miércoles, 9 de marzo de 2016

EL TIEMPO DE LAS CEREZAS


Querer prosperar rápidamente es lo que empuja a la corrupción. Fortunas que crecen de forma acelerada, descomunal. La presión por alcanzar el “éxito” hunde a familias enteras hasta el fondo del crimen.

El Jardín de las Cerezas de Antón Chejov es una obra que trata acerca de una familia bien posicionada que cae en la miseria. El genial autor ruso hace una emboscada a los valores que se construyen a partir del dinero y el estatus. Pienso en esta magistral pieza literaria, porque el lastre que está removiendo a la gente de buena apariencia en Guatemala, está signada por los beneficios que ofrece participar directa o indirectamente dentro de la burocracia del crimen.

Sin caer en la generalización, pienso que tarda una o dos o tres vidas amasar fortunas como la que ostentan varios millonarios guatemaltecos que en menos de una década se acreditan cuentas bancarias que superan el producto interno bruto de nuestro país. Siempre a través del lavado, de la corrupción y del comercio de favores políticos con los funcionarios de turno puestos por las mafias de siempre.

Hoy están condenados algunos. Algunos de ellos no son más que chivos expiatorios que necesita el linchamiento mediático y la muy imperfecta justicia guatemalteca. Pero en el fondo de todo esto está como eje la corrupción y sus daños colaterales. Detrás del consumismo desaforado que inunda de ilusiones la mente de adolescentes, jóvenes adultos y demás personas que no tienen bien construido su amor propio, prevalece la idea telenovelera de tener suficiente para llegar a ser amado y aceptado por una sociedad espuria adoctrinada por la ostentación de lo innecesario. A ellos les cayó como relámpago el final de su castillo de cartas. Confiaron demasiado en la premisa de que solo con dinero se mantiene el poder.

Ni millonarios ni poderosos. Ni geniales ni exitosos. Solo quedan mercantilistas ladrones y pobres diablos que aún no creen que su torre de billetes se ha convertido en un volcán de cenizas.

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