miércoles, 13 de noviembre de 2013

LA BANALIDAD DEL MAL

“Comprender no significa perdonar”. La frase es de Hannah Arendt dirigiendo su mirada a una audiencia que estaba apunto de abuchearla. El motivo: la publicación de un extenso artículo en la revista The New Yorker en el que da su apreciación acerca del juicio y ejecución del Teniente Coronel de las SS Adolf Eichmann en Jerusalem.

Arendt no está convencida de que el oficial nazi tenga plena consciencia de los hechos que le imputan y plantea que el militar no era más que un burócrata cumpliendo órdenes, un lacayo al que la necesidad de trepar dentro de la política le había quitado lo más importante que posee un ser humano: su capacidad de razonar y decidir. La filósofa alemana de ascendencia judía deja caer una frase contundente: Los peores males de la humanidad han sido cometidos por don nadies.

Hannah Arendt, la más reciente película de la directora alemana Margarethe von Trotta, es un poema a la coherencia y la dignidad intelectual. Los amargos días que le toca vivir a una controvertida pensadora que no se deja obnubilar por los banales juicios de aquellos convencidos de que muerto el perro se acaba la rabia. Ni los chantajes de los periodistas ni el alejamiento de sus amigos ni la marginalidad académica lograron hacerla desistir. Este magistral largometraje nos propone la claridad del pensamiento y la honestidad ante una época de coacciones e incoherencias.

La Banalidad del Mal (el artículo de Arendt) que expone que la maldad no es un episodio, sino una constante. Que aquellos que encarnan la maldad absoluta son títeres de sociedades que los encumbran. Que todo lo que permanece luego de “la caída del ídolo” es en realidad el origen de cada ciclo de destrucción. Que darle un valor simbólico a la justicia, no sirve de nada, si debajo permanece aquello que la genera. Una película que merece ser exhibida y discutida en Guatemala. Especialmente dedicada a todos los “convencidos” que tienen el lujo de ser únicamente espectadores del dolor y de la barbarie.

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