miércoles, 30 de julio de 2014

LA FAMILIA ES LA BASE DE NUESTRA SOCIEDAD (REPITA 75 VECES)

Mi libro de texto para Estudios Sociales iniciaba así: ¿Qué es la familia?: “Es un grupo de personas formado por una pareja que convive y tiene un proyecto de vida en común, sus hijos. La familia es la base de nuestra sociedad...”. Mi maestra de sexto primaria pasaba de fila en fila revisando que estuviésemos leyendo. Recuerdo que ese día me descubrió haciendo dibujos en los bordes de la página y me hizo repetir setenta y cinco veces el mismo párrafo. De eso que me sé de memoria la página 12 del bendito texto.

Algo no encajaba en mi cabeza, ¿una pareja? Yo solo tenía a mi mamá; ella trabajaba todo el día y no existía nada más para mí. En la escuela me mentían. Revisaba el libro y no decía absolutamente de los niños que sólo tenían a uno de sus padres. O de mis amigos de la cuadra que crecían con sus abuelos porque sus papás se habían ido de inmigrantes a Estados Unidos y les enviaban ropa, juguetes, dólares y fotografías de sus viajes por Nueva York. Tampoco mencionaban a la hermana de Mike que no tuvo fiesta de quince años porque ya se le notaba la barriga del embarazo.

Los adultos siempre decían: “Los hijos son el fruto del amor entre un hombre y una mujer”. Pero cuando llegaba el sábado temprano a traer a uno de mis vecinos para ir a jugar fut, siempre abría la puerta un rostro de pocos amigos y aliento aguardentoso que se limitaba a pegar un grito hacia el pasillo: “Rony por la gran... te busca el Seco”, luego se iba farfullando lamentos y maldiciones contra sus hijos y contra mí. Entonces, pensaba: La familia es la Base de nuestra Sociedad.

Acaso lo que me confundía era eso del amor. Durante mi vida he visto muy pocos casos de familias que hayan decidido ser padres. Planificaron al primer chico, pero se coló el segundo y luego el tercero. Mi libro de Estudios Sociales de sexto no mencionaba ni a las parejas que discuten todo el tiempo ni mencionaba los onerosos divorcios o a los padres fugados que dejan a las mujeres toda la responsabilidad de sacar adelante a sus familias.

miércoles, 23 de julio de 2014

LAS FLORES DEL CORAJE (A ROBERTO CABRERA 1939-2014)

Afuera hay un mundo enorme. Muchos días uno ni siquiera quiere levantarse ni ver por la ventana ni contestar llamadas... únicamente cerrar las cortinas, dormir todo el día y despertar con el libro que nos abraza. A veces ese mundo es un dragón que nos arroja fuego y es necesario acudir a nuestros refugios y a nuestras trincheras emocionales para no quedar reducido a cenizas.

No tenemos ventaja. La habitación puede volvernos locos. Porque adentro también tenemos un mundo tan cruel como el de afuera. El miedo de ser un David y contener a un Goliat. Entonces corremos de nosotros mismos. Tratamos de enfrentarnos a esos dos monstruos enormes. Gigantesco el poder de nuestro miedo y gigantesco el peligro de ser aniquilado por el miedo de los demás.

No se puede enseñar el valor. Únicamente puede imitarse de otros. Tarde o temprano se hace necesario cruzar por el callejón oscuro. Tarde o temprano pasamos el tramo completamente solos. Pero son los “solos” aquellos a quienes podemos llamar nuestros maestros en el coraje. A nuestro alrededor existen miradas limpias: vamos a hallarlas. Porque en los ojos de los cobardes y de los corruptos no queda más brillo. Sus manos sudan, su mediocridad está alzada detrás de sus pequeños puestos, de sus pequeños reductos de aduladores, de sus proclamas hipócritas. Pero siempre caen y caen y caen hasta el fondo de sus propias muertes.

El infierno son los otros –dice Jean Paul Sartre. Yo no creo en la amargura; en medio de todo, el amor también florece; según el Popol Vuh, en el infierno también hay flores.

Las flores del coraje son las que nos estremecen. ¿Cuáles son tales flores?: son aquellas acciones que motivan reacciones. Son los motivos que brotan de la tristeza y del hastío.

