miércoles, 14 de enero de 2015

EL SUEÑO INTERRUMPIDO

Nadie vigila nuestros sueños, somos nosotros los que por voluntad los interrumpimos. No existe algo seguro en el territorio de los sueños. Ni siquiera existe la certeza de estar despiertos o de estar dormidos. El sueño lo descubrimos cuando despertamos y nos hacemos parte de los sueños de otros. Esos otros que a su vez tienen sueños individuales como los nuestros.

El sueño interrumpido necesita minutos de claridad y enumeraciones. Imágenes borrosas de símbolos, de temores, de deseos y de escenografías. Un despertar violento deja un rastro borroso de lo que sucede en otra vida. Si el ciclo del sueño no se interrumpe, es porque seguimos soñando.

En el extenso archivo de imágenes del arte guatemalteco descubrimos figuras que son reflejos de otras figuras. Tal como sucede al poner un espejo frente a otro, el sueño se multiplica hasta lo infinito y nos perdemos entre la voz y el eco. Hacer una antología de estos sueños interrumpidos no ha sido fácil, basta con reconocer la historia detrás de cada imagen, de cada proyección y de cada objeto, para entender este bosque repleto de frutos extraordinarios.

El soñador diseña su deseo y su pesadilla. Lo sabemos, pero no existe algo más lamentable que abrir los ojos y no ver nada.

Solamente vale la pena despertar, si tenemos la voluntad de seguir soñando.

Con estas palabras quiero invitarlos a ver la exposición El Sueño Interrumpido, muestra en la que tuve el privilegio de trabajar con Lucrecia Cofiño de Prera, en la curaduría y selección de más de 80 piezas de los más importantes creadores guatemaltecos de los siglos XX y XXI. Pueden visitarla en el Centro Cultural Metropolitano (7a. avenida 11-67, zona 1) y en la sede de la Fundación G&T (5a. avenida 12-38, zona 1) hasta el 28 de febrero. La entrada es completamente gratuita

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