miércoles, 10 de abril de 2013

CUIDADO CON LA IMAGEN


De un tiempo acá se han dado ciertas reivindicaciones acerca de la imagen “chapina” que puede proyectarse tanto en la publicidad de una empresa vendedora de ropa de reciclaje, como a través de comerciales de una marca de boquitas o a partir de dos libros que compilan los modismos más comunes usados por los guatemaltecos. Imágenes vagas para una explotación de la nostalgia. Un fenómeno interesante.

Es curioso –si no ridículo y aspiracional– esperar que las viejas perversiones publicitarias con modelos caucásicos de vientres planos sean tan vigentes hoy como antes. El eterno sueño de internacionalizar nuestra imagen adaptándola al canon de comercialmente correcto; ensoñaciones de aeropuerto que, al tomar distancia del espectáculo, nos muestran a una sociedad que aún participa del juego del salvaje vestido de civilizado. Estoy seguro de que con el tiempo esa publicidad tan lóbrega que decora las vitrinas de los malls y las vallas de nuestra ciudad, quedará en la memoria como una mera curiosidad de este presente.

La imagen nos canibaliza. La imagen nos estafa. La imagen es un problema. 

En una entrevista que leí hace años, se le preguntaba al dueño de una cadena de tiendas de ropa (muy popular por ese entonces en Guatemala) acerca de qué opinaba de la moda. Recuerdo que aceptó no saber mucho acerca de la moda y que no leía revistas especializadas en el tema; respondió lacónicamente “yo grabo las telenovelas”, porque en estas hallaba representadas todas las aspiraciones de sus clientes. Tal documento me sorprendió, pero me simplificó la razón que mueve a una madre a pintar el pelo de rubio a su hijo morenito. Hasta hace poco la Cédula de Vecindad decía que algunos teníamos la tez blanca, cuando en realidad todos somos mestizos, por más que insinuemos poseer un inocuo abolengo.

Ojalá que estos tiempos de redes sociales y de arte emergente en nuestro país (cine, sobre todo) hagan surgir la posibilidad de una imagen propia: una en la que podamos ver nuestro reflejo o algo más difícil aún, aceptarlo tal cual es.

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