Somos libres de salir o de quedarnos en la habitación... si nos decidimos por salir y enfrentar la vida con todos sus errores, dolor y belleza, sabremos que son los valientes los únicos que nunca están completamente solos.

martes, 15 de julio de 2014

LA VORACIDAD DE LAS POLILLAS



Del año 2005 al año 2006 mantuve un espacio en la revista Magazin, dedicado a reseñar libros nacionales. Ejercicio que me facilitó entrar en contacto con todo el movimiento literario del país.

Siempre busqué lo más fresco, lo reciente. Así fue que miles de páginas de obras chapinas pasaron por mis ojos.

Hacer reseñas literarias es como armar una antología secreta. La memoria va tomando y descartando aquello que posea corto o largo aliento. Uno se hace de amigos y de detractores; más encarnizados son los amigos que pasaron a ser enemigos acaso porque esperaban que el comercio del afecto tuviera que ver con la exaltación de su obra. Sigo creyendo firmemente que la crítica siempre es un elogio y que el olvido o el silencio es la única manifestación de inconformidad ante un producto creativo.

Mi querido amigo, Philipe Huzinker de librería Sophos, por esos días me enviaba todo tipo de novedades. Las leía con avidez dos libros por semana. Así fue que me entretuve entre novelas, ensayos, libros de motivación, interesantes libros infantiles y juveniles, textos de sociología e historia. Esta fue mi época random como amante de lo lectura. Desde Haruki Murakami hasta -¿por qué no mencionarlo?- Paulo Coelho, desde Harry Potter hasta hasta Noam Chomsky.

Pero fue en mi adolescencia cuando tuve mi primer acercamiento extremo a la lectura. Eran años duros para mi familia, así que tuve que conseguir trabajo. Tenía quince años y pasé de una labor a otra, todas mal pagadas y frustrantes, hasta que tuve la oportunidad de mi vida. Un hombre valioso, René Pérez, me ofreció trabajo en el Comité Prociegos y Sordomudos donde existía (no sé si todavía existe) un Departamento llamado “Libro Hablado”. Hermoso. Yo era locutor y cada día aumentábamos una biblioteca de audiolibros que yo leía dentro de un estudio de grabación para hacerlos accesibles a la población universitaria no vidente.

Gracias a todas estas experiencias y oportunidades soy un devorador de libros, uno más voraz que ejército de polillas. No hay privilegio ni placer más grande. 

miércoles, 2 de julio de 2014

EL INDÍGENA PERMITIDO

El próximo seis de julio concluye la 19 Bienal de Arte Paiz. Está por demás subrayar que ha sido un evento importante.  Durante estas cortas semanas la Ciudad de Guatemala y Quezaltenango son las sedes para una versatilidad de voces que confluyen alrededor de lo emergente y de lo consolidado del arte latinoamericano de la presente década.

Siendo acaso esta muestra una de las más polémicas que he presenciado, quiero mencionar que tal cosa es un asunto saludable. Que existan disidencias  y no sólo visiones unidimensionales   de ejercer la crítica es un signo de tolerancia y madurez. En mi caso prefiero orillarme de los juicios deterministas y hacer referencia a una de las piezas exhibidas que  me parece  la más documentada que pude encontrar durante mi recorrido.

En el Centro Cultural Metropolitano (antiguo Edificio de Correos) los hermanos Ángel y Fernando Poyón tomaron una sala completa para colocar  una serie de fotografías, pantallas, esculturas, ropa diseñada  y material publicitario donde aparece representado el indígena guatemalteco en una suerte de  sublimación. Desde programas de televisión, hasta caricaturas o desfiles de moda pasan por el archivo de estos creadores.  Detenerse para analizar todas y cada una de las imágenes es algo que golpea a los que no hemos normalizado toda esa anorexia cultural que nos es  endémica a los chapines. La separación simplista entre indígenas y ladinos, el nulo interés que existe para comprender nuestra complejidad étnica y el racismo mal disimulado es algo que está presente en lo que nos muestran los Poyón dentro de este brillante compendio de análisis.


¿Quiénes son los “indígenas”? ¿Quiénes son los “indios”? ¿Qué es un buen salvaje? ¿Quién es el indígena permitido dentro de la política, dentro del gobierno, dentro del arte y dentro de la historia? ¿Qué hace tan censurable y tan  peligroso ese acto de cobrar conciencia acerca de cómo representamos nuestras identidades?