martes, 28 de octubre de 2014

LA COSA NOSTRA


“Si revolvemos el agua sucia nunca veremos hasta dónde queda  el fondo”, pensó Lao Tsé hace casi tres mil años.  Quienes leemos con atención los periódicos (que somos una minoría) estamos muy atentos al periodismo de la vergüenza.  Esa nota que resalta los abusos cometidos a plena luz del día por los sicarios políticos de nuestro país y su manga de achichincles. Ellos son la portada de los excesos y de la corrupción; son la mugre que circula hasta la superficie y  la suciedad visible de la muy patética realidad actual. Muchos de los señalados tendrán que vérselas tarde o temprano con la justicia por tres razones importantes: 1-No tienen el respaldo del pedigrí familiar  2- Serán sacrificados cuando sea necesario por ser piezas descartables 3- Tener dinero y poder temporal no es garantía de nada.

Guatemala tiene una mafia más antigua que la Cosa Nostra siciliana.

Lo curioso es que al leer noticias de las gavilladas que se hacen con fondos públicos y vínculos ilícitos estoy seguro que las reacciones están divididas: están quienes sienten asco, impotencia, rabia y deseo de salir corriendo del país; y están los que descubren en tales actos  de corrupción un modelo a seguir y un ejemplo de cómo hacer dinero… “los ricos ya están cabales, no tengo trabajo: ¿Para qué estudiar o esforzarme si los criminales son los que tienen las casas, los carros, el status? “- piensan.

 El antihéroe es una construcción literaria que nos muestra a un pícaro, transa, gandaya, chorcha como el arquetipo del que se sale con la suya jugando sucio.  Desde el Lazarillo de Tormes hasta los narcotraficantes que asolan Latinoamérica son los modelos realmente populares de las sociedades pobres, ¿para qué engañarnos? Pero en realidad antes de que ellos existieran, la corrupción ya estaba, así cuando los que actualmente son el centro de atención de los medios pasen a ser fugitivos o reos, vendrán otros y el agua shuca seguirá circulando.  Porque en el fondo oculto de  la poza está la mafia antigua y honorable: los que quitan y ponen; financian y entregan.     



miércoles, 22 de octubre de 2014

A LO LARGO DEL DÍA

Página dos: Destituyen a funcionario A, por estar vinculado en las redes B y C del crimen organizado. Uno, dos, tres cucharadas de azúcar en el café. Página 30: Empresa internacional contratará impulsadores, salario base Q10 mil. Cereal y leche, un pan sándwich con jamón…

7:30 a.m.: saco gris, corbata de polyester corinto… los alumnos entran al aula. Idioma Español, ¿por qué chingados la materia más aburrida es la primera del día? Después toca Literatura con los alumnos de bachillerato, odian a Los Nazarenos y yo también, examen con respuestas de selección múltiple. Dos períodos. Recreo.

Los maestros se quejan del director, es un usurero que acosa a las alumnas y que explota a los maestros. Pero la calle está dura –acota un compañero– es peor no tener trabajo muchá. El Resto de la jornada: Seminario con los de Quinto y dos clases más de Idioma.

2:00 p.m. en la cola. El carro comienza a calentarse, perforaciones en el radiador. Luces de emergencia. Atrás comienzan los bocinazos frenéticos, esto no es El Silencio de los Inocentes, es El Graznido de los Impotentes. Orillo el carro, dos mil pesos para dejar un vehículo decente. Cuatro asaltos en bus en un año convencen a cualquiera a usar cualquier cacharro. Llamo a Gilda que sale en media hora del kindergarden donde trabaja, le digo que voy atrasado. Hoy tenemos examen de Práctica Pedagógica.

Universidad: tercera taza de café, el maestro no llegó, lo que fue bueno. Salimos temprano, la invitaría a comer una hamburguesa, no tengo dinero. Letrero electrónico de Emetra: p e r s o n a a s e s i n a d a s i g a v í a s a l t e r n a s--- 7 : 4 7 p.m.

Me quedé en la casa de Gilda acompañándola a ver una telenovela mexicana de narcotraficantes junto a su hermanito y su mamá. Dicen que oran por mí, para que pase mi dolor por la muerte de mis papás, les agradezco y les digo que los extorsionistas no volvieron a llamar.

miércoles, 15 de octubre de 2014

MICROBÚS

Dignidad es darle nuestra capacidad de amar solamente a aquellos que nos corresponden. Lo demás son pequeños suicidios, afectos en los que derramamos estúpidamente toda nuestra vida.

Acaso la frustración más grande es intentar una y otra vez cambiar lo que somos con el único propósito de sentirnos dignos de los demás. Quizá porque pensamos que siendo como ellos toda esa tristeza acumulada irá disipándose.

Conducimos nuestra existencia como si manejáramos un microbús que en cada esquina sube a personas distintas y permite a otras bajar cuando han llegado a su destino. Algunos pasajeros llegarán con nosotros hasta el final del viaje así como otros serán parte del inventario de nuestro olvido.

El error no está en recordar, sino en repetir. Transformarse es ver por el retrovisor el camino y descubrir cuánto de lo que hemos sido y somos sigue acompañándonos. Hay un viejo refrán que dice: nunca debemos regresar por eso que dejamos tirado.

