miércoles, 16 de enero de 2013

MILITANTES DE LA NADA


Un rápido sondeo por las redes sociales nos da, en unos cuanto minutos, miles y miles de razones para escribir. Tal vez por ello la Internet se vuelve tan adictiva para los escritores y los periodistas. Páginas en Facebook, cuentas en Twitter, buscadores especializados: hoy en día, todo y nada son un tema.

Las generaciones de las décadas del cincuenta, sesenta y setenta fueron el asidero para todo tipo de militancias. Unas progresistas, otras nacionalistas; algunas abrieron las puertas al respeto de los derechos civiles, otras ampararon abyectas dictaduras; fue tanto el inicio de un movimiento hedonista-sicodélico en masa, como la chispa generadora de los movimientos religiosos fundamentalistas más extremistas e intolerantes. Ese residuo de amalgamas fue lo que nos heredaron las últimas generaciones del Siglo Veinte. Esa identidad basada únicamente en cuán radical puede ser una militancia y hasta qué extremo puede ser llevada.

Las militancias de la nada son aquellas que hoy afloran por todos lados. Todo tiene un nicho de mercado. Todo, cualquier idea por vesánica o incomprensible que sea, adquiere de inmediato una legión de fanáticos. Lady Gaga no difiere en nada del predicador mediático, el público de ambos coincide en algo: el que está arriba del escenario es un ungido, un enviado. Los grupos nacionalistas de izquierda tienen tanto en común con los separatistas de derecha, que no encuentro el motivo por el cual no han llegado a una alianza lucrativa para ambos. La diferencia entre un activista radical y un conservador de hueso colorado es apenas mínima. Entre todas estas polaridades sobrevive la tribu, el caudillo, el milagro y la guerra santa.

Ante tales cosas, lo más difícil de este tiempo es ser uno mismo. Tener ideas propias. Cuestionarse las premisas y los dogmas recortados como plantillas para rotular una pared. Ante tales cosas, lo más difícil es ver hacia adentro y encontrar a una persona libre. En algún ensayo, Borges prescribe que detrás de cada militancia existe el deseo muy oculto del fracaso. ¿Usted qué opina?

1 comentario:

Rodrigo Gaete Gaona dijo...

Opino que dentro de todo la contradicción humana nos lleva a militar o no, dentro o no de una estructura definida es así, también existen aquellos que no militamos en ningún lugar por la idea sobrevalorada de que la capucha, el anonimato, nos convierte en una especie de héroes... y es igual de triste como el sujeto que busca llegar a una vocería.

El problema concurre, cuando no vemos que estamos equivocados, no por escoger entre uno u otro (militar o no) sino que al no saber situarnos en el tiempo correcto y defendemos ciegamente "nuestra idea", la verdad es que no existen nuevas ideas, sino formas de aplicarlas...