miércoles, 27 de abril de 2016

BRILLEMOS PORQUE HAY OSCURIDAD


Tomo un poema al azar del libro Telarañas de Regina José Galindo. Leo y algo me golpea. Una lista de los nombres de quienes nos han dejado. Terreno compartido con mi amiga. Su libro es una mesa para invitados de todas partes, para que vengan y nos espíen por las celosías de nuestras esperanzas confusas y de nuestra soledad tan compartida.
Siempre los libros son testimonios de tiempos difíciles que aguardan días mejores.
Este año se cumplen varias efemérides, entre ellas los cuatrocientos años de Cervantes y los cien años de la muerte de Rubén Darío. Se conmemoran los libros como esos objetos vivos, que fuera de las estanterías son fieles a nuestra vida. Pienso que ningún escritor sueña con que su trabajo se llene de polvo en la última repisa de una biblioteca. Más bien, quienes experimentamos la metamorfosis de escribir para otros, queremos hacer algo portátil que permanezca mucho tiempo cerca de quienes nos leen.
Pienso en los libros de los autores guatemaltecos del presente: impresos o digitales, obras reunidas u opiniones dispersas aún. La vigencia está en el renovado entusiasmo de muchos por escribir y en aquellos que buscan leer una persona viva. Escritores nuevos para públicos nuevos. Esa es la sangre y el relevo que necesita la lectura.
Pienso que si los maestros de literatura se entusiasmaran realmente en los libros, con esto no me refiero a los muy pocos didactas con amor por la lectura, transmitirían su pasión a las generaciones que hoy por hoy pueden hacer un verdadero cambio.
Hay tanta riqueza: películas acerca de libros; libros acerca de películas; libros en internet, internet en libros; libros acerca de pasiones; libros sagrados; libros profanos; libros llenos de malas palabras y libros para buenos modales; libros de música; libros de cocina, sexo, política…
Se necesitan muchos libros nuevos para derrotar este fascismo renovado, porque la dictadura perfecta hoy en día tiene dos nombres: conformismo e ignorancia.

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