miércoles, 5 de marzo de 2014

¡DESEMPLEADOS DEL MUNDO UNÍOS!

Encarrilados en la premisa de que “El egoísmo nos hará libres”, me queda una duda: ¿Cuánto vale realmente nuestro tiempo de trabajo? ¿Quién fija determinado valor? ¿Cómo se mide la calidad y la cantidad?
La fuerza de gravedad de la oferta y la demanda no afecta nuestros logros salariales. El laissare-faire de la transacción económica parece demasiado remoto para quien ofrece como único servicio su conocimiento y su mano de obra.

¿Por qué resulta estúpido tan siquiera insinuar el precio que uno quiere dar a cada hora de su vida? Si no se cuenta con los medios de subsistencia heredados –obligándonos a la vida laboral sin privilegios– el precio de cada segundo que ocupamos es muy bajo. De eso que algunos podamos trabajar mucho y ganar muy poco.
Puede que este argumento sea rebatido por quienes afirman que cada uno sobresale con sus habilidades y conocimientos, pero resulta que un joven profesional con un posdoctorado y no sé cuántos créditos bajo el brazo, resulte dando clases en una universidad privada por menos de dos mil quetzales al mes.

Sueldo que puede ser quintuplicado por otros con menos méritos académicos, pero con habilidades “competitivas”. Competitividad significa entonces saber desenvolverse en un sistema donde el conocimiento no es la piedra angular, sino algunas características muy vecinas al oportunismo, al comercio de los afectos y a la politiquería.

Trabajar más significa triplicar o cuadruplicar nuestro esfuerzo, ganando menos que tres o cuatro personas juntas. Y como es lógico dicha situación hace que una persona quite el empleo a varias, entregando una mejor oferta al contratante. Mientras que los gremios pertenecen a los que pagan los salarios y los desempleados –siendo la enorme mayoría– carecen de representación y negligentes a ver en su necesidad una posible convergencia para negociar, buscan inútilmente su pequeña ventana de aire fresco para mal-sobrevivir.

Así, mientras los sindicatos demandan mejores condiciones para los muy escasos empleados cubiertos y bendecidos con un salario estable y demás, no existe un frente que exija y proponga vías para que el trabajo se distribuya de una manera realmente digna.

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