miércoles, 9 de enero de 2013

FARENHEIT 451


Jamás fui testigo de una quema de libros y me siento afortunado. Mal que bien, los guatemaltecos hemos entrado con paso forzado al Siglo Veintiuno, algo que no ha dejado mucho espacio para esa folclórica intolerancia y esos constantes anhelos inquisitoriales que caracterizan lo peor de nosotros. Mal que bien tenemos esa dichosa libertad para leer, para escribir  y para escuchar lo que nos dé la gana. Mal que bien nuestra democracia sui generis –tan frágil como un castillo de cartas– garantiza que un columnista pueda expresar su opinión sin atavismos y no termine en un barranco, torturado, sin ojos y  con un tiro en la cabeza… como sucedió en nuestra época más oscura.

Recién terminé la compilación de ensayos de Huberto Alvarado titulado “Preocupaciones”, libro que me dejó deslumbrado. Acaso el primer estudio que apunta hacia la cultura (entiéndase Arte) como un motor fundamental para el desarrollo social en Guatemala. Una introspección profunda acerca del costo que tiene la ignorancia en nuestro país. Esas oportunidades negadas que vamos heredando los guatemaltecos al permitirnos el analfabetismo laborioso que nos deja completamente aislados del presente. El prólogo, escrito por mi querido Jaime Barrios Carrillo, pone al autor en contexto: escritor y funcionario durante los gobiernos de Juan José Arévalo y Jacobo Árbenz, realizó un detallado análisis acerca del derecho a leer en un país amaestrado por siglos de pensamiento colonial. Alvarado seguiría con sus reflexiones luego de caído el régimen de Árbenz y terminó sus días de forma horrible en manos de los sicarios asalariados de la represión gubernamental de la década del 70.

El derecho a leer y a expresarnos. El derecho a hacer y reinventar nuestra cultura. Ese derecho vedado por la intolerancia y  que gracias a la reedición de libros como este podemos hallarle un precedente. Separando las ideologías y los nacionalismos aberrantes, se hace imprescindible que rescatemos esas propuestas cristalinas que puedan llevarnos a una sociedad más abierta. Una cultura de personas libres y no de ignorantes y fanáticos. 

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