miércoles, 8 de abril de 2015

DÍAS MEJORES

Hace una década presentábamos con mi amigo cineasta, Luis Urrutia, lo que sería la primera entrega de una trilogía acerca de Guatemala: Días mejores.

Los tres guiones contenían mucha evidencia que justificaba la etiqueta de ese tetrabrick en el que nos metieron a muchos de los artistas de principios de los “dosmiles”: Generación del desencanto o Generación de posguerra.
Pienso que a medida que pasan los años, el título de aquella producción de bajísimo presupuesto es más contundente. ¿Acaso existe un mejor nombre para referir el pasado, el presente y el futuro de una sociedad donde nunca amanece?

Luis y yo siempre bromeábamos: “¿Y si esta época purisísima m... son nuestros años dorados?”, pero alguien de inmediato solventaba: “No jodan, tienen que venir tiempos mejores”. Siempre la censura optimista contra el humor negro. Humor que no es más que una reacción alérgica a la banalidad que circunda lo políticamente correcto.

El pasado es como una trinchera de recuerdos endulzados. En sociedades que parecen irse muy lentamente en un pozo sin fondo, existe una gran urgencia por el recuerdo: “Si los muchachos de hoy fueran como los muchachos de antes”, etc. Quizá porque en ese “antes” quedaron empantanados todos los días mejores y todas las salidas posibles.
Tanta gente me ha dicho: “Antes te mataban por guerrillero, ahora te matan por robarte el carro”. Y son otros tantos los que añoran las dictaduras de soga y cuchillo que me provocan escalofríos.

Soy de los que piensan que los días mejores no existen. Empeora algo y mejora otra cosa. La miseria, la corrupción y la muerte siempre han estado presentes, pero han tenido mejor prensa.

Sin embargo, la esperanza nunca se agota. Los dignos, los fuertes, los perseverantes, los incorruptibles. Las peores épocas son aquellas en las que no tenemos conciencia. Cuando perdemos la noción de la realidad que nos circunda y no existe una masa crítica que opine, actué, sea coherente y fiel a sus principios.

No hay comentarios: