jueves, 25 de octubre de 2012

CIEN AÑOS (EN DIRECTO)


Nuestra historia patria puede medirse por distintos siglos de soledad. Soledades que se arriman a todo sueño reformista, sueños que se terminan y con ellos aniquilan a generaciones completas de ciudadanos marginándolos de cualquier esperanza. Así fue construida la jarra de cenizas ideológicas de este presente.

Quizá el recuerdo más claro de mi infancia en Guatemala sea la imagen de la intolerancia. Pertenezco a la primera generación chapina que vivió los acontecimientos históricos por televisión. La memoria no me falla: una borrosa fotografía del Palacio, el sonido de la marimba y la voz en off de un locutor pidiendo a las cadenas nacionales aunarse al sistema informativo oficial tras un golpe de Estado; o tal vez los delirantes discursos moralistas del domingo por la noche pronunciados por un alucinado caudillo  evangélico de facto; o el  registro en video de una incipiente democracia guatemalteca que asomaba  en la imagen de Vinicio Cerezo,  el  primer presidente guatemalteco sin uniforme militar que vi en mi vida. 

A la fecha nuestra pupila llegó a almacenar tantas imágenes de policías golpeando, tantas imágenes de  manifestantes incendiarios y de funcionarios  cínicos y presos... que creo que los guatemaltecos construimos un testimonial político  gracias a esa memoria televidente.  Puedo decir que la muy pobre educación ciudadana del guatemalteco se inicia a partir de lo que observa en la TV.

Cinco siglos de historia caben en una sola imagen. En cada muerte simplificada que aparece en un noticiero –mientras una familia comparte su cena– podemos comprender el peso enorme de vivir en una nación construida sin consenso, sin participación ciudadana, sin diálogo, sin empatía por el otro. Hoy en día, la memoria es una extraña, presente y sutil presencia que afecta a todos, pero no preocupa a nadie. 

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