miércoles, 4 de diciembre de 2013

LAS CARAS DE LOS QUETZALES

El cajero automático me escupe tres billetes de cien quetzales. Desde el planito documento café (tan apreciado en días de ayuno y de crisis), me observa de reojo un señor de pelo blanco y de rostro triangular que tiene escrito al pie: obispo y licenciado Francisco Marroquín, Defensor de los Indígenas y Creador del Colegio Mayor... al reverso se muestra una vista de la primera sede que tuvo la universidad de San Carlos en Antigua Guatemala.

Nunca desde niño me había detenido a pensar en los billetes. Los rostros graves y mal dibujados que representan el emblema más importante de nuestra economía: el quetzal.
Como un absoluto ignoramus en los temas relacionados a la historia de nuestra moneda, me detengo a pensar dos cosas: la primera, ¿quién eligió a los personajes que llevan ese extraño privilegio de pasar de mano en mano calcados en nuestro billetes? La segunda, si ahora mismo —a la luz de una Historia Nacional digamos que menos manipulada— hiciéramos un concilio para escoger a quiénes merecen el alto honor de representarnos, ¿qué sucedería?

Estoy seguro de que muchos de los rostros incluidos desaparecerían. Pero también se abriría un pasillo de gritos acerca de quiénes son los que merecen el título de “Notables” en ese devenir de acontecimientos que llamamos patria.

Atanasio Tzul, Manuel Tot, Rigoberta Menchú, dirían unos. Pedro de Álvarado, Rafael Carrera, Jorge Ubico, Carlos Castillo Armas, dirían otros. Juan José Arévalo, Jacobo Árbenz, Guillermo Toriello, gritarían desde la esquina izquierda. Y miles de chapines feisbuqueros propondrían a Ricardo Arjona sin parpadear siquiera. También estoy seguro de que un bloque de bienintencionados gestores de la cultura propondrían a Miguel Ángel Asturias a Carlos Mérida o a Rodolfo Galeotti Torres para que fueran incluidos en cualquier denominación.

El debate arrastraría su polémica a una guerra de opiniones de final incierto. ¿Quiénes son los símbolos que nos reúnen?, ¿Cuántas historias oficiales caben en un país pequeño? ¿Existirá un guatemalteco que no sea objeto de alabanza y de repudio en el mismo grado? ¿Existirá un guatemalteco de quien realmente todos nos sintamos orgullosos?

No hay comentarios: