miércoles, 31 de julio de 2013

EL MAÑANA ES HOY Y VAMOS HABLANDO

El disco de vinilo y el rastro de quemaduras que le deja la aguja. Tanta música apilada en una caja de cartón, detrás de un librero. El Siglo XX duerme en ese rincón. 
Para el año 2013 mucho de mi vida aún permanece en la centuria pasada. Fotos de antepasados. Libros exprimidos hasta la devoción y el plagio. La semilla de la sed. La marchita quijada de los retratos cubistas. El arte, el anti-arte; la historia, el fin de la historia; el autismo socialista y el capitalismo salvaje; la televisión (cautiverio de nuestra propia imagen) y los intentos por aterrizar en esos términos fallidos: la libertad, la revolución, la democracia. 

Pero el Siglo XX ya es difunto. El surco de la aguja va por la segunda década de este disco. Quienes hoy tienen el mundo en sus manos son acaso sus últimos testigos. Pero todo va difuminándose en la memoria de los más jóvenes. Los grandes temas que incendiaron la última centuria hoy son poco menos que anécdotas y datos curiosos reductibles a un documental deNatGeo o a una nota en la Internet. El mañana ya es hoy y vamos hablando. 

Sin embargo está la fastidiosa jauría de apologistas del pasado. Los insufribles sermones acerca de la vigencia de la juventud de ayer. Entallados en su autosuficiencia escriben, señalan y pontifican acerca de que la juventud actual, señalándola de estúpida y poco comprometida. En su sintaxis no cabe una sola cuestionante acerca de los frutos que dejaron a la historia presente. Lo que para ellos fue blanco y negro, hoy es el gris que se cruza por todas partes. 

Hoy los compromisos son otros. La indignación y la responsabilidad. Hacer de la crítica una acción. Pasar de la egomanía a la coherencia. Leer sin prejuicios. Escuchar sin prejuicios. Ver sin prejuicios. Conversar sin prejuicios. Los grandes problemas de Guatemala llevan siglos de soluciones torcidas, tal cosa reafirma la necesidad de hacer un presente, observando al presente.

miércoles, 24 de julio de 2013

NUESTRA VERSIÓN DE LA REALIDAD

Mi agenda, día 17 de junio 2013, segundo renglón y subrayado: “La conversación durante la cena me dejó pensando, creo que sería fundamental convocar a una reunión donde cada quien aporte su punto de vista y donde la única prohibición sea censurar, aludir, criticar o arremeter contra quien tenga sus diez minutos de exposición”.

Una cena de amigos derivó en eso: ¿Qué sucedería si creáramos un método de doce pasos (como los aplicados por los Alcohólicos Anónimos y N.A.) que se abra para iniciar un diálogo acerca de cómo soportarnos los guatemaltecos? Un espacio de tribuna donde cada quien hablara de sí mismo, de su pasado, de su ideología, de sus valores, de su postura religiosa frente a temas como la homosexualidad, las drogas, el aborto... ¿Qué sucedería si tuviera diez minutos para plantearlo desde nuestra versión de la realidad, mientras escuchamos en un silencio respetuoso y sin lanzarnos los platos? 

Meditaba en esto el fin de semana cuando vi mi librero. Lo que tengo en mis libros favoritos está subrayado y marcado hasta en el más mínimo borde. Creo que si un día alguien quisiera leer algo mío, encontraría más anotado en las páginas de mi biblioteca que en mis cuadernos o en mi computadora. El tema es que entre los textos más leídos tengo El Hombre Rebelde de Albert Camus y las cartas de Antonio Gramsci. Recientemente añadí: El nuevo intelectual de Ayn Rand yRedentores –genial colección de biografías de los caudillos culturales de América Latina– escrita por Enrique Krauze. Todos magníficos tratados acerca de uno del trabajo más menospreciado en nuestro país: pensar. 
Desde distintas posturas ideológicas, estéticas y vitales, estos autores coinciden en algo: la tolerancia ante quien expone sus ideas y no ante quien las impone. Como sucediera en cualquier grupo de autoayuda, es imposible reconocer lo mal que estamos si no es escuchando y hablando... pero en orden y respetando puntos opuestos, siempre y cuando ninguno se atente contra la verdadera libertad de expresión validándose de lo de siempre: el poder económico y el chantaje.

