miércoles, 27 de mayo de 2015

LOS CONVENCIDOS

Predicarle a los convencidos es una de las tantas formas que tiene el estancamiento. El estancamiento de los discursos morales; el estancamiento de las ideas progresistas; el estancamiento de los golpes de pecho.

Los convencidos siempre buscan a los convencidos: proponen, deconstruyen y mejoran la democracia. Sus reformas pasan del diálogo al papel, del papel a la burocracia y de la burocracia a la inercia. Porque los convencidos son palabras que se deshilan con la realidad. Todo siempre es más hermoso en el papel. Las buenas intenciones siempre caen noqueadas frente a la corruptible necesidad de las mayorías.

Los convencidos son los pocos. Son aquellos que no entienden por qué los muchos actúan de esa forma tan irresponsable. También son los observadores críticos de la miseria (económica-ética-intelectual) y tratan de cambiarla con unas cuantas palmaditas en la espalda. Se precian de conocer todas las necesidades, pero no soportarían vivir sin luz eléctrica, sin agua, sin comida, sin salud...

Los muchos son los que venden sus votos por limosnas. Son los que llenan camiones para ir a aplaudir a políticos impresentables. Son quienes trabajan hoy, pero no saben si estarán vivos mañana. Son los que apenas saben de historia, pero la han sufrido en carne propia. Son los que gritan en las iglesias y lloran en el estadio. Son los que abrazan y beben hasta la inconsciencia escuchando a Los Tigres del Norte. Son los que se mueren intentando cruzar la frontera de los Estados Unidos. Son los que ya neutralizó la ignorancia, el dolor, el miedo y el hambre...

Los convencidos son los individuos. Los muchos son el pueblo.

Mientras unos dicen pueblo, el pueblo se muere callado. El pueblo es un animal en cautiverio. Si tan solo los convencidos lograran comprender el origen de esa cobardía y pudieran liberarlo. Si tan solo estas torpes palabras convencidas llegaran hasta ellos y pudieran tocarlos.  

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