miércoles, 27 de abril de 2016

SEXO Y DOGMA


Comenzamos nuestra vida “útil” cuando nos hacemos completamente independientes. De eso que nuestros padres den por hecho, que su labor quedó terminada cuando logramos cubrir por nosotros mismos nuestras necesidades. Así concluye el ciclo ominoso de la paternidad asumida como un tipo de trabajo patriótico y cristiano cuyo sentido fundamental es multiplicarse.
Desde antes del matrimonio, casi desde la infancia, recibimos esa encomienda de ser padres. Traer un niño al mundo es algo tan común y corriente como tener una mascota o una planta, algo que debe celebrarse porque es motivo de una alegría sin complejidad. Muchos son los casos de las adolescentes que se embarazan y construyen sus improvisados núcleos familiares sin darse cuenta del daño tan grande que se hacen y que le hacen a la sociedad. Es que hemos simplificado a tal punto la importancia de la vida que ya ni siquiera podemos darle un mejor significado.
El desastre en sociedades como la guatemalteca comienza con nuestra incapacidad para ver las cosas claramente. La vida en este país no vale nada desde antes de comenzar. Difícilmente vamos a salir de nuestro estado de pobreza, si no llegamos primero a un acuerdo en el tema de la educación sexual y de la planificación familiar en los más jóvenes. Nuestra mayor derrota no está en la violencia, está en la cantidad de niños analfabetas, maltratados y hambrientos que tenemos hoy, y en el horizonte de posibilidades que le aguardará como adultos en el mañana.
Puedo comprender los dogmas que llevan a las personas a asumir posturas religiosas o políticas ante temas como la planificación familiar o cierto tipo de educación encaminada a mantener ciertos principios. Mi única defensa va dirigida a la libertad, no soy quién para sermonear con odio acerca de lo que no comparto. Sin embargo, es notoria la ausencia de sentido común al dejar de lado problemas como los embarazos, el VIH y demás asuntos de salud. Así como es notoria la inclinación demagógica, ideológica y racista que existe en otros temas relacionados con la justicia. Quizá esta extraña mezcla de fanatismos radicales sean la enorme piedra que nos impide avanzar en el camino por convertirnos en una sociedad abierta.

BRILLEMOS PORQUE HAY OSCURIDAD


Tomo un poema al azar del libro Telarañas de Regina José Galindo. Leo y algo me golpea. Una lista de los nombres de quienes nos han dejado. Terreno compartido con mi amiga. Su libro es una mesa para invitados de todas partes, para que vengan y nos espíen por las celosías de nuestras esperanzas confusas y de nuestra soledad tan compartida.
Siempre los libros son testimonios de tiempos difíciles que aguardan días mejores.
Este año se cumplen varias efemérides, entre ellas los cuatrocientos años de Cervantes y los cien años de la muerte de Rubén Darío. Se conmemoran los libros como esos objetos vivos, que fuera de las estanterías son fieles a nuestra vida. Pienso que ningún escritor sueña con que su trabajo se llene de polvo en la última repisa de una biblioteca. Más bien, quienes experimentamos la metamorfosis de escribir para otros, queremos hacer algo portátil que permanezca mucho tiempo cerca de quienes nos leen.
Pienso en los libros de los autores guatemaltecos del presente: impresos o digitales, obras reunidas u opiniones dispersas aún. La vigencia está en el renovado entusiasmo de muchos por escribir y en aquellos que buscan leer una persona viva. Escritores nuevos para públicos nuevos. Esa es la sangre y el relevo que necesita la lectura.
Pienso que si los maestros de literatura se entusiasmaran realmente en los libros, con esto no me refiero a los muy pocos didactas con amor por la lectura, transmitirían su pasión a las generaciones que hoy por hoy pueden hacer un verdadero cambio.
Hay tanta riqueza: películas acerca de libros; libros acerca de películas; libros en internet, internet en libros; libros acerca de pasiones; libros sagrados; libros profanos; libros llenos de malas palabras y libros para buenos modales; libros de música; libros de cocina, sexo, política…
Se necesitan muchos libros nuevos para derrotar este fascismo renovado, porque la dictadura perfecta hoy en día tiene dos nombres: conformismo e ignorancia.