miércoles, 17 de julio de 2013

BIENVENIDOS AL PAÍS DEL DEBERÍA

Bienvenidos al País del Debería: una nación sin miseria ni desempleo ni violencia ni corrupción, porque todo eso debería ser erradicado gracias al esfuerzo conjunto del gobierno y de sus ciudadanos. Un país de impecables autopistas que deberían estar completamente asfaltadas y organizadas. Un territorio donde el turismo debería ser la fuente primordial de sus ingresos. Un lugar donde la justicia laboral debería ser el fundamento que garantizara la dignidad de los trabajadores. Un estado rico en el que debería existir una equilibrada distribución de responsabilidades tributarias. Una ciudadanía que debería mantener su confianza en un organismo judicial sin tráficos de influencias ni económicas ni políticas. Un sistema democrático donde las mafias no deberían financiar impunemente a los partidos políticos. Una república donde sus legisladores deberían asistir a todas las sesiones y ser personas que no deberían ser motivo de vergüenza. Ciudades que deberían tener transportes públicos seguros. 
Una sociedad donde las cárceles deberían ser el lugar para prevenir el delito y no para planificarlo. Un conjunto humano donde la gente debería ser valorada por sus logros humanos y no por la marca de su carro. Un sitio donde la usura bancaria debería ser controlada y no impunemente protegida. Una región donde los medios de comunicación no deberían ser meros monopolios. Donde los periódicos deberían subsistir por la calidad de sus opiniones y no por la cantidad de muertos que muestran o por el grueso de suplementos de consumo que incluyen. 

Ese País del Debería. Ese placebo que nos sirve para berrear, para quejarnos, para levantar los hombros y decir.... Pero, ¿y qué le vamos a hacer?

A veces releo lo escrito y me doy cuenta de que muchas veces caigo en esa trampa. Porque al repasar las columnas de opinión; porque al salir a la calle y escuchar las conversaciones; porque al compartir una cerveza con un amigo; porque al estar en medio de un atolladero en el Anillo Periférico un sábado al medio día; porque cada día, cada minuto, cada segundo repito como mantra esa mugrosa palabra: debería... debería...

miércoles, 3 de julio de 2013

BULLYING: PEQUEÑAS CRUELDADES

De niño tuve algunas riñas con mis compañeros, pero la peor que tuve fue en sexto primaria y contra un niño que le apodaba Mascapiedras. Fue una etapa en la que me daba duro con todo el mundo, no sé, quizá fue una pausa violenta en mi habitual carácter pacífico. Agarrarse a pencazo limpio no es algo agradable. Esa mañana, luego de los respectivos empujones e insultos durante el recreo, todo concluyó con una arrastrada en el campo de fut y con nuestras narices llenas de sangre. Tengo una lesión en el ojo que aún permanece como cicatriz del codazo que aquel niño me dio al botarme al suelo.

El paso por la primaria y la secundaria puede ser un grato recuerdo para algunos. Para otros fue una pesadilla. Tanto la infancia masculina como la femenina están llenas de pequeñas crueldades. Uno sale del círculo familiar y encuentra un círculo más grande. Los niños que sufren abuso por parte de los adultos se vuelven abusadores. El blanco de la rabia infantil suele estar en los chicos más frágiles, los callados, los raros, los aplicados o los orillados al renglón de los “feos”.

La crueldad infantil es un reflejo de nuestras crueldades adultas. En sociedades como la nuestra (donde poseemos un solo derecho: abusar de los más débiles que nosotros) es normal decirle al niño: “Si ese te pegó, volale pija mijo o te cae conmigo” y de inmediato ponemos al infante a decidir acerca de lo peor: enfrentarse al adulto resentido o al compañero de aula que lo cree afeminado. 

En las chicas, salvo drásticas excepciones, la violencia es sutil y dolorosa. Excluir, hacer de menos, marginar. Los hogares marcan que las niñas son adornos para la procreación y el mantenimiento de la especie. De eso que muchas terminan siendo madres antes de salir del colegio. Los prejuicios, la mojigatería, la violencia física y emocional de los padres hacia los hijos son la escuela del bullying. Esas pequeñas crueldades domiciliares, autorizadas y comunes para todos.