martes, 5 de febrero de 2019

INTRODUCCIÓN A LA EDICIÓN DE "SOLEDADBROTHER" AL BENGALÍ


Tengo una relación directa con la literatura, cada libro, cada página es un episodio de mi vida. Tiempos apacibles y tiempos difíciles, algunos para ser escritos y otros para ser leídos. Cada palabra está ubicada dentro de mí como si llenara mi propio alfabeto interior, mi propio mapa de palabras, de eso que caminar con un libro en la mano sea algo indispensable cada día.
Quizá por ese motivo, caminar sea una parte fundamental de la vida que leo y de la vida que escribo. Al abrigo de las páginas sobrevivo a un mundo cada vez más ancho y más ajeno. Anotar en un cuaderno o en las orillas de una página es lo que ha sido mi vida hasta hoy. Subrayar para acercar voces remotas que reflejan mi propia voz, sentir la extraña alegría que me da un eco recorriendo mi interior, porque no soy otra cosa que palabras añadidas a lo largo del tiempo.
Escribir también es tiempo y es observación. Algunos deciden aislarse, no salir ni ver gente. Sus libros están en el silencio de una habitación, eso nunca sucede conmigo. Todo lo que he trabajado viene anudado al movimiento y a la búsqueda por definir lo que se presenta frente a mis ojos. Estoy lleno de interrogantes y casi ninguna respuesta. De eso que la poesía sea mi territorio más cercano. Mi poesía no es un proyecto, no tiene una ruta, todo lo contrario, escribirla parece algo más cercano a cavar un túnel en la completa oscuridad, sin comprender cuál es su destino.
Los poemas reunidos en este libro fueron escritos entre 1995 y el año 2002. Una época en que en mi país, Guatemala, recién terminaban treinta y seis años de guerra que dejaron doscientas mil personas muertas y muchísimas desaparecidas. Aún con las cenizas humeantes del único genocidio reconocido en Latinoamérica, me tocó ser espectador de la tragedia. Aquellos libros de Allen Ginsberg y de Jack Kerouac que por ese tiempo iban conmigo a todos lados, mientras caminaba por las calles de una ciudad de barrios oscuros y violentos, repletos de cocaína barata, ron barato y prostitutas tristes. Ser poeta en tal escenario era una experiencia digna de la Divina Comedia. Ese entorno era lo más parecido a una colonia penitenciaria. El título SoledadBrother se conecta a partir de mis lecturas del libro Soledad Brother de George Jackson y llegó en el momento en que estaba transcribiendo mis notas para intentar construir mi propio testimonio. No encontraba poemas, lo que yo escribía eran cartas, misivas tan parecidas a las del intelectual afroamericano preso y asesinado en la cárcel de Soledad. En inglés Soledad no significaba nada, pero Brother sí; en español es todo lo contrario, parece un juego de palabras en spanglish –lengua de la migración latinoamericana- que refiere a la extraña hermandad que nos da el sentirnos solos.
El tono que buscaba era el de la despedida. Un largo adiós que diera una última recomendación al lector: vete y no vuelvas, no hay futuro en un país como éste, en una ciudad como ésta. Quizá porque los motivos que llevan a los centroamericanos a la migración cada día se hacen más evidentes. Desolación de salir huyendo de la pólvora o del hambre, viajar hacia Estados Unidos en trenes repletos de muerte o en caravanas inmensas para no ser aniquilados en su propia tierra, esos temas por los que esta región invisible del planeta se ha hecho tristemente famosa. Así un grupo de poemas que fueron escritos en las calles y en los bares de la ciudad de Guatemala, hoy en día acompañan a muchas personas que siguen la ruta de escape, para cruzar fronteras que nunca los recibirán con los brazos abiertos.
Anoto estas palabras a los nuevos lectores de este libro. Soy un hombre que viene desde el otro lado del mundo, soy un centroamericano pequeño nacido en un lugar pequeño. Lo que pueden encontrarán en estas palabras no es más que honestidad, una lista de razones para convencerme de que escribir es una manera de amar la existencia. Nunca pensé que mis poemas llegaran hasta ustedes algún día. No reciban este objeto como un libro más, guarda en su interior a otro ser humano.
Javier Payeras
Ciudad de Guatemala, febrero 2019

1 comentario:

Yonopino dijo...

Pedófilo de mierda.