miércoles, 13 de agosto de 2014

COMENZAR PRINCIPIOS, TERMINAR FINALES (LO QUE APRENDIMOS SOLOS)

Lo que aprendimos solos: las primeras líneas del libro de Movimiento Perpetuo de Augusto Monterroso –por citar un ejemplo– que encontré hace dos décadas en una feria de libros usados en la Universidad de San Carlos. Estudiaba publicidad; la literatura me gustaba, pero sin interesarme. Salí al Buger King de la Avenida Petapa y leí el libro en dos horas entre las papitas y el chocolate enfriándose. Nunca había escuchado de tal libro ni de tal escritor guatemalteco. Nadie me lo mencionó nunca, el destino.

Lo que aprendimos solos: que la moral no tiene nada en común con la ética. Que no todo religioso es hipócrita ni todo “liberal” tiene la mente abierta. Que existen conservadores de derecha y de izquierda. Que el racismo no es un defecto exclusivo de criollos y ladinos. Que el machismo se esparce entre hombres, mujeres y homosexuales con la misma densidad. Que tener una opinión propia significa escabullirse de las planillas de los demagogos. Que pensar significa actuar y no solamente calentar el asiento de frente a la luz de una pantalla de computadora.

Lo que aprendimos solos: que los niños no vienen con el pan bajo el brazo. Que ser padre es algo más que formar hogares integrados a partir de la mojigatería y el reparto de bienes. Que el amor se aprende tarde. Que hacer una familia es comenzar a descubrirnos ante el mundo, y es cuestionar todos los días los principios que nos suman o nos restan.

Lo que aprendimos solos: que el liderazgo competitivo es una falacia mientras no esté a la altura de nuestro compromiso humano. Que ser humanos no es actuar como máquinas de necesidades o deseos. Que los horizontes son lejanos, pero que siempre inquietan al inconforme para moverse del mismo sitio. Que la noche del egoísmo tarda en fracasar, y sin embargo fracasa.

Lo que aprendimos solos: que se necesita confiar, pensar, cuestionar, leer, conducir, aprender, sentir, continuar... que en Guatemala llegó el tiempo para iniciar nuevos principios y terminar viejos finales.

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