Lo paradójico de todo esto es que el deseo de cambiar es imposible, porque en realidad siempre estamos cambiando. Usamos tal palabra únicamente para sanarnos del tiempo y del pasado; para sanar hay que borrar dice un amigo. Si tal cosa demanda tanta voluntad y reflexión para nosotros como individuos, imagine amigo lector ¿Cuánto tiempo necesita para comprenderlo una sociedad tan golpeada como la nuestra?

Los molestos pasajeros que llevamos detrás son las insignias de nuestro miedo. Ese pasado herrumbroso que quiere dirigir todavía nuestro presente. No se debe cambiar Guatemala, se debe rehacer Guatemala. Pero el destino en este viaje es un imperativo que debe trazarse en el hoy mismo sin despegar la vista del retrovisor para ya no accidentarnos en los mismos errores. Construir la dignidad es la primera gran tarea: la justicia pendiente, la equidad pendiente, la humanidad pendiente. Sin tales cosas resueltas no existe el próximo paso, sólo ese interminable retroceso sobre el viejo camino del que tristemente ya sabemos demasiado.

miércoles, 8 de octubre de 2014

UNA COSA Y OTRA

Una cosa es vivir, otra cosa es merecer la vida. Una cosa es ser temido, otra cosa es ser amado. Una cosa es exigir derechos, otra cosa es pedir privilegios. Una cosa es tener consejeros, otra cosa es tener aduladores y chambelanes.

Una cosa es la ley, otra cosa es la justicia (al menos en Guatemala). Una cosa son los gritos, otra cosa son los argumentos. Una cosa es cultivar el victimismo, otra cosa es abrir surcos para el diálogo.
Una cosa es el oportunismo, otra cosa es la perseverancia. Una cosa es tener libertades, otra cosa es ser libre. Una cosa es chantajear, otra cosa es convencer. Una cosa es el pasado, otra cosa es el olvido. Una cosa es el partidismo, otra cosa es la política.

Una cosa es ser poderoso, otra cosa es ser productivo. Una cosa es ser respetado, otra cosa es ser respetable. Una cosa es cosa es ser el tuerto en el país de los ciegos y otra cosa es ser el ciego en el país de los tuertos.
Una cosa es quejarse, otra cosa es enfrentar. Una cosa es lo urgente, otra cosa es lo importante. Una cosa es hablar, otra cosa es decir. Una cosa es confrontar, otra cosa es revolucionar. Una cosa es tener dogmas, otra cosa es tener ideales. Una cosa es comprenderlo todo, otra cosa es perdonarlo todo (Hannah Arendt dixit).

Una cosa es la prisión, otra cosa es la cárcel. Una cosa es destruir, otra cosa es condenar. Una cosa es tolerar, otra cosa es permitir. Una cosa es educar, otra cosa es instruir. Una cosa es el pesimismo de la razón, otra cosa es el optimismo de la voluntad. Una cosa son los cambios, otra cosa son las variaciones.

Una cosa es abrir un camino, otra cosa es construirlo. Una cosa es el lamento, otra cosa es la opinión. Una cosa son las intenciones, otra cosa son las realidades.

miércoles, 1 de octubre de 2014

LA CULTURA, LAS ARMAS, LAS COSAS

Todo es un arma, como todo es cultura. Ambas cosas acompañan nuestros pasos y acompañaron los de nuestros antepasados. Elementos de agresión y defensa; implementados por la razón y por la fuerza. ¿Qué habrá sucedido primero: el dibujo del bisonte en alguna oscura caverna o la lanza con que lo cazaron? El diseño o el objeto como tal. Las armas y las letras que, en el discurso de Alonso Quijano en la segunda parte del Quijote, termina favoreciendo a las primeras.

Las armas se han usado, tanto para defender la cultura como para destruirla. Detrás de un poeta antiguo siempre existe el elogio a la guerra o al valor en el combate. La Biblia, la Ilíada, el Popol Vuh... entre muchas obras fundamentales de nuestra civilización son exaltaciones a las armas, a la destrucción y al renacimiento de una cultura. Quizá porque la lucha es más antigua que la poesía. Porque el miedo nace junto con nosotros.

Las armas primitivas son aquellas usadas para la aniquilación física. La parte semianimal es la que empuja a extinguir una vida para ocupar su territorio o tomar sus pertenencias. Cazar para alimentarse o entablar lucha para robarle a otros seres humanos. Conforme la civilización fue acumulando conocimiento y perfeccionando la escritura, surgió otra máquina de defensa y de destrucción: la Historia. A partir de ese intercambio las palabras comenzaron a ser armas capaces de seguir matando durante siglos a un mismo pueblo o a una misma persona.

Una frase del filósofo griego Epicteto dice: “No nos perturban las cosas sino las opiniones que de ellas tenemos”. Bajo esta premisa podría asegurar que todos hemos tenido —no necesariamente usado— un arma en las manos. Una piedra, un cuchillo, una pistola o cualquier otra cosa que pueda alejar nuestro miedo a ser agredidos. Quienes escribimos para un medio tenemos acaso la máquina de destrucción más poderosa en nuestras manos, la opinión pública. Pero un instrumento de agresión es algo inerte si quien lo resguarda no lo usa con una intención: la justicia, la cólera, la codicia, el orgullo...