miércoles, 15 de abril de 2015

AUTOPERIODISMO (NO SÓLO DE ÚLTIMAS HORAS VIVEN LOS LECTORES)

Cuando Vicente Leñero definía Autoperiodismo, su descripción estaba muy lejos de gravitar alrededor del universo de los motores, accesorios y modelos recientes de vehículos que vuelven locos a los amantes de la saga de Rápido y Furioso. Más bien, Leñero aplicaba el término a la integridad periodística que identificó a este gran escritor mexicano fallecido hace un par de meses.

Un periodismo escrito desde la memoria, desde la conciencia y desde la experiencia individual. Una suerte de autocrítica donde no se vale hablar de lo que no se sabe ni agendar temas para quedar bien con los amos y señores de la opinión pública.

A la distancia, este tipo de textos pasan de ser meros análisis de coyuntura —o golpes de pecho acerca de las eternas malas noticias—, para convertirse en algo permanente.
Quizá las sociedades no cambian, porque las malas y las buenas costumbres de los individuos tampoco se transforman. En eso radica la belleza y la vigencia de observar la vida y recrearla desde la subjetividad. Eso que llamamos arte o literatura.

¿Cuánto de humanidad le queda al periodismo en Guatemala? ¿Será que en diez años seguiremos rumiando las mismas columnas con la misma indignación y el mismo tararín tararán de señalamientos éticos sin consecuencias? ¿Será que el compromiso con la época y con la sociedad en la que vivimos se reduce a tomar distancias “objetivas” espetando datos y cifras?

Hace unos días murió otro de los grandes autores de América Latina: Eduardo Galeano. Su obra Guatemala, país ocupado es un magnífico ejemplo de autoperiodismo. Este escritor uruguayo hace un retrato implacable de nuestra sociedad, acercándose con una sorprendente intuición al incierto futuro que hoy día estamos viviendo.

Tanto Leñero como Galeano utilizaron la investigación periodística y la opinión en medios escritos como un sendero literario. Ellos demostraron que hay una vida más allá de la noticia. No solo de las “últimas horas” viven los lectores.

El periodismo también es cultura y es permanencia.

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