miércoles, 28 de marzo de 2012

PREDICCIONES PARA SEMANA SANTA

Quizá los guatemaltecos deberíamos tener dos o tres semanas santas al año. Lo digo por esa extraña mezcla de desfile bufo, fervor religioso, turismo alcohólico y fertilidad adolescente que tienen estas fechas. Efusiva desesperación de ciudadanos que sienten el fastidio y la muerte como algo rutinario.


Todo comenzará el viernes previo, cuando la mayoría de empleados que laboran en el Centro salgan a almorzar y se encuentren con los agradables encapuchados de la Huelga de Dolores que les pedirán, de forma cortés y voluntaria, si es posible dar unos cuantos saltos en la cuerda para hacer reír a los espectadores. Luego un compañero vestido de mujer seducirá a uno de los presentes y otro compañero, disfrazado de militar lo pondrá a bailar el “meneaíto” pero con una letra que dice algo más o menos así: mareros huecos los vamos a matar, el pueblo ya no aguanta más.

Nuestra Semana Mayor continuará el Lunes Santo, cuando los vecinos preparen las alfombras durante toda la noche, platicando y colaborando con personas de la cuadra a quienes habitualmente evaden el saludo. Una linda tradición familiar que tendrá su recompensa cuando por las estrechas calles de la Ciudad se luzca nuestra imponente imaginería barroca. Andas de gran majestuosidad que son acompañadas de cerca por vendedores de algodones, equipos de limpieza de Tu Muni y los malhumorados guardaespaldas de los penitentes con mayores recursos.


Al mediodía del Miércoles Santo será imposible salir por la Calzada Aguilar Batres. Porque pasadas las tres de la tarde una horda de capitalinos pondrán sus mochilas y grabadoras sobre la arena negra del puerto. Para entonces ya estarán dispuestas torres de bocinas con reguetón y chicas sexys que, entalladas en minúsculas licras rojas, darán la bienvenida a las familias debajo de un enorme logo inflable de cerveza. Los niños se irán directo a jugar en la arena, las madres a cocinar la cena, los papás se prepararán las primeras cubas con el gordito que traen entre las sábanas y las parejas adolescentes buscarán un lugar escondido para darse una prueba contundente de amor.



miércoles, 21 de marzo de 2012

MACONDO

Alan Pauls, en su libro “El Sitio de Macondo y el eje Toronto Buenos Aires”, rotula a las actitudes de los países latinoamericanos,mitad provincias medievales y mitad urbes globalizadas, como macondismo. El autor hace alusión a una de las obras maestras de la literatura escrita en español: Cien Años de Soledad del colombiano Gabriel García Márquez.
Dejando de lado el extemporáneo culto por la obra de García Márquez, aquella novela publicada en 1967 acertó en el clavo al poner a Latinoamérica de cuerpo completo, inserta dentro un pequeño pueblo llamado Macondo.
Macondo es esa provincia donde confluye todo el universo cultural de sociedades como la nuestra, repleta de seres que, ingenua y tardíamente, van abriéndose camino por un mundo que avanza más rápido que sus miedos religiosos, que sus delirios políticos y que sus intolerancias.

Los guatemaltecos padecemos un macondismo agudo cuando se trata de ver una amenaza en cualquier cambio generacional. Algo sumamente visible al encontrarse con argumentos ideológicos aberrantes que se exhiben en cosas tan triviales como bautizar un paso a desnivel con el nombre de un dictador; polemizar en los medios respecto a la explotación nacionalista de un refresco; usar el sarcasmo para ningunear a los artistas contemporáneos guatemaltecos más destacados; bautizar estudiantes universitarios de forma humillante; o encontrarse con el miserable dato de que son los libros y las revistas los artículos que menos se consumen en el país.

Evidentemente la tecnología es lo único que evoluciona en estos macondos centroamericanos. Podemos convivir con teléfonos satelitales, pero seguir inmersos en la más profunda incomunicación con el mundo. Podemos tener doscientos canales de televisión, pero seguir babeando como borregos frente a los programas de cámara escondida o en los Latin American Idol. Tenemos la capacidad de elegir en la biblioteca más grande,el Internet, pero vamos a escoger siempre la información más superficial y sin contenido. Es precisamente ese cerco de ignorancia lo que nos convierte en la más remota periferia.

miércoles, 7 de marzo de 2012

TASSO

Nunca tenemos pláticas triviales. Casi siempre me ve a los ojos y tiene un comentario que me hace sonreír. Desde que conozco a Tasso Hadjidodou nuestros encuentros van más o menos de esa forma.

Con Tasso coincidimos en los mismos lugares. Está en un concierto de la Sinfónica, en la presentación de un libro, en una exposición retrospectiva o en una reunión para organizar algún festival. Es un invaluable acompañante del arte guatemalteco. Lo conocí en 1998 precisamente en una de estas circunstancias.

Cada lunes asistía con mi esposa y un par de amigos a la Alianza Francesa para ver cine clásico. Las proyecciones se hacían para el pequeño grupo de espectadores que llegábamos a las seis de la tarde a esa vieja casona del Centro. Aquella tarde no encontramos ninguna película, encontramos una cafetera encendida y una canasta con champurradas, una mesa al fondo del salón y un micrófono. Se trataba de la primera reunión para organizar el Festival del Centro Histórico. Las personas encargadas de explicar el proyecto eran el escritor Max Araujo y Tasso. No podría describir cómo, pero de un momento a otro ambos incluyeron al grupo de artistas jóvenes, al cual yo pertenecía, en el programa de actividades. Así fue como surgió el equipo de Arte Urbano, una fuerza creativa emergente que invadió las calles de la zona 1 durante el mes de agosto del noventa y ocho. Mucho de lo realizado por nosotros recibió el apoyo de estos invaluables gestores culturales; ellos vieron en nuestra propuesta la posibilidad de traer nuevo aire al medio artístico sobreviviente del exilio, de la persecución y de la debacle de la guerra. Fue en una curiosa presentación de mi primer poemario, donde Tasso comentó el texto junto a mis amigos del grupo La Tona en un mismo performance.

Tasso ha recibido varios homenajes, incluso tiene una curiosa estatua en la Sexta Avenida. Merecidos reconocimientos para un hombre generoso. Es reconfortante saber que en esta sociedad tan afectada por contradicciones y resentimientos, exista la posibilidad del afecto y de la gratitud para una persona que durante décadas ha servido a la cultura de nuestro país. Que a sus noventa y un años, siendo griego, belga y francés, siga escribiendo y acompañando nuestras ideas, lo convierte en un ejemplo para los guatemaltecos de esta y de las generaciones por venir.