miércoles, 24 de julio de 2013

NUESTRA VERSIÓN DE LA REALIDAD

Mi agenda, día 17 de junio 2013, segundo renglón y subrayado: “La conversación durante la cena me dejó pensando, creo que sería fundamental convocar a una reunión donde cada quien aporte su punto de vista y donde la única prohibición sea censurar, aludir, criticar o arremeter contra quien tenga sus diez minutos de exposición”.

Una cena de amigos derivó en eso: ¿Qué sucedería si creáramos un método de doce pasos (como los aplicados por los Alcohólicos Anónimos y N.A.) que se abra para iniciar un diálogo acerca de cómo soportarnos los guatemaltecos? Un espacio de tribuna donde cada quien hablara de sí mismo, de su pasado, de su ideología, de sus valores, de su postura religiosa frente a temas como la homosexualidad, las drogas, el aborto... ¿Qué sucedería si tuviera diez minutos para plantearlo desde nuestra versión de la realidad, mientras escuchamos en un silencio respetuoso y sin lanzarnos los platos? 

Meditaba en esto el fin de semana cuando vi mi librero. Lo que tengo en mis libros favoritos está subrayado y marcado hasta en el más mínimo borde. Creo que si un día alguien quisiera leer algo mío, encontraría más anotado en las páginas de mi biblioteca que en mis cuadernos o en mi computadora. El tema es que entre los textos más leídos tengo El Hombre Rebelde de Albert Camus y las cartas de Antonio Gramsci. Recientemente añadí: El nuevo intelectual de Ayn Rand yRedentores –genial colección de biografías de los caudillos culturales de América Latina– escrita por Enrique Krauze. Todos magníficos tratados acerca de uno del trabajo más menospreciado en nuestro país: pensar. 
Desde distintas posturas ideológicas, estéticas y vitales, estos autores coinciden en algo: la tolerancia ante quien expone sus ideas y no ante quien las impone. Como sucediera en cualquier grupo de autoayuda, es imposible reconocer lo mal que estamos si no es escuchando y hablando... pero en orden y respetando puntos opuestos, siempre y cuando ninguno se atente contra la verdadera libertad de expresión validándose de lo de siempre: el poder económico y el chantaje.

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