miércoles, 13 de febrero de 2013

VOLVER Y ENSEÑAR


Aunque Borges se refiere a que no debemos volver al lugar donde fuimos felices, ahora lo pienso bien y creo  que esta sentencia no es aplicable a todo en la vida. Vivir es largarse muy lejos y después volver exactamente a los mismos sitios. Los lugares habrán cambiado, pero no  habrán cambiado tanto como nosotros mismos.

Sucede que vuelvo a una de las pasiones de mi vida: dar clases. Enseñar es aprender. Jean Jacques Rousseau nos dice que el maestro es quien tiene el poder de robarse el corazón de sus alumnos. No existe conocimiento verdadero que no sea una pasión compartida. De mi etapa de catedrático de secundaria quedan recuerdos intactos: sonaba el timbre de la hora del recreo y los chicos se quedaban conmigo discutiendo acerca del Infierno en la Divina Comedia. ¡Pueden imaginarlo! 
Uno no puede enseñar lo que no le apasiona. Cuando se habla del fomento de la lectura y lo importante que es impulsarla entre los niños, pienso en lo contrario. Lo más importante es hacer que los adultos-maestros-padres lean. Porque entre más analfabetos sean los maestros –juro que los hay y que abundan (he sido testigo)– habrán de crecer generaciones y generaciones de ignorantes que solamente vendrán a engrosar las filas de masas laborales obnubiladas por la religión del consumo y de las telenovelas.

Con un grupo de amigos artistas estamos iniciando un curioso experimento: una Escuela Libre de Arte. Nuestra intención es  acercar la creatividad y el interés por la cultura, tanto a personas ajenas a estos círculos, como a los colectivos de artistas emergentes. Por otro lado tendré el privilegio de dar un curso acerca de Literatura y Cine en la Escuela de Cine Casa Comal.

Ahora pienso en el grave conflicto generado por lo que han llamado Reforma Educativa: ¿Será que el Ministerio de Educación agregó un mínimo de calidad a la suma de años y cursos a impartirle a los  estudiantes del magisterio? ¿O será  más de lo mismo solo que durante más años?

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