miércoles, 2 de julio de 2014

EL INDÍGENA PERMITIDO

El próximo seis de julio concluye la 19 Bienal de Arte Paiz. Está por demás subrayar que ha sido un evento importante.  Durante estas cortas semanas la Ciudad de Guatemala y Quezaltenango son las sedes para una versatilidad de voces que confluyen alrededor de lo emergente y de lo consolidado del arte latinoamericano de la presente década.

Siendo acaso esta muestra una de las más polémicas que he presenciado, quiero mencionar que tal cosa es un asunto saludable. Que existan disidencias  y no sólo visiones unidimensionales   de ejercer la crítica es un signo de tolerancia y madurez. En mi caso prefiero orillarme de los juicios deterministas y hacer referencia a una de las piezas exhibidas que  me parece  la más documentada que pude encontrar durante mi recorrido.

En el Centro Cultural Metropolitano (antiguo Edificio de Correos) los hermanos Ángel y Fernando Poyón tomaron una sala completa para colocar  una serie de fotografías, pantallas, esculturas, ropa diseñada  y material publicitario donde aparece representado el indígena guatemalteco en una suerte de  sublimación. Desde programas de televisión, hasta caricaturas o desfiles de moda pasan por el archivo de estos creadores.  Detenerse para analizar todas y cada una de las imágenes es algo que golpea a los que no hemos normalizado toda esa anorexia cultural que nos es  endémica a los chapines. La separación simplista entre indígenas y ladinos, el nulo interés que existe para comprender nuestra complejidad étnica y el racismo mal disimulado es algo que está presente en lo que nos muestran los Poyón dentro de este brillante compendio de análisis.


¿Quiénes son los “indígenas”? ¿Quiénes son los “indios”? ¿Qué es un buen salvaje? ¿Quién es el indígena permitido dentro de la política, dentro del gobierno, dentro del arte y dentro de la historia? ¿Qué hace tan censurable y tan  peligroso ese acto de cobrar conciencia acerca de cómo representamos nuestras identidades? 

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