que ahora está plagado de sicarios, robacarros y narcotraficantes. Él optó por casarse y tener hijos con una muchacha de la colonia y sigue viviendo en la misma casa de entonces; pone un disco de Soda Stereo y me pregunta si todavía me gusta ese grupo. Los años ochenta pasan velozmente por la avenida mientras la lluvia arrecia. Toda la mara o está muerta o está en el Norte o está presa o se volvió evangélica -acota de manera tajante. Se acumulan en mi mente una serie de imágenes presentes: la señora de la tienda que me vendía el pan, mi primera novia, el muchacho gordo y solitario que se apostaba en una esquina a escuchar la radio por las noches. Ahora ese lugar ya no existe. Toda esa gente dejó sus casas al comenzar el granizo. La pólvora acabó con la vida de personas muy queridas, vecinos que se atravesaron en el camino de los extorsionistas, sicarios y narcotráficantes que tomaron nuestras esquinas. Es la soledad vos, me dice sin soltar la vista del camino, nuestros viejos nos dejaron solos, se fueron a trabajar a los Estados y nosotros aprendimos de las malas juntas: dejamos de estudiar y agarramos vicios. Queríamos las chivas de la mara con plata, pero no trabajar por ellas. Eso nos llevó por el mal camino.

Me despido de Manolo y bajo de su taxi. Me invade una remota y sólida tristeza.

miércoles, 19 de mayo de 2010

A MITAD DE CAMINO

Aquí el taxista hondureño que regresaron de México y que no tuvo de otra que buscarse la vida en Guatemala; no tiene arreglados sus papeles y trabaja con una cédula falsa. Aquí la señora de León Nicaragua que hace la limpieza en un hotel de la Terminal de autobuses; gana seiscientos quetzales mensuales y trabaja de lunes a domingo. Aquí la niña salvadoreña que es mesera de un restaurante de comida china en la 17 calle de la Zona 1; vive en la casa de la dueña que la golpea y la amenaza con denunciarla a las autoridades si no es más cariñosa con los clientes. Aquí el muchacho cubano con una licenciatura en educación y que trabaja de seguridad en una barra show. Aquí los haitianos que nunca se devolvieron a Puerto Príncipe y que deambulan por las calles de Chimaltenango pidiendo dinero o comida sin que nadie les entienda una sola palabra. Aquí la gente de Asia y de África que no encuentran quien les dé un vaso con agua. Aquí los que se quedaron a mitad de camino hacia el sueño americano.
Aquí también se les golpea, aquí también se les persigue y se les explota; aquí también van a encontrar quien les levante la camisa para encontrarle tatuajes para estigmatizarlos como mareros o narcotraficantes; aquí también hay ignorantes que creen que los inmigrantes vienen a quitarnos el trabajo.
Entonces, ¿qué podemos decir acerca de las leyes xenófobas contra los inmigrantes guatemaltecos en Arizona?, ¿será que somos mejores que ellos sólo por ser sus víctimas?

lunes, 10 de mayo de 2010

IGNOCRACIA

El peor delito en la política es la ignorancia. Pero no me refiero a la carencia de conocimientos técnicos especializados, sino a la ignorancia absoluta sobre el país que se pretende gobernar. No conocer su historia, su arte, su literatura es tan vergonzoso como el desconocer todo lo referente a su economía, geografía y administración.

Me imagino que algunos recelarán de este argumento. Esos algunos que detentan un poder que consiguieron mediante la demagogia, y que temporalmente, en su completa y rotunda oscuridad conceptual, tienen la sartén por el mango. Aquellos que entraron gracias a la verborrea y al parasitismo más rastrero que existe dentro de los partidos políticos guatemaltecos. Luego de pagar su boleto –a falta de méritos- se suscriben a contratar decenas de asesores para que les hagan comprensible lo que les resulta ininteligible.

En El Príncipe, Maquiavelo pronostica la caída de los gobiernos y de los gobernantes que en lugar de buscar la lucidez, busquen rodearse de aduladores y de oportunistas. Porque la incompetencia se reconoce fácilmente: carece de autocrítica, se ufana de su autoridad (no de su conocimiento) y en lugar de consejeros busca conserjes.

