miércoles, 7 de noviembre de 2012

CLINT EASTWOOD

Envejecer como Clint Eastwood no es para todos los mortales. Siempre lo pienso luego de ver sus películas actuales y precedentes. Ser un artista de 82 años, con un cine lleno de referencias a  ideas conservadoras (que  paleolíticos censores ideológicos calificarían de “derecha”) y mantenerse vigente dentro del infantilismo hollywoodense... es algo extraordinario. 

Sucede que el mundo de Eastwood no tiene tiempo. Sus películas carecen de retórica, no son meros discursos políticamente correctos, no son planteamientos hipócritas de cara al mundo actual. Río Místico (Mystic River), Un Mundo Perfecto, Million Dollar Baby, Gran Torino y recientemente J. Edgar refieren a una sociedad estadounidense llena de contradicciones. Casi todo su trabajo como director nos empuja hacia una reflexión-tratado acerca de la Norteamérica actual y de sus aparentes libertades, una aspiración sostenida, hoy por hoy, únicamente por los discursos moralistas de sus políticos —no muy distintos a los movie star prefabricados por la industria del entretenimiento, tan , pero tan distantes de esa ética funcional que convierte a un gobernante en un símbolo de dignidad y de  justicia democrática. 

Quizá el secreto para mantener la esperanza en el mundo actual —con todo y sus principios desechables— radique en apartarse de sus obsesiones cambiantes. Vivimos una época que falsifica la madurez, que hace que se desgasten y se deterioren sus valores, sus héroes, sus espectáculos y sus tragedias frente a una masa espectadora sin opinión y sin acción crítica. El mundo de los  viejos  es aquel que se enmudece o se resguarda tras el palabrerío inocuo de los “limpiadores de conciencias” y no el de aquellos fieles a sus personales acciones por mejorar la vida de las generaciones que vienen. 

Es necesario leer el presente en todo. A veces queda más en nosotros luego de ver una película de un director actual, que luego de leer un libro de un celebrado autor “actual”. Lo importante es hallar eso que nos devuelve el milenario  interés humano por entender y por profundizar en los seres y en las cosas.  

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