miércoles, 4 de julio de 2012

HÉROE DE CLASE O.


Sabino Esteban es uno de los más talentosos poetas jóvenes de Guatemala, lleva publicados dos libros imprescindibles para entender nuestro presente literario, actualmente se gana la vida como maestro de primaria en una escuelita en Huehuetenango.

Wilson Espinoza escribe aforismos, sabe de memoria fragmentos de Así hablaba Zaratustra de Friedrich Nietzsche y quiere compilar sus anotaciones acerca del filósofo en un libro: Wilson, desde muy temprano, recorre la ciudad en el camión recolector de basura donde labora.

Antonio Pichillá, importante artista visual tzutuhil, recientemente su obra ganó la única mención de la Bienal Continental de Artes Indígenas en México: Pichillá se dedica a ser guía espiritual en San Pedro la Laguna.

Eduardo Juárez, uno de los novelistas más originales que hay en Centroamérica, autor de la crónica más honesta de la marginalidad en Guatemala: es maestro de inglés en un colegio de la capital.

Washington Chicas autor de relatos y ensayos, lector de Julio Cortázar y de Augusto Monterroso, ha ganado varios certámenes literarios en provincia, a la fecha estudia un profesorado en lengua y literatura los fines de semana: trabaja en la Policía Nacional Civil.

Cuando trato de comprender nuestro presente, pienso en ellos. Esa maravillosa circunstancia de creer, en un país donde lo único que sabemos es condenar. No cabe duda que un asesino guatemalteco tiene más prensa que un talento emergente. La popularidad de los criminales viene junto al asco que provocan. Pero cuando se trata de hablar de lo que brilla en lo marginal y en lo sencillo, todos fijamos la vista hacia otro lado. Quizá porque esperamos que algo importante surja de los espacios inútiles donde hemos puesto nuestra fe. Quizá porque de tanto ver hacia abajo o hacia arriba, nunca vemos alrededor. Quizá porque ser un genio y nacer sin “beca”, es más difícil en Guatemala. Quizá porque es algo que pocos entienden, decidí escribir sobre esto.

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