miércoles, 19 de junio de 2013

QUITO

Durante una semana estuve en Quito como invitado para el Encuentro de poetas Paralelo Cero. Debo decir que mi visita a Ecuador me dejó gratamente impresionado. En pocos días fui testigo del florecer de una nación que con sangre, sudor y lágrimas ha construido una verdadera ciudadanía. Un estado que funciona, un enorme capital social y una economía floreciente son visibles por todos lados. Un país digno, poblado de un sano amor por su identidad indígena y mestiza. Un presidente joven al que todos llaman por su nombre. 

Me tocó ver las filas de muchachos que, con su camisola amarilla, iban al estadio nacional para aplaudir a su selección que jugó contra la de Argentina, dos días previos a que los guatemaltecos aplaudieran y quemaran cohetes a cada gol que nos metía Lionel Messi: algo deprimente, sintomático y miserable desde mi punto de vista. También fui testigo de sus museos y de la madurez identitaria de sus pueblos indígenas. Una ciudad segura, llena de gente amable, llena de esperanza y de ternura. 
Es difícil volver adonde uno tiene el corazón, pero donde todos los caminos permanecen cubiertos de maleza. Es difícil volver a una Guatemala y leer declaraciones indignantes de funcionarios de Estado; ver cómo brotan leyes estúpidas relacionadas con el tener o no tener perros de “raza violenta”; o escuchar los comentarios vacíos de esperanza del ciudadano cuya única meta es terminar el día sin una bala en la cabeza. 

Esperanza, ese es el dedo en nuestra llaga. No hay esperanza sin responsabilidad. Las naciones no se construyen desde arriba, eso lo pude comprobar durante mi corta estadía en Quito. Los guatemaltecos no asumimos la responsabilidad de fabricar nuestra propia esperanza y por esa razón no vemos los senderos. Esperamos que surjan liderazgos fiables, como anhelan los náufragos la llegada de un barco, pero no llegan porque la gente honrada está encerrada en sus trabajos luchando por sobrevivir y porque los politiqueros ya están cabales. No cabe duda que la tenemos cuesta arriba, pero todo largo camino empieza con un paso, ¿estamos dispuestos a darlo?

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