miércoles, 26 de febrero de 2014

DE MÚSICA AVANZADA

Evento tras evento. Cumbre tras cumbre. Cóctel de apertura, cóctel de cierre. Fotografías de estrechones de manos (mandíbulas en rictus de una seriedad, como si la seriedad en el rostro validara lo relevante). Todo apunta a que somos un país civilizado ocupado en llenar nuestra agenda de puras reuniones.

Cuando vienen esos incómodos visitantes del extranjero a señalar esa muy extraña forma de administración de recursos que tenemos los guatemaltecos, llueven los gestos de animadversión y se levantan tambores de guerra en contra de los invasores: “A cuenta de qué esos países nos vienen a decir qué debemos o no debemos hacer”.Respuesta que me parecería de la más alta dignidad si viniera acompañada de una devolución del dinero que esos “criticones prepotentes” nos hacen, ya que está por demás recordar que por dichas ayudas el país aún no se viene en caída libre, como un avión de kamikaze, a estrellarse en el suelo.

Si bien de tantos encuentros no queda algo más relevante que las onerosas cuentas de hotel erogadas para la organización del evento, es acaso en otro tipo de reuniones mucho más modestas donde se están discutiendo temas para el futuro.

Así, querido lector, quiero hacer referencia al festival que durante la presente semana reúne a la más extraña, sublime e intelectual creación humana: la música.

El día de hoy se inaugura La Semana de la Música Avanzada, en el Centro Cultural de España (6ª. avenida y 11 calle de la zona 1, Cine Lux). Dicha actividad será una magnífica oportunidad para reflexionar acerca del presente musical en nuestro país.

Desde la música electrónica hasta todas las variantes de rock que desbordan nuestro contexto; desde lo académico y lo experimental hasta lo popular en todas sus expresiones.

Los invito para que el próximo viernes, 28 de febrero, nos acompañen en la charla En búsqueda de una identidad cultural, donde compartiré el espacio con mis muy admirados Paulo Alvarado, Andrés Castaño, D.J. Fla-Ko y Joaquín Orellana. Hasta entonces.

miércoles, 19 de febrero de 2014

LA FELICIDAD

El fin de semana leí una entrevista que hizo una revista española a la Presidente del Instituto de la Felicidad, entidad que es patrocinada por una de las empresas más poderosas del planeta. En el artículo se hace referencia al vínculo existente entre la marca de gaseosas dueña del proyecto y la promoción activa –a través de foros, debates y de estudios relacionados con la necesidad humana de ser felices– de ese imprescindible resorte emocional de cada día.

La publicación me dejó perplejo. Las conjeturas y los análisis vertidos al respecto me parecían dignos de una novela de ciencia ficción. Tomar conceptos tan abstractos e individuales para llegar a un público objetivo. ¿Existirá entre nuestro círculo de amigos alguien que pueda llevar el título de ser la persona más feliz que hemos conocido? ¿Cuál es la receta para alcanzar ese privilegio? La entrevistada respondió que los ingredientes de la felicidad son tan secretos como la fórmula del refresco mecenas del instituto que ella representa.

Existen instrumentos para medir absolutamente todo. Empresas que se dedican a recopilar datos de medidas para crear tallas estándar que fijen en los consumidores un “ideal” estético para sus cuerpos. Otros miden qué tan conformista y analfabeta es una sociedad solo para diseñar partidos políticos a la medida de los ciudadanos estudiados. Muchos nos tragamos la píldora de un supuesto individualismo basado en el consumo de una marca de computadoras, de un tipo de música o de una actitud radical (ecologistas, feministas, anticapitalistas, geek) que, como cualquier producto enlatado, surge desde el mismo Olimpo del consumo: la muy elegante mesa de negocios en alguna alta gerencia.

miércoles, 5 de febrero de 2014

CUARENTAS

Es el último día de mis treinta y nueve años y mañana pasaré a formar parte del vasto grupo de los cuarentones. Pero, ¿qué significa tener cuarenta años en Guatemala?

El paso de la niñez a la edad adulta para mi generación fue un salto de extrañeza en extrañeza. Extraño volver a casa temprano y enterarse que mientras estábamos recibiendo clases hubo un golpe de estado. La calma después de la tormenta. Las calles de mi barrio completamente desoladas por continuos estados de sitio. Los comentarios de las maestras y los murmullos de los vecinos diciendo: “La cosa se va a poner bien fea”.

Extraño salir a comer papas fritas y sodas que caían de chorrito sobre vasos de duroport. Extraño escuchar la misma odiosa música enlatada en todas las radios, esperando que en algún momento el programador pusiera algo distinto. Extraño tener trece años y descubrir las enormes parabólicas con sus cincuenta y tantos canales –entre los que estaban CNN– dando la posibilidad a la clase media chapina de enterarse, a través del cable, que existía una guerra espantosa a nuestro alrededor.

Extraño surgimiento del fervor cibernético que obnubiló la década del noventa. Los disquetes enormes se fueron reduciendo hasta desaparecer. Extraño brote de rock nacional y de conciertos donde por primera vez se le sacaba la madre a las autoridades. Extraño sabor de la cerveza frente a un lago de Atitlán menos contaminado y pleno de ritmos intermitentes. Extraño asistir a la vigilia después de la firma de la paz, ceremonia a la que nunca fuimos invitados y de la cual solo quedan fotos en marcos rotos.

Extraño sobrevivir dos veces al fin del mundo: el y2k y el Oxlajuj Baktún. Extraño ser padre de un bebé de dos años mientras aviones derrumban las torres gemelas del World Trade Center y todo el mundo piensa que estaba comenzado la Tercera Guerra Mundial.

Extraño sentir que el tiempo ha pasado demasiado rápido y que no tengo nostalgia. Extraño sobrevivir y sobrevivirme. No puedo decir más, ha sido un privilegio compartir con ustedes todas estas palabras.