miércoles, 18 de septiembre de 2013

LA PARTE MÁS ANCHA DEL MUNDO

No emigramos de una cosa, emigramos de todo.

Emigramos de conciencia. Emigramos de clase social. Emigramos de afecto. Emigramos de un destino. Emigramos de un lugar de nosotros mismos. Emigramos de una parte del mundo. Emigramos de una soledad para ir a otra.

Todos somos migrantes. Todos dejamos celdas vacías, todos llevamos una cicatriz. Así como miles de guatemaltecos –en el minuto que usted me lee– van dejando atrás hijos, padres, amigos para buscar algún futuro distinto lejos de estas fronteras. Otros tantos van dejando a la orilla una vida anterior, que sin ir muy lejos, necesita del mismo valor para emprender el camino. Dejar a la pareja que golpea. Dejar al padre que abusa. Dejar la pandilla. Dejar las drogas. Dejar el alcohol. Dejar la infancia. 
Es difícil salir de un sitio, pero es más difícil hacer que el sitio salga de nosotros.

En nosotros se entrecruzan muchos caminos. Ser migrante es tomar la decisión de salirse, de hallarse o de simplemente construirse un destino. Es tener el valor de llegar a un lugar distinto, no necesariamente lejano. No se trata únicamente de geografía, sino de adaptarse. Adaptarse a gente distinta. Adaptase a la enorme soledad que trae cada nueva vida, pues somos el museo de nuestras decisiones.

Pienso en los amigos que dejé en el barrio donde crecí. Nos juntábamos en la esquina y creíamos que la vida pasaría frente a nuestros ojos, pensábamos que jamás íbamos a necesitar algo que estuviera afuera de sus límites, de sus rincones, de sus cuadras oscuras y de sus casitas amontonadas. Una colonia puede ser un mundo: crecer allí, conseguir pareja allí, tener hijos allí, mudarse a unos cuantos pasos de la casa de nuestros padres… Pero tarde o temprano viene la necesidad de migrar. Tarde o temprano uno encuentra angosto ese sitio que creíamos la parte más ancha del mundo. Tarde o temprano uno descubre que nos vemos en espejos que cambian y que es imposible ser el mismo frente a un río interminable.

miércoles, 11 de septiembre de 2013

LAS CABRAS Y EL EXISTENCIALISMO

En un lugar del mundo –que puede ser tenebroso, mas no aburrido– unas cabritas cruzan la pasarela. Son las siete y cuarenta y cinco de la mañana y el tráfico está a punto de hacer estallar la calzada Roosevelt. El rebaño asciende apaciblemente por las gradas de latón mientras a lo lejos su pastor chasquea el látigo, provocando que no pocos confundan su restallido seco con un disparo. 

Allí va el grupo de cabras y su silencio se rompe de improviso con un beeeee que acaso sea la única queja. Observan desde arriba la angustia de los parroquianos: ciclistas atropellados,peemetés a punto de un colapso nervioso, ambulancias a las que nadie da paso, parejas peleando adentro de sus vehículos, taxistas deprimidos y personas asardinadas dentro de los buses rebalsando. Es precisamente en uno de estos armatostes donde un chofer mastica un chicleTrident sin sabor mientras su brocha, grita: ¡Reforma! ¡Reforma!

Todos los pasajeros sudan, huelen y se pegan unos a otros, mientras ven hacia adelante y se dan cuenta de que se quedaron varados, que nadie avanza hacia ningún lado: todo se ha quedado inmóvil justo antes de llegar a El Trébol. El chofer en su desasosiego, ve hacia todos lados y pide vía. Una señora pelucona con su Mercedes ni siquiera se inmuta a responder. Un señor de camisa a cuadros le saca el dedo de en medio y sube el vidrio. Pero el brocha insiste y sigue sacudiendo con más brío su trapo grasiento. De pronto los ciento y tantos pasajeros son testigos de algo increíble: el piloto apaga el motor de la camioneta, saca un suéter agujereado de abajo del asiento y se baja sin decir nada. El brocha lo llama, pero él no responde. Sale. Se va de largo. Solo las cabras lo miran desde la pasarela y desde arriba pueden darse cuenta de que se fue caminando contra la vía, en plena Roosevelt a las ocho menos cuarto de la mañana.

miércoles, 4 de septiembre de 2013

ÁLGEBRA SIRIA

Acostumbrado desde niño a escuchar, ver y leer acerca de los conflictos en el “Mundo Árabe”, creo que hasta es familiar descubrir en las secciones de internacionales una o dos páginas rotuladas como: “Aumentan las tensiones en...” o lo que sería su equivalente en la televisión, cuando al terminar el noticiero, surge alguna imagen donde los rostros de cientos de hombres, mujeres y niños agitan fotografías calzadas por caligrafías indescifrables. Creo que toda esa información vía cable ha ido formando una imagen de las personas que habitan ese extremo del mundo. Una imagen llena de prejuicio e ignorancia de mi parte.

¿Quién empapa con arena los misiles? ¿Quién llena de billetes los bolsillos de los traficantes de armas? ¿Quién propone esos ataques concertados a blancos estrictamente militares que terminan en escuelas, hospitales, museos, plazas...? ¿Quién propone los martirios? ¿Quién lanza piedras contra los tanques que arrojan plomo? ¿Quién negocia la paz, pero maneja acciones en la bolsa para que la tormenta suceda? ¿Quién es el nacionalista que empuja a la inmolación? ¿Quién está detrás del potentado empresarial que ya tiene listos los blindajes, la alimentación y la diversión de los soldados del primer mundo que van a construir las ruinas de lo que desconocen? ¿Quién es el que deja una mano tirada en los escombros? ¿Quién es el que altera el orden de las noticias para que las atrocidades no salgan a luz? ¿Quién es el que da fusiles y granadas a niños de 12 años? ¿Quién es tal líder? ¿Quién es tal “pueblo”? ¿Quién señala en una ojiva la esperanza de liberación? ¿Quién es el que enmudece en medio de todo ese caos? ¿Quién es el que carga con la enorme maldición de ser el vencedor de una guerra? ¿Quién es el que sigue con distancia los acontecimientos desde un edificio altamente tecnificado?

Estas son las preguntas que llevo acumuladas a lo largo de años y vienen cada vez que vuelven estas noticias viejas. Mi enorme ignorancia me lleva a consultar diarios en Internet; el mensaje es confuso: religión/nacionalismo, liberación/Occidente... Yo los observo como se observa la Luna desde la Tierra. ¿Será que ellos nos ven de la misma forma?