miércoles, 24 de diciembre de 2014

LA PUERTA BATIENTE

Diciembre es como una puerta batiente, abriéndose y cerrándose, en la que apenas es visible lo que está del otro lado. Por alguna razón –me sucede a mí, no sé si a usted querido lector- estas fiestas me subrayan distintas etapas. Merecida o inmerecidamente, llegar al fin de un año es un tipo de victoria.

Hay un cuento de Jorge Luis Borges, “El Otro”, en el que describe el encuentro entre el escritor de setenta años y el joven poeta de veinte.

Para el primero aquello es un incidente simple y extraño; para el segundo es un sueño literario. El viejo anticipa de forma resumida todo lo que vendrá, mientras que el joven apenas lo escucha.

De estar en la situación de los personajes del relato, ya sea como el proverbial anciano o como el romántico patojo, ¿qué nos diríamos? ¿Hablaríamos de nuestra vida o hablaríamos de todas las circunstancias que nos rodean? Lo maravilloso de la literatura fantástica es que en esta cabe el intento de retroceder los años con tal de corregir los errores siempre inevitables.

La puerta batiente se abre y se cierra. Del otro lado están simples acontecimientos. Las personas que se fueron y las personas que se quedaron. Las pasiones y las derrotas. El sacrificio por pequeñas glorias y los humildes aciertos cotidianos. El privilegio de sentir la ternura de un amor inteligente. Todo lo que perdimos en el camino por el simple hecho de no prestar atención a la belleza más sencilla. El azul profundo del cielo que no es propiedad privada de nadie.

En este momento ya existe el recuerdo de lo que haremos. El café que bebe en este instante será algo grato en su memoria. Porque estamos tanto dentro como fuera del cuarto de lo que va pasando. Y en eso quiero detenerme: al final lo único importante es estar realmente vivo. Feliz Navidad.

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