miércoles, 8 de mayo de 2013

BANANOS Y CEREBROS


Uno de los relatos más fascinantes del escritor  Augusto Monterroso advierte: 

 Lo único positivo que los gobiernos dictatoriales de Hispanoamérica han hecho por esta región es expulsar cerebros. A veces se equivocan de buena fe y expulsan a muchos que no lo merecen; pero cuando aciertan y destierran a un buen cerebro están haciendo más por su país que los Benefactores de la Cultura, que convierten a los talentos de la localidad en monumentos nacionales incapaces de decir una frase o dos que no se parezcan peligrosamente al lugar común o, en el mejor de los casos, al rebuzno, que, viéndolo bien, no ofende nunca a nadie y a veces puede incluso embellecer la caída de la tarde.  

Este párrafo pertenece al relato la exportación de cerebros del libro Movimiento Perpetuopublicado en 1991. Con sabia ironía, Monterroso  celebra que los gobernantes y que los empresarios de nuestros tristes trópicos  sigan exportando bananos, porque los cerebros que se van ya no vuelven a nuestras provincias. Aquí pensar siempre nos duele. Aquí pensar siempre nos amarga. Aquí pensar siempre nos aísla. Aquí pensar siempre nos condiciona a buscar ese trocito de espejo que pueda reflejarnos. 
Las noticias: declaraciones de altos funcionarios que no corresponden a personas con el mínimo de inteligencia requerido para atarse los zapatos. Políticos listos (pero nada cultos) cuyas ocurrencias discursivas no  rebasan las frases  más célebres de Chespirito o de Cantinflas. Gente que en pleno siglo  veintiuno abandera militancias congeladas hace treinta años en la Guerra Fría. Templos cristianos que superan por una decena de veces al Centro Cultural Miguel Ángel Asturias... 

Ante tanta sórdida demagogia y ante  tanta moral de gritos, parece realmente inútil el uso del cerebro para vivir en Guatemala. Pero es tan triste saber que irse es tan malo como quedarse sin  hacer algo que cambie tal estado de cosas. No se trata de odiar la ignorancia en los demás, sino a la ignorancia  que nos rebasa. El presente es lo único que podemos reescribir a nuestra voluntad. 
Usted llegó hasta esta línea (sonrío), hoy  asoma la esperanza.

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