viernes, 8 de abril de 2016

HERMOSAS MENTIRAS


Si bien dicen que el papel aguanta con todo, quizá tal expresión necesita ser actualizada.
En una época en la que “no sólo de papel vive el hombre”, existe un enorme abanico de posibilidades para manejar la información. Lo impreso es apenas una minúscula parte de toda esa galaxia de opiniones que van de lo colosal masivo hasta lo discreto e intelectualoso.
Para informar, desinformar, malinformar, desviar la información, hinchar o apagar, hoy existen muy efectivas herramientas. Tal cosa lo confirma el hecho de que un suceso despierte una indignación inmediata en minutos y se propague en cuestión de horas a todo el planeta. Un vídeo, por ejemplo, en el que se registre un acto aberrante, un asesinato u otra de las muchas bajezas cotidianas, puede conmocionar a esta sociedad del espectáculo, siempre adherida a sus pantallas de televisión, de computadora o de teléfono.
Las indignaciones suben como la espuma y bajan con la misma velocidad. Estamos condenados siempre a moldear nuestra opinión según la etiqueta de turno. Así un escándalo político tarda lo que se pueda sostener en nuestra memoria cortoplacista; de pronto aparece la tragedia humana (de esas que tristemente abundan todos los días) y un maquiavélico equipo de comunicadores ve en ésta la oportunidad para desviar el rumbo de cualquier intención ciudadana que realmente de la pauta para transformar el status quo que malvivimos.
Entre hackers, medios faferos, verdades a medias y mitologías, apenas logramos discernir cuánto de verdad existe dentro de tan tupido bosque informativo: el niño que muere un día, al día siguiente se convierte en un fraude bancario, luego en un bombazo en un aeropuerto, después en la indignación nacionalistoide contra un comentario deportivo, o en la batalla campal entre ideólogos trasnochados, sino en la confesión gay de algún farandulero intrascendente.
Nuestros ojos son víctimas del acoso de mentiras cambiantes. Tal parece que lo que realmente está en juego es nuestro individualismo. Opinar según la agenda impuesta es el mayor logro de domesticación que imponen los poderes detrás de los medios.
Pensar fuera del marco y dejar ideas que permanezcan es acaso la única ambición de quienes nos hacemos llamar librepensadores.

lunes, 4 de abril de 2016

EL PUNTO CIEGO


El punto ciego se ubica cerca de nuestro campo visual, pero es invisible a nuestros ojos. Podemos ir atentos al retrovisor mientras manejamos, podemos cruzar al carril izquierdo o derecho, de pronto algo nos golpea. Nunca lo vimos, el cruce nos parecía despejado, ¿de dónde salió el vehículo?, es incierto sólo nos queda ver con asombro cómo el motorista sale disparado por los aires; solo nos queda ver cómo el carro fantasma queda golpeado.

Tal situación desafortunada es la pesadilla de cualquier automovilista que se desplace por el caos vial de la ciudad de Guatemala. Pero en realidad no es mi intención hablar de esto, más bien quiero usarlo como ejemplo para explicar lo que le sucede a una sociedad completamente desinformada acerca de la naturaleza de sus males.

Un punto ciego para nosotros puede ser todo lo que acompaña silenciosamente nuestra marcha, buscando rehuir de los centros de atención, agazapándose cuidadosamente y desviándonos de cualquier ruta que nos lleve a una verdadera evolución como país. Si pensamos que el mayor de los males se encuentra en la impunidad, corrupción y crimen dirigido por las altas esferas de la política o del mercantilismo, en realidad no estamos viendo claramente; o si opinamos que la maldad pura la representan esos pandilleros tatuados que aterrorizan a su misma gente o los verdugos motorizados que llenan de dolor a cientos de familias, tampoco estamos observando con cuidado.
Muy cerca de nosotros, pero invisibles a nuestros ojos están aquellos que mueven los hilos de las marionetas. Se esconden como personas probas, incapaces de matar una mosca. Se hacen llamar gente de bien, se hacen llamar gente intachable. Se quedan aguardando los relevos del poder y se acercan a ofrecer sus servicios. Ayudan a la gente a olvidar las grandes ofensas, lavan rostros impresentables, justifican, manipulan la información, llevan una, dos o tres agendas según la conveniencia y son ideológicamente promiscuos. Su trabajo es administrar nuestra mansedumbre ante la corrupción y la crisis.

La maldad real no es la que vemos, es la que se adhiere a los relevos y permanece en ese punto ciego del anonimato.