martes, 11 de marzo de 2014

CADA MÉDICO CON SU LIBRITO

En algún sitio escuché este refrán: Cada médico con su librito. Me hizo mucha gracia. Quizá porque mi constante es quedarme perdido en medio de una guerra de convicciones políticas, culturales y religiosas que parecen no coincidir en algún punto.

Tocar el tema del trabajo, por ejemplo, provoca de inmediato una reacción alérgica por algunos lectores que de inmediato me acusan de chavista y me piden que me vaya a Venezuela donde “la gente no tiene qué comer”. Pintorescos comentaristas. Si uno habla de capitalismo ético, otro montón de licenciados en economía dicen que tal cosa es imposible, que es un gesto de vergonzante ingenuidad de mi parte creer en tal cosa y que mi intención es buscar el beneplácito del sector empresarial anticomunista.

Tal parece que no buscamos libros, sino manuales. Manuales de economía, manuales de historia, manuales de moral; manuales para ser aspirantes a críticos, manuales para ser aspirantes a revolucionarios, manuales para ser aspirantes a empresarios, manuales para ser aspirantes a santos, manuales para ser aspirantes a aspirantes.

Lo que dijo Hayek. Lo que dijo Marx. Todo lo que está afuera de ese marco de referencias es comunista o neoliberal... el mundo es en blanco y negro... la realidad solo es posible si la partimos en dos... Analizando dichas posiciones no es de extrañarse que la mayoría de los guatemaltecos no lea los diarios y rebusque dentro de las opiniones solo aquello que aprendió a repudiar sin más ni más. Así de predecibles nos hemos vuelta a fuerza de tantos años con un sistema educativo cuya única eficiencia ha sido ponerse al extremo opuesto del pensamiento crítico, la vieja práctica fundamentalista basada en la obediencia ciega y la intolerancia; sustantivos que siguen predominando en nuestras escuelas y en nuestras universidades.

Leer para ser una persona libre y discernir entre todos los puntos de vista es acaso un camino que nunca hemos transitado. Una vasta bibliografía no garantiza una verdad incuestionable, cualquier punto de vista siempre tiene fisuras, grietas. Quien no lee más que su “librito” no es otra cosa que un polemista de la redundancia, un fanático de secta, un militante de todo y de nada.

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