miércoles, 20 de noviembre de 2013

LOS JEFES

Recién dejaba la adolescencia y laboraba como mensajero en la biblioteca del Seguro Social. No tenía dinero para comprarme libros, pero tenía el privilegio de prestar con mi carné lo que yo quisiera... así llegó a mis manos el libro El Muro de Jean Paul Sartre.

Todas las historias contenidas en este libro de Sartre me asombraron, pero una se hizo fundamental: La infancia de un Jefe. El personaje, Lucien Fleurier, es el hijo del dueño de una fábrica; su padre le dicta la terrible sentencia: Llegaste al mundo para ser jefe ¿Sabes lo que significa ser jefe?... El libro trata acerca de cómo Lucien busca dar una respuesta a la pregunta hecha por su padre.


Ahora más que nunca me vienen a la mente las controvertidas reflexiones de los personajes de Sartre. Llegar a ser Jefe significa obedecer a un jefe y ser ese jefe significa estar debajo de otro jefe... todo en una cadena interminable. Ni los mandatarios más poderosos son jefes y dueños de lo que gobiernan. Los altos ejecutivos de las compañías no son más que peones dentro de una escala de jerarquías inimaginables

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Así funcionamos en la colmena del estatus, subiendo peldaño a peldaño una escalera interminable. Recuerdo que devolví este libro lleno de anotaciones al lápiz. Yo posiblemente me sentía como el último de una fila muy grande, sin saber que detrás de mí existían millones y millones.


La fuerza de gravedad que nos hace poner los pies sobre la tierra, es la misma que nos obliga a enfrentarnos tarde o temprano a tal realidad. Pedir un trabajo. Encontrarse o con jefecitos o con jefazos o con uno que otro pobre neurótico que únicamente pide ser llamado licenciado… doctor... Conocer al que no sabe nada y echa a perder todo o apoyar a aquel que admiramos y del que nos sentimos orgullosos.


Así es apreciado lector: no existen los jefes que pasen por nuestras vidas sin dejarnos, para bien o para mal, sus huellas en nuestros actos. De todos y de cada uno se aprende o la virtud o el engaño

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