John Stuart Mill por otro lado señala que el mayor delito que puede cometer un gobierno es no poner a los mejores dentro de su administración. Con los mejores se refiere no solamente a los más informados, sino a los más íntegros. Ni dogmáticos ni trepadores construyen un estado fuerte, es la lealtad con los gobernados y no con quienes están de turno, lo que construye justicia.

miércoles, 28 de abril de 2010

PRIMEROS CHANCES

Aquí tenemos a nuestro muchacho. Sus manos son cortas, pero bien aguantan el peso de una pistola calibre 45. Tiene 13 años y ya mató. Su primer chance será asesinar a una mujer frente a sus niños. Él sabe que actúa solo, pero vamos a pagarle lo suficiente para que se emborrache y se compre un par de piedras de crack. Luego vendrá de vuelta con los dedos llenos de sangre. Si lo atrapan será necesario hundirlo en lo más profundo de un basurero hasta que aprenda que las personas como él merecen la cárcel y la muerte.

Aquí tenemos a nuestra muchacha. Menudita y con facciones de niña. Tiene 13 años y está embarazada. Su primer chance, sexo de lunes a domingo en un hotel frente al mercado. Vamos a tenerla escondida hasta que cumpla la edad legal para sacarla a la calle. Vamos a pagarle lo suficiente para que le dé de comer a su hijo cuando nazca. Ella sabe que actúa sola. Si la descubren vamos a quitarle a su niño, vamos a violarla dentro de una radiopatrulla o vamos a dejarla hecha pedazos en un terreno baldío.

Aquí tenemos a nuestros muchachos. Sus primeros chances, limpiar los vidrios de nuestros carros. Tan pobres, tan mugrosos, tan hambrientos. Vamos a darle un par de monedas antes de que cambie el rojo de los semáforos, así sentiremos que nuestra conciencia queda en paz durante todo lo que reste del día.

miércoles, 21 de abril de 2010

ROÑA

Un amigo me contó que durante su clase de maestría en política, en una prestigiosa universidad privada, preguntó a sus alumnos si conocían la obra de Karl Marx, ante el silencio general una muchacha levantó la mano y respondió: ¿Era uno que era guerrillero, verdad? Aunque risible, esta es una reducción caricaturesca de los nuevos profesionales. Sin embargo no es muy distinta a la de los eternos militantes de la izquierda exquisita que cuando oyen el nombre de Friederich Hayek o Von Mises sacan de inmediato sus rosarios llenos de consignas y prejuicios, y no se inmutan en señalar de teóricos neoliberales a John Stuart Mill o Isaiah Berlin sin haber leído una sola página de sus obras. No menos pintoresco es el caso de los hepáticos gurús empresariales que afinan sus dardos contra el Estado señalándolo de corrupto e innecesario, pero que sufren de amnesia temporal cuando se trata de cerrar jugosos negocios con el mismo. Ni los periodistas que proclaman la libre expresión del pensamiento, siempre y cuando este sea muy afín al grupo social que está detrás de ellos. En la misma canasta caben los intelectuales añejos que se dedican a resobar argumentos contra los jóvenes, simplemente por miedo a que su influencia les sea poco relevante. O los habituales opinionistas amargados que dedican años de columnas intrascendentes a señalar nuestras ridículas e incivilizadas carencias, pero que difícilmente pueden disimular su racismo y misoginia. Quedan los que dicen que quieren irse, pero nunca lo hacen… desgraciadamente.

