miércoles, 1 de octubre de 2014

LA CULTURA, LAS ARMAS, LAS COSAS

Todo es un arma, como todo es cultura. Ambas cosas acompañan nuestros pasos y acompañaron los de nuestros antepasados. Elementos de agresión y defensa; implementados por la razón y por la fuerza. ¿Qué habrá sucedido primero: el dibujo del bisonte en alguna oscura caverna o la lanza con que lo cazaron? El diseño o el objeto como tal. Las armas y las letras que, en el discurso de Alonso Quijano en la segunda parte del Quijote, termina favoreciendo a las primeras.

Las armas se han usado, tanto para defender la cultura como para destruirla. Detrás de un poeta antiguo siempre existe el elogio a la guerra o al valor en el combate. La Biblia, la Ilíada, el Popol Vuh... entre muchas obras fundamentales de nuestra civilización son exaltaciones a las armas, a la destrucción y al renacimiento de una cultura. Quizá porque la lucha es más antigua que la poesía. Porque el miedo nace junto con nosotros.

Las armas primitivas son aquellas usadas para la aniquilación física. La parte semianimal es la que empuja a extinguir una vida para ocupar su territorio o tomar sus pertenencias. Cazar para alimentarse o entablar lucha para robarle a otros seres humanos. Conforme la civilización fue acumulando conocimiento y perfeccionando la escritura, surgió otra máquina de defensa y de destrucción: la Historia. A partir de ese intercambio las palabras comenzaron a ser armas capaces de seguir matando durante siglos a un mismo pueblo o a una misma persona.

Una frase del filósofo griego Epicteto dice: “No nos perturban las cosas sino las opiniones que de ellas tenemos”. Bajo esta premisa podría asegurar que todos hemos tenido —no necesariamente usado— un arma en las manos. Una piedra, un cuchillo, una pistola o cualquier otra cosa que pueda alejar nuestro miedo a ser agredidos. Quienes escribimos para un medio tenemos acaso la máquina de destrucción más poderosa en nuestras manos, la opinión pública. Pero un instrumento de agresión es algo inerte si quien lo resguarda no lo usa con una intención: la justicia, la cólera, la codicia, el orgullo...

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