miércoles, 1 de agosto de 2012

PANTALLA DEL MUNDO PRESENTE


Extraño mundo presente. El público corre despavorido porque un loco, James Holmes de 24 años, irrumpe en el estreno de la última secuela de Batman "The Dark Knight Rises" con un fusil de asalto, una escopeta y dos revólveres. Dispara a la multitud, mata a 12 personas, hiere a más de medio centenar.

Extraño mundo presente. Holmes no pudo incorporarse a la legendaria Asociación Nacional del Rifle (una noble aspiración para cualquier televidente que digiere todos los programas para amantes de las armas que pasan en History Channel) porque es un tipo repulsivo, un raro con pelo teñido de anaranjado y con apariencia de drogadicto. Alguien que dista mucho del marine controlado, normalmente bélico y macho. Éste pobre diablo es un desequilibrado de tantos, un nerd, un inadaptado, otro de esos adultos melancólicos que sobrevivieron a una infancia solitaria frente al televisor mientras sus padres trabajaban.

Extraño mundo presente. Los fanáticos de la versión cinematográfica de Batman de Cristopher Nolan, sufren las consecuencias de los trastornos de este loco. Un tipo que vestido como el Joker, popular enemigo del hombre murciélago, arroja a la audiencia una bomba de gas y le dispara indiscriminadamente. La gente real cae muerta en los graderíos del cine.



Extraño mundo presente. En la pantalla la muerte se ve tan bien: las explosiones, los helicópteros cayendo en llamas, los balazos... pero cuando uno paga la entrada para ver una película en 3D que ofrece aparatosos efectos especiales de este tipo, uno no espera esa realidad dolorosa. La realidad que no tiene nada glamour, la realidad sin héroes vestidos de negro, la realidad sin gente linda que antes de morir dice palabras inspiradoras.



Extraño mundo presente. Queremos el espectáculo de la muerte, no encontrar la muerte en el espectáculo mismo. Otros deben ser los que sufren. Los protagonistas de los titulares de prensa siempre deben ser los otros. Así es como la vida transcurre en la pantalla del mundo presente. Pero aún con las tragedias, ya sabemos, el espectáculo siempre debe continuar.


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