Mis preguntas difíciles son: ¿Me siento digno de tirarles la primera piedra?, ¿Será que yo no soy peor que todos ellos?

http://www.sigloxxi.com/opinion.php?id=8673

miércoles, 7 de abril de 2010

QUEDAN MUCHAS COSAS

Nada se hace en vano. Quedan muchas cosas logradas. Un jardín sencillo, pero cultivado con gran esmero: rosales, plantas y flores diversas. Los gruesos tomos de literatura inglesa; las notas al pie en una obra de Shakespeare; los retazos subrayados en los libros de Umberto Eco; los muchos poemas que una vez leídos se transformaron en almas. Queda una casa cálida, el flan de la abuela cocinado a las cinco de la tarde. También permanece la serena generosidad de una sonrisa ancha.
Queda la esperanza puesta en nuevas auroras. El sueño de alcanzar la poesía en el vivir mismo y no sobre las estanterías ni debajo de los escritorios. Queda el compromiso de transformar el mundo desde este país tan golpeado como doloroso y repetir el rastro de tu claridad intelectual y tu ética inquebrantable.
Quedan muchas cosas en tus vecinos que te recuerdan: la señora con quien conversabas en el mercado, tus hijos inmensamente tiernos y el resto de los mortales que movemos las hojas agazapados en el viento de la noche.
Yo realmente puedo decirte muy poco. Te agradezco la amistad transcurrida y la enseñanza de este enorme trabajo que es escribir.
Para Ana María Pedroni (6 de agosto de 1930-27 de marzo 2010): maestra, escritora e intelectual argentina. A la huella imborrable de su paso por Guatemala. Sin lugar a dudas uno de los mejores seres humano que he conocido en la vida. Somos muchos quienes vamos a echarla de menos.

lunes, 5 de abril de 2010

DISENTIR

De nada sirve discutir. Somos incapaces de llegar a converger en un punto común, porque culturalmente se nos educó para no dialogar. Acostumbrados a sermonear o a dar sermones, nuestra herencia cristiana nunca se aparta de nosotros. De eso que disentir sea una forma de atacar y no de hablar. Nos comunicamos desde el púlpito de nuestras certezas y jamás lo hacemos tratando de entender el punto de vista de los demás. Resolvemos desde un tribunal donde los otros son nuestros jueces o nuestros condenados. Mantener esa falsa solvencia moral encima de los demás, sostiene y justifica nuestra intolerancia.

Pedimos justicia. Pedimos un alto para la impunidad. Nos asumimos como víctimas de un sistema completamente falible. Pero marginamos cualquier idea que sea distinta a lo que se nos ha inculcado. Disentir se ha vuelto una amenaza para una sociedad que tuvo su origen en la inquisición española. Pienso en los grupos de linchamiento organizados para vapulear y quemar desde un delincuente hasta cualquiera que amenace el punto de vista dominante de la aldea o del barrio. El simple hecho de disentir parece acercarse a un delito.

No todo el mundo está en contra del consumo de drogas, no todo el mundo es heterosexual, no todo el mundo es cristiano, no todo el mundo quiere casarse y tener una familia, no todo el mundo cree que amar a su país sea llevarse la mano al pecho y cantar el himno nacional, no todo el mundo encaja en el formato impuesto a partir de nuestros miedos y errores comunes.

miércoles, 24 de marzo de 2010

RESISTENCIA

Pregúntele al ayudante de camión que estudia magisterio en una escuela nocturna. Pregúntele a la empleada doméstica que dejó a sus tres niños pequeños en su pueblo. Pregúntele al anciano que recibe 500 quetzales de jubilación. Pregúntele a la señora con cáncer que está haciendo cola en una banca del IGSS. Pregúntele a la viuda del piloto de bus que mataron la semana pasada. Pregúnteles a los niños que caminan con una carga de leña a la orilla de la carretera. Pregúntele a la mujer que espera el último autobús a las 10 de la noche en la 18 calle de la Zona 1. Pregúntele al hijo del campesino de Huehuetenango que quiere estudiar en la universidad. Pregúntele al que lleva seis meses sin trabajo. Pregúntele a la familia que dejó su casa por huir de las maras. Pregúnteles a los que están trabajando de ilegales en Estados Unidos. Pregúntele al policía que nunca ha aceptado un soborno. Pregúntele al agente de seguridad que gana menos del salario mínimo. Pregúnteles a la madre y al niño con VIH. Pregúntele al pastor que trabaja en los centros de rehabilitación para drogadictos. Pregúntele al vendedor de lapiceros que se sube en las camionetas. Pregúntele a los ex pandilleros que no tienen a dónde ir. Pregúntele al hijo del campesino que se va a graduar de auditor. Pregúntele al funcionario que prefirió ser despedido antes que corromperse. Pregúntele al que logra publicar un libro, grabar un disco o hacer un cuadro. Pregúnteles, ¿qué es para ellos vivir en Guatemala?, y estoy seguro que su respuesta será simplemente: r-e-s-i-s-t-e-n-c-i-a.

