martes, 26 de enero de 2016

LA PÁLIDA LUZ DE LOS POSTES

Al momento de escribir esta columna hace un frío de siete grados. Los intempestivos cambios de clima. El sol neurótico que derrite el asfalto y que contrasta con el aire frío que congela.

Escribo esto desde una oficina que se ha quedado vacía. Obligado de esa manera porque es muy escaso el tiempo que le pertenece a este insistente escribir. Amo mi trabajo, aunque suene cursi y retorcido. Para mucha gente una labor viene siempre llena de amargura y hastío.

Al salir de mi oficina aparecen rostros jóvenes deambulando entre la palidez de las bombillas en los postes. 

La pregunta más simple que nos hacen a los escritores es ¿En qué se inspira? Y nunca existe la respuesta adecuada, aunque creo que sí la tengo: es en todo lo que veo. 

Una muchacha muy joven va corriendo a la parada de su bus con una bolsa del supermercado; madre soltera, me imagino; un niño muy pequeño, pienso; un mal salario, estoy seguro.

Las calles del Centro Histérico. Pasa un bus para la zona dieciocho: colérico, estallando de gente, masticando pasajeros como una hiena. Detrás de los barrotes un muchacho indígena atiende a un grupo de adolescentes que beben un litro de cerveza; ven hacia afuera con cara de pocos amigos; no puedo asegurarlos pero creo que son ladrones; el triste estigma de su mirada los delata.

Un tipo calvo pasa lentamente adentro de un carro blanco; oye una bachata a todo volumen, le mira detenidamente las nalgas a una empleada de banco que va caminando. 

Un perro relame una bolsa al borde de la acera. Unos motoristas cruzan en rojo los semáforos. Una señora muy gorda con un delantal manchado le pasa un soplador a una niña; la muchacha abanica un trozo delgado de carne en una parrilla.

A veces quisiera ser los ojos de quien me lee. A veces es tan limitada mi capacidad de pasar las imágenes a palabras y describir todo esto.

2 comentarios:

Unknown dijo...

Que manera de escribir... Aplausos

Unknown dijo...

Que manera de escribir... Aplausos