miércoles, 17 de abril de 2013

EL NEGOCIO DE PERDER


A la otra esquina de la imagen nutrida por aplausos del vencedor, una sombra baja del ring y se dirige a los vestidores. Escupe sangre encima del lavamanos, observa los moretones bien sellados en su rostro y levanta un sucio trozo de hielo para bajarse la tremenda hinchazón que tiene en los ojos. Veinte minutos después llega su trajeado representante para felicitarlo por la transacción de dinero que acaba de ser transferida a su cuenta bancaria. Ha dado felicidad a tantos apostadores, a tantas cadenas de televisión deportiva, a tantos corredores de bolsa... su fracaso llenó tantos bolsillos, pero lo único que viene a la mente del boxeador vencido acaso sea dilapidar su nueva fortuna en cualquier cosa que le garantice olvidarse de los viejos tiempos. El campeón pasó a la historia, ahora se puede ganar más dejándose vencer. Lo comprende.

Desde una cómoda sala y frente a un enorme televisor de pantalla plasma, el pequeño candidato observa los resultados. Siempre lo supo, este no es su momento. No cuenta con la base política ni con el derroche de millones que le hicieron llegar los acaudalados financistas de los dos partidos que cerraron la contienda. Su papel —desde el primer instante lo supo— es el del modesto candidato divisor de votos. Siempre existirá una alianza. Siempre existirá un negocio. Siempre cabe la oportunidad de apoyar a los bandos en disputa. Triunfar en política no siempre es ganar. Perder, no siempre es dejar de ganar. 

Tecleo en GoogleGuillermo (el Pando) Ramírez. De inmediato saltan todo tipo de insultos y menoscabos. Los jugadores señalados de amañar partidos, aparentemente, son los seres más odiados en Guatemala. Futbolistas que hoy día enfrentan las acusaciones de haber comerciado con la derrota de la Selección Nacional. Según la mayoría de los guatemaltecos son “ellos”, y nadie más, los únicos culpables de que nunca “acariciemos el sueño” de llegar dignamente a un mundial. 
Tal parece que perder bien, es lucrativo y poco desgastante. No hay negocio tan seguro como el fracaso. Corromperse no es únicamente hacer, es también permitir, es también renunciar.

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