miércoles, 17 de marzo de 2010

PRIORIDADES Y PLACEBOS


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El estado y sus prioridades: salud, alimento y educación. El gobierno y sus preocupaciones fundamentales. Pasa el tiempo, pasan las administraciones, pasan las intensiones de desarrollo, pasan los consultores, pasan las enormes inversiones en infraestructura, pasan las discusiones, reafirmaciones, las ayudas internacionales, los discursos en la televisión, las giras de propaganda, las promesas, los encarcelamientos y las persecuciones, pero el estado mantiene siempre sus prioridades: salud, alimento y educación. Los eternos problemas que de solucionarse, acabarían de una vez por todas con la muletilla demagógica de aquellos que no comprenden que “el pueblo” es algo más que un coloso con pies de arcilla dispuesto a venirse encima de ellos.
La gente con hambre no se educa, la gente ignorante no se cura, la gente enferma no trabaja ni produce. Así es como tratar de resolver lo prioritario político, es como un perro que busca morderse la cola. Ninguna de estas necesidades parece resolverse y todos los problemas se amontonan en la puerta sin dejar pasar la solución para ninguno.
Hablar de problemas ecológicos, hablar de cultura, hablar de propuestas para alejar de la violencia a los jóvenes… todo eso puede esperar un siglo sin resolverse. Ponemos siempre lo puntual en lo político. Si se trata de seguridad, saquemos una jauría de sicarios que liquiden a los perros con rabia. Si se trata de hambruna, llenemos estómagos con las sobras que nos quedan. Si se trata de educación, pintemos una escuelita sin escritorios y sin maestros. Si se trata de salud, pongamos más bancas en las salas de espera de los hospitales.
Todos los males urgentes se amontonan en el marco de la puerta. Placebos para grandes males. Somos reactivos a la catástrofe, pero ¿Cuánto tiempo nos dura la indignación? 

miércoles, 10 de marzo de 2010

BLANCO POLARIZADO

En la esquina aguarda un carro blanco con un polarizado espesamente oscuro. No se observa movimiento en su interior, pero la ventana del piloto está levemente abajo, alguien dentro tiene que respirar. Me acerco y trato de observar qué tan oscuras son sus ventanas, y compruebo que son tan oscuras como un lago de petróleo. Mejor seguir caminando.
No he avanzado dos cuadras, estoy buscando mis audífonos en la bolsa del saco. En un par de minutos unas llantas rechinan, suenan disparos rápidos y continuos. La gente de la calle se distorsiona, se sienten atraídos por la balacera, corren hacia ella. Volteo y compruebo que el carro blanco avanza por la calle lentamente y se pone a la par mía. Alguien baja el vidrio a la mitad y logro ver los ojos del copiloto. Dejalo hombre le dicen. Shó, contesta. El vidrio se baja completamente y veo el rostro de un adolescente que saca el brazo y me apunta con una pistola. Me detengo a verlo y, para ser sincero, ni siquiera estoy nervioso, va a disparar, ¿cuál es el problema?, aquí todo el mundo lo hace, me sonrío. Él no parpadea y yo no bajo la mirada, ni siquiera veo el arma con que me está apuntando. Entonces el carro blanco comienza a avanzar y el sicario me hace una seña con el dedo de en medio, aceleran y se pierden. Yo sigo buscando los audífonos y caminando hacia mi trabajo. Busco un chiclero para comprar unos cigarros -Hubo balacera otra vez, me comenta sin mayor dramatismo y le respondo que sí con un movimiento de cabeza.

