miércoles, 14 de mayo de 2014

CENTROAMÉRICA CUENTA

El recién terminado encuentro “Centroamérica Cuenta” es quizá la actividad literaria de mayor relevancia cultural que se ha realizado en la región desde hace varias décadas. Gracias a la gestión y convocatoria del escritor Sergio Ramírez, pudimos coincidir narradores, editores y traductores de América Latina, Estados Unidos y Europa en la ciudad de Managua.

¿Y qué me lleva a dar tal aseveración? Acaso sea el reafirmar que existen muy pocas iniciativas —fuera del ámbito cultural— de retomar a Centroamérica como una sola región. Y fuimos acaso los autores locales quienes subrayamos que, aunque en el Istmo existe una cafrería de corrupción y violencia que nos tiene secuestrados política y económicamente, nuestras sociedades no están conformadas únicamente de eso; porque es en el presente episodio de nuestra historia donde la cultura se manifiesta en su nivel más alto, tanto en lo relacionado con los nuevos creadores, como en la formación de nuevos públicos para el arte. No somos únicamente la muerte dentro de bolsas plásticas negras o la miseria más repulsiva de este lado del mundo o los ejes de los trenes de la muerte que atraviesan México con nuestros compatriotas sobre sus lomos... No somos únicamente eso, porque a pesar de estas realidades se escribe, se piensa, se reflexiona y se propone desde la literatura.

Coincidir con narradores centroamericanos como Horacio Castellanos Moya, Francisco Goldman, Adolfo Méndez Vides, Carlos Cortés, Dorelia Barahona, Miguel Hueso Mixco, Jacinta Escudos, Guillermo Barquero, Vanessa Núñez, Gioconda Belli y Sergio Ramírez me da la esperanza de que es posible mutar de los habituales escenarios “subdesarrollados” de nuestros países, hacia una necesaria evolución de nuestro pensamiento crítico. Evolución que es el punto de partida para una transformación cultural y educativa en la región.

Pienso que el mayor peligro que nos acecha es la intolerancia. Toleramos todos los abusos e injusticias, pero somos intolerantes ante las ideas nuevas. Eso convierte a los países centroamericanos en pasto del fanatismo más adocenado. Sin libres pensadores en nuestras escuelas, estamos condenados a que cualquier fundamentalista de manual transforme todo este actual florecimiento en censura, demagogia, inercia y conformismo.

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