miércoles, 22 de mayo de 2013

GUATEMALA: TEOCRACIA DE LA OBEDIENCIA


Una teocracia es un gobierno donde uno o varios dioses dirigen una nación a través de sus líderes. Los líderes son aquellos seres predestinados para recibir telepáticamente las directrices morales que guiarán a su pueblo. Directrices que ponen como base y fundamento la conservación intacta de los valores religiosos, entiéndase, los predicados espirituales relativos a la economía y a la acción política. 
Seguramente, amigo lector, usted debe estar pensando: ¿Dé que “”##%%&& está hablando este loco?¿Ahora pretende dar algunas nociones de antropología? Nada más lejano a mis intenciones, le aseguro. 

Desde hace un tiempo he comenzado a escribir notas para un posible libro relacionado con el movimiento cultural guatemalteco de los últimos veinte años. En un foro acerca de arte contemporáneo, Ángel Poyón, un joven artista y gestor cultural de San Juan Comalapa, nos daba un curioso dato relacionado con las actividades que realizan en su municipio, … a la gente de Comalapa les gusta que pongamos cine del que hacen en Irán, porque les recuerda mucho a nuestro pueblo y a sus problemas. Tal aseveración no ha dejado de darme vueltas en la cabeza. 

Ante la división ideológica escandalosamente visible que tiene Guatemala en este momento, uno no puede más que pensar que el comentario de Poyón puede aplicarse a todo el país. Al igual que el dogmático Irán de los años ochenta, los guatemaltecos parecemos una suerte de teocracia consumista y cristiana. Nuestros líderes políticos y empresariales ante las cámaras me recuerdan en mucho a los ayatolas o a los Gaddafis que defendían sus posturas racistas y antioccidentales. Es preocupante que los sectores más reaccionarios del país ahora comiencen a hablar de “intervención extranjera” y demás. Tal pareciera que no podemos darnos cuenta de que los ojos del mundo están puestos sobre nosotros luego de que comenzaron a volver los fantasmas del conflicto armado. 

Somos una teocracia sin dios. La única deidad que mueve a este “pueblo” es la obediencia ciega. Obediencia ciega a los añejos patrones heredados de racismo, de mercantilismo y de falsa moral religiosa.

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