jueves, 21 de enero de 2010

TERRENO BALDÍO


Recuerdo el terreno baldío que estaba unas cuadras abajo de mi casa. Era un lugar de nadie, el pequeño campo a la orilla del barranco donde los buenos vecinos iban a echar toda su basura. Entre el monte crecido, las botellas rotas y los perros muertos sucedían muchas cosas. Era el campo de pruebas para las quemas del diablo y las detonaciones de morteros de iglesia. También era dormitorio de indigentes y asilo de todo tipo de prácticas ocultas. Durante el invierno el olor a cementerio sitiaba los charcos y hacía que el lugar se volviera una suerte de pantano.
Los terrenos baldíos ocupan buena parte de los mitos de infancia y de esa extraña convergencia con las márgenes en los espacios urbanos. De eso que al mencionar terreno baldío surjan de inmediato una serie de asociaciones, ¿cuántas cosas pueden suceder en esos lugares deshabitados?, lo que hace inevitable que uno se sienta incómodo y espere las peores noticias. El sitio donde se botan cadáveres, donde se viola, se destruye, se mutila. El enclave para cualquier tipo de actividad ilícita o anormal en la periferia, detrás de nuestras casas o a la orilla de la carretera por donde pasamos todos los días.
Para hacernos una idea del deterioro en que hemos caído como sociedad, basta con enterarse de lo que sucede en los terrenos baldíos. Cómo se reparte la miseria, la muerte y el dolor allí dentro. Cada día aparece una noticia que describe una escena de ese horror, cercano y oculto, que poco a poco va tragándonos.
Vivimos en medio de campos de exterminio que no identificamos. En una esquina, dentro de un edificio, de una casa, rodeada de paredones llenos de alambre o fragmentos de vidrio. Allí junto a la calle que transitamos día con día, existen horrores indescriptibles.
Nuestra debacle es saber que alrededor nuestro existen esos lugares de nadie, donde pasan cosas terribles, que se hacen importantes cuando somos las víctimas directas. Mientras eso no sucede, preferimos ver a distancia esa desolación, pasar ligero y sin darnos cuenta.

miércoles, 13 de enero de 2010

HÉROES

Sin duda nuestra noción de heroísmo ha cambiado. Cada generación trae consigo la suya y se ve reflejada en el cómo se abarcan determinados temas. Estamos en una época donde los discursos caen fácilmente en la demagogia. Una desconfianza que ha crecido a fuerza de ver que las palabras no necesariamente concluyen en un compromiso de cambio y de ruptura, mas bien, se acortan en aplazamientos y en cambios cosméticos para el atraso y la disfuncionalidad. Todas las rutas del heroísmo parecen cerrarse frente al derrotismo y la desconfianza que ahora nos convierte en cínicos.

Al pasearnos por los corredores de los museos de historia, tanto de Guatemala como de Centroamérica, encontramos esos rostros encerados de sus fundadores. Los próceres que inventaron lo centroamericano, los presidentes que provocaron las repúblicas y las revoluciones que dieron un giro a la economía y a la manera de hacer política. Nombres de parques y de estatuas. Plazas y edificios. Hoy en día todo eso parece cuestionable. La visión de esa historia es muy distinta entre los más jóvenes; distinta de aquella que aprendimos los que nos educamos durante el período de la guerra, cuando la sombra del control de un Estado totalitario estaba sobre lo que se enseñaba en las aulas. Ese “pasado” que era una manera de justificar un presente congelado en la mediocridad y el conformismo.

Es curioso que la revisión crítica de ese pasado histórico no sea una prioridad para los gobiernos de la región. Las universidades públicas y privadas no promueven la investigación, fuera de lo establecido como “la versión oficial” -que no es necesariamente la de los vencedores ni la de los vencidos-. En Guatemala no existe una manera de entender el heroísmo visto desde lo indígena. Poco, realmente muy poco, se ha escrito de esa otra experiencia y de esa otra resistencia.